Inicio Opinion Agroquímicos: ¿a quién le interesa?

Agroquímicos: ¿a quién le interesa?

LA SEMANA PAMPEANA

I – La venta de agroquímicos en la provincia quedará fuera de la ley mañana y, desde el martes no se podrán comercializar en las agronomías del territorio provincial. La noticia se conoció esta semana por una investigación de este diario que reveló lo que desde hacía meses era motivo de gran preocupación en el gobierno de la provincia, ante la inexplicable demora de los laboratorios e importadores de estos químicos por poner en marcha los centro de acopios de bidones que la ley exige.

II – El caso, al contrario de lo que se podría suponer, no parece inquietar a la dirigencia rural pese a que la medida legal de prohibir la venta de fitosanitarios impactará de lleno en la producción agrícola, condicionada tecnológicamente como está, a la aplicación de herbicidas y fertilizantes. No se ha conocido que ninguna de las sociedades rurales de la provincia, tan proclives a salir con los tapones de punta ante cualquier cuestión que afecte sus intereses, haya hecho pública su preocupación por la crisis que sobrevendrá en el manejo de los cultivos sin posibilidad de comprar en la provincia los insumos necesarios.

III – La moraleja del caso parece confirmar lo que los ambientalistas vienen denunciando hace mucho: que a los laboratorios no les interesa la preservación del medioambiente ni se hacen cargo de las consecuencias graves de un mal manejo de los químicos que producen. Porque, como explicó este diario en las notas que se han publicado en la semana, el incumplimiento legal que obliga a La Pampa a prohibir la venta es responsabilidad directa de los «registrantes», es decir, de los laboratorios que producen los fitosanitarios, tanto nacionales como trasnacionales, a quienes la ley impone la responsabilidad de construir Centros de Acopio Transitorio (CAT) de envases vacíos y de darle trazabilidad a los bidones en los que se despacha el producto, de modo de conocer qué cantidad compró un productor agropecuario y cuántos devolvió vacíos. Esos centros no están construidos en la provincia pese al largo plazo de nueve meses que tuvieron para hacerlos. Se trata de simples tinglados de diez por quince metros, abiertos, sin paredes.

IV – Más allá de la actitud indiferente de la dirigencia rural y de la negligencia de los laboratorios, el tema preocupa a la sociedad y al gobierno pampeano tanto que lo incluyó como punto en la convocatoria a sesiones extraordinarias de la Cámara de Diputados para los primeros días del mes entrante. El proyecto de ley que el Ejecutivo provincial enviará la Legislatura tratará el tema de los agroquímicos de manera integral y, seguramente, deberá motivar un amplio debate donde esta actitud negligente de los laboratorios de vender irresponsablemente sus tóxicos productos y desentenderse de reciclar los bidones deberá encontrar una solución «pampeana». Porque la ley nacional ha dejado en una ignota fundación, cara visible de los laboratorios, esa responsabilidad, pero a la vista está que poco le importa el medio ambiente y la salud de los pampeanos pese a tener como nombre «Campo limpio».

V – Una de las soluciones que la ley provincial podría dar a la grave situación que han dejado en la provincia los laboratorios podría ser la de recuperar la potestad lugareña para gestionar estos centros de acopio a cuenta y cargo de los responsables legales. El cobro de un cargo por bidón vendido en la provincia debería servir para financiar el sistema de recolección de bidones que ellos incumplieron.

VI – La nueva gestión en la Municipalidad de Santa Rosa tuvo en la semana un anticipo de que su paso por los despachos de San Martín 50 exigirá del nuevo equipo y de sus responsables políticos toda la atención, la seriedad y la idoneidad que la gravedad de la crisis hídrica merece. Una pequeña lluvia de verano, por encima apenas de lo normal, desnudó que las reiteradas reparaciones del conducto cloacal de la calle Falucho estaban mal hechas. Media docena de veces en los últimos tiempos, ese conducto que viene por la calle Chile y cruza la Uruguay para tomar por Falucho, se rompió y, de acuerdo a los registros periodísticos, fue «reparado». Pero la repetición del episodio deja en claro que las reparaciones estaban mal hechas. Si no, no se hubiera vuelto a romper. ¿Podemos confiar los santarroseños que esta vez la reparación se hará como la ciencia de la ingeniería hidráulica aconseja y no a los ponchazos para salir en los diarios con la foto de la terminación de la «reparación» aunque haya quedado atada con alambres y sea cuestión de tiempo su próximo colapso? (LVS)