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AF-CF: ¿la fórmula por fin encontrada?

¿JUGADA DE AJEDREZ O CARAMBOLA A TRES BANDAS?

La renuncia de CFK a la candidatura presidencial obedece a una lectura crítica de la realidad y de los límites que impone la crisis. Desorientación en el macrismo.
EDUARDO LUCITA*
Es ya un lugar común decir que el anuncio de la impensada fórmula electoral Alberto Fernández-Cristina Fernández (de Kirschner) sacudió el tablero preelectoral y obliga a un reposicionamiento de todos los jugadores. Es producto de una lectura crítica de la realidad y de los límites que impone la crisis.
Estaba descontado que luego del holgado triunfo de Schiaretti en Córdoba, y sobre todo de la constatación de que estaba dispuesto a jugar fuerte en el armado de Alternativa Federal, todo se aceleraba. Sin embargo lo anunciado no ha dejado de sorprender, tanto por lo anticipado de la decisión como por el giro político que implica.
Desde hace un par de semanas se rumoreaba que la indefinición de CFK no sería solo producto de una estrategia sino que también podría estar determinada por una combinación de factores. Estos factores estarían en la base de la decisión anunciada de declinar la candidatura a presidenta de la Nación. Hay cuestiones personales (problemas familiares, fatiga ante tanta exposición pública, ser blanco de acciones judiciales) y políticas (limitaciones electorales). Cuánto ha pesado cada uno en la decisión final es difícil de saber.

Sube y baja.
Bajarse de la candidatura presidencial pero subirse a la de vicepresidente (puesto por demás devaluado en un país híper presidencialista) ha resultado una movida de ajedrez pero con un efecto propio de la carambola a tres bandas. Impactó fuertemente en el macrismo que ha quedado desorientado al ver desbaratada su estrategia polarizadora; descolocó a Alternativa Federal (Massa, Urtubey, Pichetto, Schiaretti) y a Consenso 19 (Lavagna), que tienen que apurar sus definiciones cuando no alcanzaron aún acuerdos mínimos; agitó las aguas al interior de la alianza Unidad Ciudadana-PJ, cuando todavía no ha consolidado su construcción.
La iniciativa es un corrimiento a la derecha, acentuando el giro conservador que muestra CFK desde hace un año o más. Es producto de un acto de real-politik, de pragmatismo puro. La movida está guiada por objetivos no por principios. Estos son: derrotar al macrismo, autoprotegerse y ahorrarse el costo político, en caso de ganar, de tener que administrar la crisis. Su argumentación es inteligente: instala que así ganan en primera vuelta y que el esfuerzo y generosidad para ampliar su base de sustentación tiene que ver con fortalecer la capacidad de gobernar en una economía global cada vez más hostil.

Al interior del PJ.
Así renunciar a la candidatura a la presidencia es resultado de una lectura crítica de la realidad que viene a demostrar que la importante intención de voto no alcanza para ganarle a Cambiemos en las actuales condiciones. En correlato asumir la candidatura a la vicepresidencia se debe a la comprensión que su intención de voto no es mecánicamente transferible a otro, por más que ella lo designe (el ejemplo Lula está muy fresco), por el contrario su presencia le garantiza volumen a la fórmula.
La jugada es también una movida mirando a la reorganización del PJ buscando atraer a los distintos sectores que no cerraban bajo la hegemonía kirschnerista. De hecho ya varios gobernadores se expidieron favorablemente y Rodolfo Daer, uno de los secretarios de la CGT, se apuró a manifestar su apoyo. La huelga general llamada para el 29 de este mes, aunque responda a una situación social objetiva, juega también en este sentido. La elección de Alberto Fernández, de rasgos conservadores, con un historial de hábil negociador y amigable componedor, encuentra su razón en la necesidad amalgamar las necesidades sociales con las de la acumulación del capital. Todo en un contexto en que deberá emprender la difícil tarea de recortar la tasa de ganancia del capital financiero para poder recomponer en parte el tejido productivo y recuperar mercado interno. En este camino estará la negociación con el FMI, con los acreedores privados, desarmar la bomba de las Leliq y otras minucias por el estilo.
A partir de ahora la dinámica de las decisiones político-electorales será la de un juego de damas, en el sentido de que las jugadas tienen que ser más rápidas, porque los tiempos se acortan. Sergio Massa, el único del peronismo no K que tiene algo de votos propios a nivel nacional, se convierte así en la figurita difícil. La alianza Unidad Ciudadana-PJ buscará atraerlo ya que al sumarlo las posibilidades de ganar en primera vuelta se acrecientan. El macrismo operará para que se quede en Alternativa Federal porque si esta toma cuerpo debilita las posibilidades del frente UC-PJ.

El papel de CFK.
La movida descolocó la estrategia macrista, la dejó sin su contraparte preferida; se verá qué papel juega CFK en la campaña, pero el blanco será Alberto Fernández que no es lo mismo. El macrismo está en problemas y el peronismo no K no sale de su laberinto. La convención radical de estos días definirá la ampliación de la coalición de gobierno.
Faltan aún etapas a cubrir, incluso nadie afirma con certeza que la fórmula AF-CFK sea definitiva o para negociar, se sabrá recién el próximo 22 de junio. Mientras se consuman todos estos movimientos tácticos sin que en el horizonte se perfile ningún proyecto de futuro, es válido preguntarse: ¿Qué será del kirschnerismo como corriente política? ¿Qué quedará de su costado progresista materializado antes en una variada ampliación de derechos? ¿Los sectores de centroizquierda que lo habitan desde sus orígenes y los que se sumaron últimamente, lograrán preservar sus espacios o serán desplazados por el peronismo tradicional del PJ?
La moneda está en el aire.

*Integrante del colectivo EDI (Economistas de Izquierda).