Acerca de las armas y su disponibilidad sin control

Señor Director:
En mi nota de ayer señalé la existencia de un momento mundial que no puede ser descripto como de paz (aunque no se libre una gran guerra como las del siglo pasado).
Nunca ha faltado una guerra local o regional. Habría que contar los caídos en esos campos de batalla, pero ahora sucede que no hay un frente ni varios frentes, el escenario se traslada de un lugar a otro, con la consecuencia de que el saldo de civiles muertos resulta incontable. La ciudad reemplaza a las trincheras.
Hay que agregar los que mueren por actos terroristas, Éstos son parte de las guerras informales con las que convivimos. Por cierto que el terrorismo es parte de tales guerras que no cesan, aunque sus antecedentes puedan remontarse. Se trata de pueblos o culturas que han perdido su territorio y no han podido integrarse, de pueblos que han salido del período colonial (de inenarrable explotación y desvalorización de la existencia) y de naciones que se han constituido dueñas de un territorio que siempre estuvo poblado y que esto fue el efecto de la política de las potencias coloniales, que se retiraron dividiendo para seguir reinando o que han reemplazado la forma de dominio y prosiguen con la explotación sin control de los recursos naturales y usan a los nativos (africanos, aunque no solo ellos) como mano de obra de bajo o nulo costo.
Y no se podrá omitir de la cuenta de caídos, a las migraciones de pueblos, algunos expulsados por la desertización de sus territorios, pero la mayoría de ellos que marchan como manera de huir de la falta de seguridad y de medios de vida. Estas masas migratorias van desgranándose en el camino, ya sea en el Mediterráneo, cuando tratan de alcanzar las costas europeas, ya en el Atlántico, cuando intentan llegar a islas (españolas) o seguir viaje hacia países de América. Si bien los éxodos de todos los tiempos dejaron considerable saldo de muertos en el trayecto, nadie ha podido contabilizar esas muertes como se hace con las bajas en las guerras “formales”.
De muchas de estas tragedias no tenemos noticia. Por ejemplo, ¿cuántos saben que en Filipinas llevan contabilizados 3850 muertos desde que el actual presidente, Rodrigo Duterte, lanzó una batalla contra el narcotráfico? Los obispos de Filipinas han divulgado que esas muertes fueron asesinatos extrapoliciales y ejecuciones sumarias que llevan a cabo policías y otras fuerzas de ese país. ¿Cuántos son los muertos y desaparecidos en México, sin contar las víctimas de sismos?
Y los tiroteos a la manera norteamericana, ¿entran en la cuenta general? La masacre de Las Vegas fue obra de un tirador único, que tuvo a su mano armas de repetición y a su disponibilidad la protección de la enmienda de 1791 (“el derecho del pueblo a tener y portar armas”, justificado como garantía necesaria de la libertad). Han pasado dos siglos y un cuarto desde esa enmienda, las armas no han dejado de perfeccionarse y se han convertido en el primer negocio mundial para las naciones que las producen. La de Las Vegas fue la mayor mortandad desde que se lleva cuenta, pero no se computa la muerte de negros en manos de policías, que son sucesos cotidianos. En lo que va del año, según la cuenta de un periodista, en USA se contabilizan ya once mil víctimas en 273 tiroteos. Los terroristas del Estado Islámico se atribuyeron los sesenta del pasado domingo, pero el FBI dice no haber evidencia alguna en ese sentido. Es “made in USA”. Y queda por saber cuántos mueren en países que no dan noticia de estos hechos
La suma total es espeluznante. Confirma que la preferencia del hombre es matar a su semejante. También el hombre mata elefantes, rinocerontes y otros grandes animales, pero para hacerlo hay que tener medios para viajar a África y otros lugares, en tanto que para matar humanos no es necesario siquiera salir de la casa. ¿Cuántos femicidios, conocidos o ignorados, habría que agregar a la cuenta general?
Atentamente:
Jotavé