40 años del primer comité de cuenca

Hoy se cumplen 40 años de la firma del “Programa único de habilitación de áreas de riego y distribución de caudales del río Colorado”, tal cual reza el título del acuerdo, más conocido como Tratado del Colorado. Por él las provincias de Mendoza, Neuquén, Río Negro, La Pampa y Buenos Aires llegaron a un acuerdo sobre la forma de distribución de los caudales de aquel río patagónico en lo que constituyó un hecho sin precedentes en la historia nacional.
No fue un proceso sencillo; lo precedieron varias reuniones de gobernadores con sus equipos técnicos, a los que se sumó el aporte del gobierno central de la Nación en la búsqueda de conciliar los intereses de todas las partes. La iniciativa de la primera de esas reuniones correspondió a nuestra provincia y de entrada quedó en evidencia la postura discrepante de Mendoza que pretendía para su exclusivo provecho un elevado porcentaje de caudales del río Grande, principal afluente del Colorado, porque ese curso se encontraba en su territorio.
Pero felizmente se impuso el criterio de ecuanimidad y desarrollo armónico, considerando especialmente que esas aguas impulsarían el crecimiento de áreas de marcada desertificación y argumentando un indiscutible interés en cuanto a la necesidad de integración del país. Un componente sobresaliente del acuerdo fue la idea de complementariedad entre los ríos Colorado y Negro, aprovechando parte del gran caudal de este último con un trasvase al otro. Sin embargo esa buena idea continúa postergada y sin poder avanzar en virtud de algunas decisiones políticas que se adoptaron luego de la firma del tratado, aunque continúa vigente en la letra -y el espíritu- del documento.
También es digno de destacar que la creación del Comité Interjurisdiccional del río Colorado (Coirco) constituyó la concreción del primer organismo de cuenca del país y, con él, la aplicación de un concepto imprescindible a los recursos hídricos compartidos que, en los hechos, vino a reforzar la postura argentina en el orden internacional. El ejemplo fue imitado después sobre otras cuencas interestaduales, aceptándose en la actualidad que el sistema constituye una herramienta indispensable para alcanzar un manejo armónico de los recursos hídricos comunes.
El tratado prevé una reunión anual de los gobernadores de la cuenca junto con el ministro del Interior, aunque esta disposición, lamentablemente, hace varios años que no se cumple, delegándose la resolución de los problemas en los delegados provinciales. Sin embargo la gravedad de algunas cuestiones amerita sobradamente el encuentro periódico de los mandatarios. Dos son los asuntos más necesitados de solución por el momento: la negativa de la provincia de Río Negro a trasvasar los caudales que constan en el tratado -40 metros cúbicos por segundo de un curso que promedia los 900- y la construcción de la represa de Portezuelo del Viento, prevista en el Tratado y sobre la cual Mendoza pretende un manejo exclusivo por fuera del Coirco. También podría incluirse algún acuerdo preventivo de los esporádicos derrames del sistema Desaguadero-Salado-Chadileuvú-Curacó al río Colorado, verdadera espada de Damocles para los extensos cultivos del valle inferior del curso, aunque este problema tendría más vinculación con la constitución de un comité de cuenca para aquel gran colector.
Esos puntos conflictivos revelan la presencia de discrepancias en el seno del Coirco, sin embargo no ponen en cuestionamiento al organismo ni opacan su funcionamiento. Al contrario, dejan en evidencia la necesidad de este tipo de estructuras interprovinciales porque permiten canalizar las diferencias, analizarlas, debatirlas y buscar los siempre arduos consensos en favor de un desarrollo que contemple los requerimientos de todos sus integrantes, sin privilegiados ni excluidos.

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