miércoles, 13 noviembre 2019
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Agresiones públicas

A lo largo de este año que ya finaliza la sociedad pampeana ha visto recrudecer tanto en número como en intensidad, un fenómeno antaño escaso y esporádico: el vandalismo. El fenómeno asola Santa Rosa y se remonta a algunos años atrás, cuando el monolito a los caídos en Malvinas apareció pintarrajeado y para peor con frases en inglés; luego se reconstituyó pero por estos días ha vuelto a ser agredido.
A esos hechos deben agregársele dos detalles inquietantes: el primero es que la acción no reconoce índole ni estéticas: estatuas, monumentos, iglesias, escuelas, sitios públicos en general… Cualquier lugar es bueno para ser dañado. El otro punto a considerar es que estos episodios ya no se limitan solamente a Santa Rosa sino que han comenzado a registrarse en otros lugares de la provincia, más o menos cercanos a la capital. Colonia San José, Catriló, 25 de Mayo, Ataliva Roca han registrado actos de esta naturaleza. Con respecto a esta última localidad llegó a trascender que una discreta condescendencia para con los autores -identificados- le costó un serio disgusto a una autoridad provincial.
La pregunta que surge de inmediato ante estas manifestaciones de saña contra estos espacios públicos es sobre las motivaciones que llevan a los autores a dañarlos o destruirlos a pesar de su condición de patrimonio de la comunidad. Muchos de ellos, incluso, constituyen homenajes a personas o acciones destacadas. El malestar con la sociedad puede tener infinidad de motivos, pero estos casos no parecen obedecer a expresiones de rebeldía o de cuestionamientos de carácter político-social.
Posiblemente -y aquí la palabra corresponde ser otorgada a psicólogos y juristas- habría que indagar por el lado de involucrar a los propis autores en los trabajos de restauración. Ya hay otras acciones delictivas cuyo abordaje se encamina por ese lado.