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A poner el brazo, aclarar los tantos y dar pelea a monopolios

SEMANA POLÍTICA

La llegada de las primeras dosis de la Sputnik V es muy alentadora. A poner el brazo. Luego hay que aclarar los tantos políticos, pues impera bastante confusión. Y de cara al 2021, dar pelea a los monopolios y banqueros.
SERGIO ORTIZ
Desairando los pronósticos más pesimistas y muy interesados políticamente, llegó nomás el avión de Aerolíneas fletado hacia y desde Moscú, trayendo el primer cargamento de vacunas rusas.
Son 300.000 dosis, que alcanzarían apenas para inocular a 150.000 personas pues se requieren dos dosis per cápita. De todos modos un vasto e inédito operativo de vacunación como el que requiere el Covid-19, como la Larga Marcha, también empieza por un primer paso.
Según el gobierno nacional habría un compromiso firmado con Rusia para recibir 10 millones de dosis más durante enero. Veremos. Lo importante es que el primer cargamento de la Sputnik ya está entre nosotros y comenzará a ser aplicada al personal de Salud y de Seguridad. En la lista siguen las personas entre 18 y 59 años, los que tienen enfermedades prevalentes y los mayores de 60. Eso último recién se pudo confirmar ayer; un comunicado del instituto Gamaleya aseguró que puede emplearse en esa franja etaria porque las últimas comprobaciones así lo acreditan.
Hasta la semana pasada esa vacuna rusa no podía ser suministrada a los mayores de 60 años e incluso el presidente ruso lo había admitido. Ahora Gamaleya dijo que sí y por supuesto nuestra Anmat también la autorizó, en igual trámite veloz que hizo con la estadounidense de Pfizer-BioNTech.
Para la derecha alevosa de nuestro país, que inventa conspiraciones y asociaciones ilícitas del peronismo y kirchnerismo en casi todos los temas, dijo que en la vacuna rusa podían haber pesado coimas, negociados, fraudes científicos, consideraciones terraplanistas y antivacunas, y hasta algún amorío nunca probado entre la ex presidenta CFK y Vladimir Putin.
Para Patricia Bullrich y Elisa Carrió, voceras de Mauricio Macri, lo importante era no vacunarse y denunciar todo como un gran bluff de los Fernández. Ellas no pondrían su glúteo para vacunarse, ni siquiera el brazo que es lo que le pedirían las enfermeras.
Es verdad que en esto de las vacunas hubo marchas y contramarchas, desprolijidades y apurones, por parte de varios funcionarios y el mismo presidente. Pero en vez de analizarlos con espíritu paranoico lo mejor es entender que estábamos y seguimos en una pandemia que ya mató a 42.422 argentinos. Que había apuros por salvar vidas. Que laboratorios internacionales de fama apuraron etapas para llegar cuanto antes a una vacuna, cuando ese proceso generalmente dura dos años. En estas condiciones, pedir una prolijidad y precisiones absolutas era imposible, o bien propio de quienes no quieren poner una vacuna sino palos en la rueda.
Por eso bienvenida la Sputnik y las que vayan llegando, de Pfizer-BioNTech, AstraZeneca, la china de Sinopharm y las demás. El tiempo permitirá comparar resultados, precios, facilidad logística y, como se reclamó acá, inversiones e investigaciones para que algún día el país tenga una vacuna propia.

Claro que hay internas.
Clarinete y demás medios concentrados se pasan todo el tiempo explotando las internas del gobierno. Le pegan a todos sus componentes, incluyendo a Alberto Fernández, pero las balas de mayor calibre van a la vicepresidenta.
¿Existen esas diferencias de enfoque entre el presidente y la vice?
Por supuesto que las hay y las pruebas están a la vista. Otra cosa es que sea la única lucha política dentro de una coalición, pues para esos medios parecería que en Juntos por el Cambio todos se aman sin mezquindad.
Las diferencias entre Alberto y Cristina se patentizaron cuando la segunda, en carta del 9 de diciembre, fulminó a los «funcionarios que no funcionan». Y cuando en el acto en el estadio de La Plata pidió que los ministros, secretarios y legisladores que no se atreven a gobernar, se busquen «otro laburo».
No son sólo palabras o énfasis diferentes, con un presidente que en cambio agradeció a todos sus funcionarios lo bien que trabajan a su lado, primero en Tierra del Fuego y luego con un asado en Olivos.
Son acentos distintos, como cuando los senadores del Frente para Todos escribieron una carta al FMI, en noviembre pasado, que recordaba a la entidad su rol de cómplice de Mauricio Macri en el endeudamiento colosal de 2018. Eso tuvo poco que ver con el amable diálogo del ministro Guzmán con las dos misiones fondomonetaristas que vinieron a Buenos Aires y la letra que llevó el funcionario de Economía a Washington, posteriormente.
También se advirtieron disidencias entre Alberto y Cristina en las medidas a tomar con jubilados y respecto a cuándo finalizaba el congelamiento de tarifas, que iba a ser enero y se prolongará un trimestre más.
Esos enfoques pueden complicar el diálogo con los enviados de Kristalina Georgieva. Luis Cubeddu y Julie Kozack exigieron bajar el déficit fiscal en 2021 y de allí en adelante que haya menos subsidios estatales a las tarifas, menos «gasto» previsional, etcétera.
En sus últimas intervenciones la ex presidenta enfatizó que en 2021 la atención esmerada a la salud de los argentinos debía ser el plan principal. Parece una acertada orientación, que no encuentra sintonía en el otro Fernández y su ministro de Economía, para quienes la pandemia del Covid-19 ya se habría terminado o casi, si se tiene en cuenta que en el Presupuesto Nacional 2021 no hay partidas especiales para luchar contra ese flagelo.
En los últimos días se agregó un motivo extra de diferencias. No tanto Cristina sino sobre todo Máximo Kirchner apareció enfrentado con AF y los gobernadores e intendentes que propician la supresión de las PASO en 2021. También quieren que los intendentes bonaerenses no tengan límite de mandato para repetir todas las veces que quieran, a lo que el jefe de La Cámpora se opone, quizás para impulsar en esas intendencias a gente cercana.
Todo eso es cierto o luce como tal. La alta suciedad de Clarín es a dos puntas: habla sólo de estas internas y oculta las del macrismo, que se potenciaron tanto por razones políticas como por la baja estofa del ex presidente retratado como basura en el libro Hermano, de Santiago O’Donnell.
La otra apuesta de Clarín que podría terminar en fracaso, es asegurar que entre Alberto y Cristina habrá ruptura. Por múltiples razones eso no pasaría, al menos no ahora. Y no será por amor mutuo, muy escaso, sino por el espanto a las jaurías del lawfare, la Corte Suprema, Clarinete, la embajada de Edward Prado, la deuda y monopolios como Techint. Seguirá el matrimonio de conveniencia…

¿Cuál proyecto?
Cabe suponer que las cosas van a mejorar respecto a 2020, tan lechuceado por la herencia macrista y el coronavirus. El Presupuesto Nacional 2021 estima que la economía crecerá 5 por ciento. Ojalá así sea, pero en tal caso aún estaríamos a la mitad de lo perdido en el año que termina.
La capacidad del Estado para financiar actividades tendrá su límite pues terminará 2020 con un déficit fiscal de 7 puntos y el objetivo es bajarlo a 4.5, pero se sabe que el FMI no acepta esa meta y quiere bajarla más para la «sustentabilidad fiscal» aunque eso haga insustentable la vida de millones de argentinos.
Puede haber un superávit comercial de 15.000 millones de dólares, pero con una doble preocupación: ¿seguiremos el destino semicolonial de vender al mundo soja y maíz?; y ¿dejaremos esa millonada de dólares a Cargill, ADM, Cofco, Bunge, Aceitera General Deheza y otras multis?
Estos temas los ayuda a esclarecer, no del todo, la clase trabajadora que, mal que les pese a sus detractores «intelectuales» y gubernamentales, tiene «conciencia en sí» superando a muchos doctores y magisters.
Así surge de la huelga de más de dos semanas y de muy escasa repercusión mediática, de tres gremios de aceiteros que reclaman un aumento salarial a sus grandes patrones exportadores.
Los pulpos mencionados – de los que formaba parte la delincuencial Vicentín – no les dan ese aumento; los barcos hacen cola en el Paraná ante el parate de los puertos, privados como los trenes (Nuevo Central Argentino, ex Mitre, AGD).
Esa huelga de aceiteros corre el velo sobre la condición rapaz de la patronal, pero también sobre el férreo control de los monopolios sobre el comercio exterior y los dólares.
El que está en falta es Alberto Fernández (de la CGT ni hablar), que en vez de apoyar a los trabajadores optó por la alianza con los pulpos exportadores. A ellos privilegia en el diálogo sobre la economía que se viene, les baja puntos de retenciones en las exportaciones, etc. El gobierno negocia con esas multinacionales y la Mesa de Enlace rural agrupadas en el Complejo Agroindustrial «Argentino» un esquema de diez años de exportaciones con menos puntos de retenciones, fijas. ¿Y del mercado interno, con más demanda, salarios y jubilaciones?
Si no hay una rendición incondicional del gobierno y devaluación, esos monopolios no van a liquidar sus dólares ni van a aumentar sus exportaciones de soja, maíz y aceites.
Los argentinos se ponen la vacuna y viven. Perfecto. ¿Pero para vivir en una semicolonia con banderas extranjeras flameando en puertos?
Eso no sería vida. Sería agonizar, vacunados contra el Covid-19, pero no contra el virus de monopolios y multinacionales.