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Agujero negro y nauseabundo

No solo en remotas regiones del universo se están pudiendo ver por primera vez agujeros negros. La causa que está en manos del juez Alejo Ramos Padilla y que investiga un entramado de espionaje, extorsiones y operaciones contra dirigentes opositores y empresarios está dejando al descubierto un mundo oscuro de otra naturaleza pero no menos estremecedor.
Que un ministro de Justicia aparezca implicado, junto a un financista fallido, en maniobras destinadas a falsear una acusación judicial contra una expresidenta no es algo frecuente en la política, ni siquiera en la de un país como el nuestro. Sin embargo ahí está el testimonio de Giselle Robles, exabogada de Leonardo Fariña, presentado ante el juzgado de Dolores y ratificado ante el periodismo no oficialista. Robles presentó pruebas: mensajes de Whats App y, lo más impactante, los correos electrónicos que recibió Fariña con las instrucciones sobre lo que tenía que declarar en la causa de «la ruta del dinero K» para involucrar a Cristina Kirchner y exfuncionarios de su gobierno. El cotejo de esos mails con el testimonio de Fariña es impactante: son exactamente iguales. El clima de impunidad era tan alevoso que ni siquiera se tomaron el trabajo de cambiar la redacción o algunas palabras.
La abogada también reveló que mantuvo una reunión con su defendido y, nada menos, el ministro Germán Garavano, para armar la operación. Dijo que el periodista Luis Majul fue el promotor de ese encuentro que no registra antecedentes en los anales de la historia político-policial de nuestro país. La procedencia de los mails se están investigando pero todo indica que habrían salido de la cueva de los espías: la Agencia Federal de Inteligencia.
Pero en esa reunión también ocurrió otra cosa, y mucho más grave. Ante el temor de Fariña por la intervención de un juez que podría no tragarse semejante sapo, el ministro lo tranquilizó prometiéndole que ese magistrado «molesto» sería apartado del camino. Y así sucedió: el juez Carlos Rozansky, del Tribunal Oral Federal 1 de La Plata, fue hostigado hasta forzar su renuncia.
Fariña es el mismo que andaba de gira por los grandes medios oficialistas derramando acusaciones de corrupción contra el gobierno kirchnerista que, ahora se sabe, estaban guionadas desde lo más alto del poder político actual. También se sabe ahora que recuperó la libertad «arrepintiéndose» y declarando lo que le escribían vía mail y que el ministerio de Seguridad le pasa una jugosa mensualidad para alquilar un lujoso piso en una de las zonas más caras de la Capital Federal.
Este entramado pestilente que está saliendo a la luz con la investigación del juez Ramos Padilla no está flojo de papeles como la causa de las fotocopias de los cuadernos, cuyo original nunca apareció porque fue «quemado». Tampoco hay en esta causa aprietes a los encarcelados para que recuperen su libertad «arrepintiéndose» y acusando a quienes de antemano apuntan el fiscal Stornelli y el juez Bonadío, que se apropiaron de la causa sin el sorteo que ordena el procedimiento legal.
Nunca los argentinos tuvieron ante sus ojos una maniobra semejante con tan altas figuras de un gobierno y de su aparato judicial involucradas.