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Agravios en lugar de argumentos

El tenor de la reacción que se propagó en Mendoza como respuesta a las definiciones presidenciales sobre Portezuelo del Viento muestra a las claras la pobreza argumental de quienes impulsan esa obra: ni una sola referencia al río Colorado y su prolongada bajante, ni al impacto ambiental, ni a los intereses de todas las provincias que comparten ese recurso fluvial, ni a los regantes que sufren el largo período de caudales pobres. Para los «hermanos» mendocinos todo el problema se reduce a una suerte de contienda deportiva en donde, ahora, los pampeanos pasan ganar en virtud de una serie de intrigas palaciegas destinadas a volcar voluntades políticas a su favor. Con una ceguera asombrosa, dirigentes políticos y empresariales cuyanos atribuyen este cambio de rumbo a la oscura intención de escupirles el asado que ya estaban dispuestos a servirse; eso sí, sin convidar a nadie.
Esta forma tan obstinada y pueril de ver un problema complejo, que tiene una historia y un desarrollo cruzado por intereses contrapuestos, no hace más que desnudar la visión arrogante que siempre campeó en la provincia cuyana. Hace mucho, casi un siglo, que los pampeanos venimos sufriendo la actitud supremacista de quienes se sienten dueños excluyentes de los recursos naturales interprovinciales, sin comprender que nuestro país es una totalidad superior que comprende a 24 jurisdicciones. Y que si todas ellas actuaran en «modo mendocino» sería imposible la convivencia en el marco de un sistema federal con el riesgo de retroceder a los tiempos previos a la organización nacional.
No han sido pocos, ni breves, los padecimientos de La Pampa por causa de su mal vecino. La desertificación de miles de kilómetros cuadrados, el despoblamiento y el empobrecimiento económico de nuestro oeste no obedecieron a imprevisibles fenómenos naturales sino a muy previsibles acciones humanas. Pero La Pampa nunca dejó de aportar argumentos al debate en lugar de amenazas o diatribas como hoy se escuchan en Mendoza. Los alegatos pampeanos en todos los foros -nacionales e internacionales- y en los más altos estrados judiciales siempre estuvieron respaldados por sólidos estudios jurídicos, hidrogeológicos, históricos, geográficos, etc.
La elite político-empresarial mendocina no propone, exige. En el seno del Coirco se vio ese accionar prepotente durante el cuatrienio macrista cuando demandó -hasta lograrlo con la complicidad del entonces presidente- el manejo exclusivo de la represa de Portezuelo del Viento. El extraordinario ejemplo de manejo compartido de Casa de Piedra no fue suficiente para calmar su insaciable voracidad de recursos.
Que hoy un Presidente de la Nación escuche los antiguos reclamos pampeanos no es producto de la casualidad ni de contubernios. Es fruto de haber mantenido, casi siempre en soledad, una postura coherente y basada en sólidos respaldos científicos.
Qué diferente sería plantear un debate en estos términos, con las cartas sobre la mesa y honestidad intelectual, bajo los principios equitativos del federalismo, para evaluar la conveniencia o no de realizar una obra que puede alterar sustancialmente el funcionamiento de una gran cuenca hídrica que comprende a cinco provincias.