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Adiós al 2020 con un balance feminista

LA PANDEMIA Y LA MILITANCIA POR ZOOM

Al bloque de derechos para la igualdad entre los géneros, la libertad y la erradicación de la violencia sexista le falta una pata fundamental: el derecho a interrumpir un embarazo de manera voluntaria, segura y gratuita.
VICTORIA SANTESTEBAN*
El año 2020 empezaba con la vuelta de Cristina a Casa Rosada y la misoginia arremetió con la misma intensidad que en tiempos de su mandato presidencial. La serie de Netflix «Borgen» sería una de las recomendadas para emprender una cuarentena reflexiva, que encontrara las similitudes en la gobernanza de mujeres, salvando las distancias entre la venerada Dinamarca y esta Argentina de los ponchazos. Hacia marzo de 2020 el mundo entraba en la era pandémica. La realidad superó a Hollywood con el planeta Tierra sumido en un thriller impensado en el que hasta las ciudades más atiborradas enmudecieron, adoptando a la fuerza una parsimonia pueblerina. Se vieron imágenes de un mundo distinto: las personas que corrían de traje fueron reemplazadas por animales que se animaron a la urbanidad por despoblada, la fogosa Latinoamérica dejó de besarse, los Estados Unidos de Trump dijeron que la culpa era de China, los hogares se volvieron oficinas y trincheras para quienes interpretaron con lógica bélica la aparición del virus como enemigo a neutralizar. A la imagen apocalíptica, de quietud inaudita expectante de una vacuna para revivir del parate forzoso, por estos lares luego se sumaría la desconfianza por lo ruso del antídoto, y así continuaron enmarañadas política- medicina-salud-religión-objeciones de conciencia.

En casa.
Se cumplió el sueño de quienes ya no querían salir de casa al trabajo, y el mandato de guardarse en un principio, al menos resultó propuesta seductora. Hubieron separaciones y reencuentros a la vez que se inventaron maneras de acercarse que respetaran distancias. El encierro se romantizó y se batalló, e interpeló a un sistema que nunca derrama, que excluye a miles -sin remordimientos- de la comodidad de la cuarentena paradisíaca para esconderlos en el baúl. El encierro también vino a corroborar que la casa es territorio peligroso para niñas, adolescentes y mujeres. Las denuncias por violencia de género comenzaron a tomarse por medios virtuales, se incorporaron códigos para que las víctimas tuvieran santos y señas para pedir socorro sin que lo advirtiera el enemigo que con ellas dormía. La militancia feminista fue por zoom, con pañuelazos, con disertaciones, con redes sociales viralizando a velocidad covid denuncias, información y acompañamiento. Se tejieron y reforzaron redes en una web que fue por meses el único canal para el abrazo. Pero las cifras que contabiliza la violencia le ganaron a los esfuerzos: el Estado siguió llegando tarde a la villa y al country, incumpliendo las mandas convencionales de Belém do Para de prevención, sanción y erradicación de la violencia contra las mujeres. El revanchismo espeluznante, la cara más reaccionaria y feroz del patriarcado enojado por la incomodidad de tener que dar explicaciones luego de siglos sin rendir cuentas, deja un 2020 con 265 mujeres que ya no abrazan, no estudian, no trabajan, no ríen, no viven.

Leyes.
Argentina sanciona leyes de avanzada para la erradicación de la violencia machista, pero continua en deuda porque las malinterpreta por costumbre, por ignorancia, por inercia, por patriarcado. Se inventan artimañas legales que inconstitucionalmente salvan violentos y obligan a maternar, dejando a las sobrevivientes en total desamparo, bajo la mirada de rabillo insinuando que algo habrán hecho. Argentina tiene leyes que deja atónitos a europeos y americanos que nos creen colonia. Argentina juzgó y condenó a genocidas con su propia justicia, sin crear tribunales especiales ni atender en jurisdicción internacional el terror sembrado en plena matria. Los juicios incorporaron paulatinamente la perspectiva de género, a partir de los testimonios del horror patriarcal y militar. Matrimonio igualitario, identidad de género, leyes nacionales y provinciales para la protección y empoderamiento de mujeres, tratados de derechos humanos específicamente redactados para la erradicación de la violencia machista que proveen de una protección multinivel privilegiada, incorporados a la Constitución Nacional y al flamante Código Civil de 2015.

Aborto.
Al bloque de derechos para la igualdad entre los géneros, para la libertad y para la erradicación de la violencia sexista en todas sus formas le falta una pata fundamental: el derecho a interrumpir un embarazo de manera voluntaria, segura y gratuita. Los cuerpos que gestan abortan en la clandestinidad, muriendo en camillas improvisadas, siendo juzgadas por tribunales inquisitoriales que no perdonan su decisión de libertad, maternando de manera forzosa. Y así, mientras los varones eligen si paternar, las mujeres son obligadas a parir con el dolor de lo impuesto o condenadas a muerte por desafiar el mandato patriarcal de maternidad. Quienes no tienen acceso a solventar un aborto seguro, practicado por profesionales que lucran de esa clandestinidad, mueren por decidir sobre sus cuerpos y esas muertes evitables son también los números de la violencia de género.

Cuando el antídoto es la empatía, hay que ponerse en los pies descalzos de la mujer en esa camilla. Hacer como si se sintiera en el propio cuerpo el miedo y la desesperación de no encontrar más escapatoria que lo clandestino. Pensar en las mujeres anónimas y en las que conocemos. En las que ya no están por haber ejercido derechos sexuales y reproductivos que en este país aún son de exclusividad masculina. En las que cumplen condenas por no haber querido maternar. Si desear y elegir sobre nuestros cuerpos nos condena a hogueras que arden a pesar de la marea gigantesca, si ejercer derechos es herejía, si la maternidad es obligación y nuestras decisiones pecados, entonces estamos en una Argentina distinta, paralelamente hipócrita a la que juzga genocidas, reconoce el amor en todas sus formas y a las personas por cómo se autodefinen. Educación sexual para decidir. Anticonceptivos para no abortar. Aborto legal para no morir. El deseo para terminar el pandémico 2020 es que hoy, sea ley.

*Abogada, magíster en Derechos Humanos y Libertades Civiles.