miércoles, 20 noviembre 2019
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Ahora Chile se puso de pie contra el neoliberalismo

SEGUN EL MACRISMO ES UNA CONSPIRACION CUBANA-VENEZOLANA

El aumento del Metro fue la gota que rebalsó la paciencia de los chilenos. No los pudieron parar ni con balas, crímenes, toque de queda, Carabineros y Ejército en las calles.
SERGIO ORTIZ
Lo que los norteamericanos siguen considerando su patrio trasero, está más que alborotado. Se han rebelado varios pueblos; algunos en simultáneo porque hubo coincidencia parcial de la pueblada en Haití contra el presidente Jovenel Moïse y la rebelión popular e indígena de Ecuador contra «Kautsky» Moreno. Ahora es Chile, tras el aumento de 30 pesos en el precio del Metro, pero el vaso ya estaba repleto de sufrimientos luego de políticas del empresario Sebastián Piñera en su segundo gobierno.
Cada lucha es parecida y diferente; por ejemplo la de Ecuador empezó el 1 de octubre cuando Moreno quitó los subsidios estatales a los combustibles, disparando los precios del transporte y un conjunto de precios. Fácil es advertir el parecido con el estallido chileno, comenzado con otro aumento abusivo en el subterráneo.
También se ven las peculiaridades. En Quito la punta la hicieron los transportistas y luego tomaron la posta los movimientos de pueblos originarios. En Santiago de Chile, en cambio, el papel de chispa lo jugaron los estudiantes saltando los molinetes del Metro el 7 de octubre. Al cabo de varios días se convirtió en un movimiento de trabajadores y demás sectores populares urbanos que desembocó en un paro de dos días comenzado ayer y que duraba hasta hoy.
Analizar rasgos en común dentro de la patria latinoamericana, y a la vez diferenciar situaciones atípicas es necesario. En caso contrario se incurre en el dogmatismo y generalidades; en suma sería no entender lo que ocurre a la vista.
Por cierto que Ecuador y Chile se parecen como primos hermanos, y no sólo por tener cordilleras parecidas, que tampoco son las mismas. La semejanza y falta de creatividad, se advirtió en la conducta entreguista y criminal de sus respectivos gobiernos, hermanados por políticas neoliberales.
Tanto Moreno como Piñera emitieron sus inconsultos decretos agravando la carestía de la vida de sus ciudadanos, atacando sus escuálidos bolsillos, buscando créditos del FMI en el primer caso y el favor del empresariado privado en el segundo.
Cuando esas políticas se toparon con la resistencia de los sectores sociales, desde el Palacio de Carondelet y el Palacio de la Moneda salieron idénticas respuestas: anunciaron el «estado de excepción» para suprimir garantías constitucionales y el «toque de queda» para impedir la circulación de personas durante buena parte de las 24 horas.

Los regímenes.
La Defensoría del Pueblo de Ecuador informó que entre el 3 y el 13 de octubre hubo siete muertos en las manifestaciones contra el ‘paquetazo’, el número de heridos se elevó a 1.340 y el de detenidos a 1.152.
En Chile, las cifras del sufrimiento popular eran estas hasta el martes 22/10: quince muertos, 1.420 detenciones (181 son menores de edad) y 84 personas heridas con armas de fuego.
El cobarde Moreno, luego de dar aquellas órdenes, huyó de Quito a Guayaquil; el también cobarde Piñera se quedó en La Moneda, porque los casi 10.000 efectivos militares y de Carabineros .
Estos acontecimientos en nuestra América son muy dolorosos, pero tienen que servir para sacar una conclusión general: si hay políticas de ajuste, entrega y endeudamiento con organismos financieros internacionales, habrá resistencia popular, más temprano o más tarde. Y cuando esos pueblos dicen Basta!, los gobiernos neoliberales se convierten en virtuales dictaduras capaces de matar, herir, detener, violar y muchos crímenes más. Llegados a ese punto, la línea divisoria entre Augusto Pinochet y Sebastián Piñera se vuelve muy finita. Se necesita el VAR para verla.
Y entre ellos se apoyan. Mauricio Macri hizo la apología del gobierno de Chile antes de esta crisis, por ejemplo, en sus encuentros en la Fundación Libertad de Mario Vargas Llosa. Y ya convertida Santiago en un campo de concentración, con muertos y heridos, salieron tres dirigentes macristas a denigrar esa lucha y apoyar al verdugo. Patricia Bullrich justificó los dichos de Piñera sobre que estaba «en guerra» y dijo que era «una insurrección casi terrorista». Miguel Pichetto denunció que allí había una «conspiración cubana-venezolana». Y el canciller Jorge Faurie insistió en que los levantamientos en la región son por una «brisita bolivariana» que traerá hambre y dictaduras.
Hablando de Venezuela, el quinteto más repugnante del Cartel de Lima, integrado por Piñera, Macri, Moreno, Iván Duque y Jair Bolsonazi se la pasaron denunciando supuestas violaciones a los derechos humanos en Venezuela. Contaron con la estimable ayuda de Michelle Bachelet, alta comisionada de DD.HH. de la ONU, con un informe sesgado y en lo esencial falso sobre la realidad venezolana. Los levantamientos en Ecuador y la mayor parte de las 16 regiones de Chile los dejaron en offside pues mostraron cuáles gobiernos violan esos derechos. ¿Cuándo hará Bachelet un informe sobre los crímenes de Carabineros y Ejército en su país?
Volviendo al tema semejanzas y diferencias, como vacuna contra el dogmatismo, todas las situaciones de ajuste son dolorosas. Sin embargo la de Ecuador fue de más corta duración, pues se venía de diez años de gobiernos de Rafael Correa con su progresista Revolución Ciudadana. Lo de Chile es un ajuste de vieja data, desde el pinochetismo y el neoliberalismo de Milton Friedman, hasta gobiernos «democráticos» conservadores, socialcristianos, socialdemócratas de centro-derecha y neoliberales de extrema derecha, como el actual. Es uno de los países más desiguales en el continente más desigual del mundo. ¡Pobre Chile, tan lejos de Salvador Allende y tan cerca de Wall Street! Lo bueno es que el heroísmo juvenil de Santiago prendió fogatas y ese modelo está ardiendo. No son alienígenas, son chilenxs y ningunos huevones.