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A paso redoblado

No por casualidad muchos periodistas coincidieron en los últimos días en señalar el endurecimiento que muestran ostensiblemente los grandes medios del país cuando informan u opinan sobre el desempeño del gobierno nacional. Uno de esos hombres de prensa, con muchos años en la profesión y muy conocido por su actuación en un diario y un canal informativo de la Capital Federal, en diálogo con Radio Noticias en una entrevista que luego se publicó en LA ARENA, no dudó en calificar como «batalla ideológica» la que han entablado las grandes corporaciones mediáticas contra el gobierno mediante la profusión de «mentiras e informaciones falsas». A las pocas horas se le sumaron colegas no menos conocidos quienes, en sus columnas dominicales, abordaron la misma cuestión. Uno de ellos, que también publica en este diario, termina su artículo afirmando, lisa y llanamente, que «comenzó la operación de acoso y derribo», en obvia referencia a la profusión de ataques mediáticos que recibe por estos días el gobierno del Frente de Todos.
Un ligero repaso por los titulares de Clarín, La Nación e Infobae, o por los espacios radiales y televisivos que acumulan los satélites de esos grupos alcanza para advertir cómo se oscureció el tono de sus periodistas que parecen competir por ver quién se expresa con mayor furor contra el gobierno del Frente de Todos.
Cualquier declaración o medida del gobierno, casi sin excepción, es analizada en clave negativa. En ocasiones con un extremismo rayano en la ridiculez. Uno de los columnistas estrella de Clarín se despachó enojado contra el presidente porque este se permitió realizar una comparación de los resultados sanitarios obtenidos con la cuarentena social obligatoria en Argentina frente a lo ocurrido en otros países que optaron por acciones mucho más permisivas o laxas. Lo llamativo es que ese mismo diario y otros medios vienen reclamándole al gobierno, en forma harto insistente, la finalización de la cuarentena, y utilizando como argumento lo sucedido en otros países que no apelaron al confinamiento. Para esa prensa son apropiadas las comparaciones con el fin de cuestionar al gobierno, pero no lo son si el gobierno las utiliza para defenderse de las críticas. Esa forma arbitraria y agresiva de presentar la información y la opinión implica una metodología compartida por todo el arco de medios concentrados que operan así como fuerza de choque de la derecha ideológica a falta de figuras políticas de relieve.
Las razones de esta intensificación de lo que ha sido denominado -por un fallecido periodista del Grupo Clarín- «periodismo de guerra» no son difíciles de advertir. El proyecto de impuesto a las grandes fortunas, la oferta de pago a los tenedores de bonos de la deuda, la doble indemnización para frenar despidos y la salida paulatina y atenta de la cuarentena conforman un combo muy difícil de digerir para la elite económica. La prensa corporativa muestra, a la perfección, el humor de los que están en la cima de la pirámide social. Por un doble motivo: son sus voceros y, además, sus propietarios también pertenecen a esa clase social privilegiada que hoy extraña al inquilino anterior de la Casa Rosada. Hoy está más claro que nunca.