sábado, 19 septiembre 2020
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87 años cumpliendo el papel del periodismo

Saúl Santesteban, nuestro ex director, solía advertir en sus habituales charlas con los integrantes de la redacción de La Arena, sobre la tentación de los periodistas de escribir en presente continuo. No aludía Saúl a la perífrasis formada por el verbo estar más el gerundio que se usa para expresar una acción presente en curso sino a la tentación de escribir como si toda la labor del periodista se limitara meramente a relatar los hechos presentes descolgados de su lugar en el proceso de contar su historia.
Es el periodismo, se dice, la primera trinchera de la historia. Los diarios y medios de prensa y sus hombres y mujeres son los que suministran el material a los historiadores del tiempo presente y son ellos mismos constructores de esa «historia presente». Pero la advertencia de nuestro ex director apuntaba a prevenir a sus colegas más bisoños sobre la necesidad que poner siempre los hechos en perspectiva y, también, en valorarlos de acuerdo a su papel en la historia que se escribirá con esos hechos como fuente.
La tentación de escribir solo los hechos espectaculares cotidianos, robos, muertes, catástrofes, escándalos, es muy fuerte cuando el público masivamente corre a beber de esas noticias mucho más que sobre las reflexiones, investigaciones o ensayos sobre la realidad y sus proyecciones.
En esa tentación caen, cada vez más, una cantidad de nuevos medios nacidos al amparo de las nuevas tecnologías que se van actualizando a la velocidad de los hechos siguiendo el ritmo que le marcan los algoritmos de los grandes pulpos que ordenan los buscadores globales y las redes sociales. Es la llamada «tiranía del click» que ha atrapado a los medios digitales que se llaman a sí mismo «diarios» aunque no lo sean, pues su periodicidad no responde a la de los matutinos tradicionales sino que responde, espasmódicamente, a la velocidad que le marca el pulso de las noticias.
En esa carrera por ganarle unos minutos a la competencia y lograr más «click», los medios que así se dejan regimentar mutan la función del mejor periodismo para rebajarla a la simple y casi medieval tarea de meros cronistas.
Cuando Saúl insistía en la necesidad de aprovechar el tiempo que insume la preparación de una edición de un diario en confrontar fuentes, verificar la información, bucear en el archivo o en la propia memoria los antecedentes y encontrar las posibles consecuencias que esa noticia podía tener en el proceso histórico lugareño, advertía y anticipaba, sin saberlo, el presente de buena parte de los medios tecnológicos que, al verse sometidos a la tiranía de actualizar al minuto su información, trivializan a menudo la tarea periodística.
De esa omisión de una parte medulosa de la tarea periodística se libran, por suerte, los medios digitales que cuentan, detrás, con la redacción de un diario papel y, así, ofrecen a sus lectores, además de la carrera por la primicia y la anticipación de la información, las columnas de opinión, las investigaciones, el seguimiento más detallado de los temas y el tratamiento de las noticias más elaboradas.
Es por eso que, como lo indican la mayoría de los estudios de mercado, esta era de nueva tecnología para los medios de comunicación, al tiempo que ha sumado como medios a los mal llamados «diarios» digitales, ha reafirmado la elección de los lectores preferentemente a aquellos medios que cuentan con la tradición periodística de una redacción de periodistas de un diario de papel.
Prueba de esa elección es, en La Pampa, el caso de nuestra hoja que, 87 años después de su fundación, aniversario que se cumple hoy, puede mostrar con orgullo que no ha dejado de ser líder en lectura en sus distintos formatos sino, además, el medio más respetado por su línea y tradición periodística.
En esta ocasión, La Arena editará este domingo un suplemento especial dedicado especialmente (en esta era de medios que creen poder hacer periodismo sin periodistas) a sus hombres y mujeres que, cotidianamente, antes y ahora, hicieron posible esta hazaña de persistencia en la consideración de los pampeanos.

Foto Saúl Santesteban junto al periodista y escritor Osvaldo Ardizzone