Acto de coraje para el final de una tragedia

Señor Director:
Ya está próxima la fecha en que debe realizarse el acto por el cual la ciudadanía colombiana se pronunciará en plebiscito por el sí o el no al acuerdo de paz entre el gobierno nacional y la guerrilla denominada FARC, la mayor de las formaciones armadas revolucionarias que surgieron en ese país en los últimos cincuenta años.
La historia de este conflicto interno de tan larga duración y tan trágico por las víctimas (los caídos en combate o en enfrentamientos de diverso tipo, así como las personas tomadas en rehenes durante mucho tiempo) no puede ser condensada en este breve espacio. Falta asimismo el proceso historiográfico que haga posible una visión objetiva de las causas y de los hechos iniciales. Éstos hechos permitirán apreciar la importancia de las formas de apropiación de la tierra, como ha sido frecuente en América latina. Y otra parte importante de la historia será ocupada por el relato de la interferencia de la producción y venta de las drogas prohibidas.
Referencia necesaria y justa será el papel que han jugado otras naciones para facilitar este proceso tan lleno de incidentes. Desde Noruega, país con fuerte tradición en el empeño por colaborar en la solución de conflictos, hasta Cuba, donde finalmente se formalizaron las conversaciones entre gobierno y FARC, se han producido participaciones francas u ocultas muchas de estas últimas vinculadas al complejo problema del narcotráfico.
El plebiscito del próximo 2 de octubre va encaminado hacia la aprobación, según las encuestas, que están dando una mayoría de 60 a 70 por ciento por el sí. Y a partir de ahí habrá que comprobar la eficacia y el cumplimiento del detallado acuerdo elaborado a lo largo de las reuniones realizadas en La Habana. Los adversarios internos, que incluyen al ex presidente Uribe, a pesar de que éste fue protagonista del primer intento de diálogo con la guerrilla, resistirán y darán batalla, según lo que dejan saber y también según la tradición de esta lucha por las tierras de labor. El desarrollo del proceso de paz, con suelos fértiles que tendrán ahora un régimen diferente de gestión y con ex guerrilleros que podrán desempeñarse políticamente en el escenario nacional, se puede ver como complejo y de alternativas inciertas, pero también hay que valorar el estado de conciencia nacional que permitió encarar y llevar a buen fin estas negociaciones. Es, se diría, un momento de lucidez, de cuya firmeza dependerá en mucho que Colombia pueda desarrollarse en la paz posible, esa paz que tienen otras naciones, nunca exenta de dificultades ni de riesgos.

Linyera.
El llamado Brasileño Errante, que acaba de estar brevemente en Santa Rosa, pertenece a una tradición de larga data, que se mantiene aunque ha experimentado cambios.
Una alteración del psiquismo ha sido propuesta para explicar estas conductas, al tiempo que inquieta comprobar la fragilidad del equilibrio que consideramos normal. Y despierta curiosidad el caso de los muchos individuos que, solos o en compañía, sienten la necesidad de largarse a andar, sin que se trate de viajes turísticos: a pie, a caballo, en bicicleta, en moto, en automóvil. Quizás el hombre, que fue un errante al comienzo de su aventura en el planeta, conserva algo de esa condición y siente la atracción de lo diferente que siempre nos estaría esperando más allá.

Milagro.
Han ensuciado un mural dedicado a poner ante la conciencia colectiva el caso de Milagro Sala, que ha sido recluida sin proceso formal, cuando hay tanto procesado por crímenes horrendos que goza de libertad hasta que haya decisión final en su caso.
Puede sospecharse que quienes ejecutan o inspiran actos de este tipo, comparten los motivos del gobierno jujeño porque también ellos rechazan la idea de una sociedad menos excluyente. Siguen en la tesis de que debe evitarse el “aluvión zoológico”.
Atentamente
Jotavé

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