miércoles, 18 septiembre 2019
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Ajuste y crueldad en la ciudad de Larreta

LA MUERTE SE PASEA POR LAS CALLES DE BUENOS AIRES

Dos custodios matan a un adulto mayor en un súper. Un policía asesina a un joven alcoholizado. Un hombre muere de frío en situación de calle. Larreta calla.
TALI GOLDMAN
Dos chocolates, un queso fresco y un aceite de oliva fueron suficientes para que dos guardias de seguridad privada del supermercado Coto del barrio de San Telmo mataran a golpes a Vicente Ferrer «por robar». Y si se suma que el hombre tenía 70 años y demencia senil, el hecho es aún más cruel. Pero Vicente Ferrer no es solo Vicente Ferrer. También son Jorge Martín Gómez, Pablo Kukok y otras tantas víctimas de un sistema político y económico de ajuste y violencia que tienen nombre y apellido y cuyo destino final no es otro que la muerte. En tiempos de gobiernos neoliberales el valor de la vida parece estar absolutamente distorsionado. Y pese al «palazo» -la frase fue utilizada por el propio Presidente- que significó el resultado de las PASO, la represión y el linchamiento por mano propia siguen siendo banderas que levanta el equipo de Cambiemos de cara a octubre.

Muerto a golpes.
El viernes 16 de agosto Ferrer se había llevado esos productos sin pagar. Dos empleados lo corrieron, lo tiraron al suelo y lo golpearon. Nicolás Ramos, vecino del barrio y fotógrafo volvía caminando a su casa cuando vio a Ferrer tirado en el piso rodeado de policías. El fue quien sacó la foto que luego se replicó en las redes sociales y en los medios en donde se ve a Vicente tirado rodeado por policías y una estudiante de medicina que intentaba reanimarlo. Según el portal Cosecha Roja «Lo primero que pensó Ramos es que le había pegado la policía. Una mujer que trabaja en la panadería le contó lo que había pasado. ‘Me dijo que el señor salió corriendo del Coto y lo persiguieron los de seguridad y un empleado. Al lado de la panadería lo interceptaron, lo tiraron al piso y empezaron a patearlo. El gritaba que no le pegaran. Logró levantarse y se desvaneció; 45 minutos después murió en el Argerich».
Tres días después de aquel episodio -aunque públicamente se conocieron al revés- se vio un video en el que un policía de la Ciudad mataba de una patada a Jorge Martín Gómez, un hombre que se encontraba en supuesto estado de ebriedad y que caminaba sobre la bicisenda de la calle Carlos Calvo en el barrio de San Cristóbal. Las justificaciones de la intervención policial aluden a que el hombre interrumpía el tránsito amenazante con un cuchillo, pero las imágenes, viralizadas en el video contradicen el argumento.
Mientras que familiares de la víctima desmintieron la información policial, el secretario de Justicia y Seguridad porteño, Marcelo D’Alessandro, defendió la actuación del uniformado. También lo hizo la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich: «Cuando un policía termina con una amenaza está haciendo lo correcto, el policía estaba protegiendo a los ciudadanos de una persona que estaba en una situación amenazante y violenta contra los ciudadanos. Uno no puede ver solo el video, sin entender el contexto de que se trataba de una persona que estaba generando una amenaza», dijo.
En Monserrat, el 1(r)¨ de junio pasado, un hombre en situación de calle murió de frío. Lo hallaron en Perú al 400. Los números inidican que las personas en situación de calle no paran de crecer en la Ciudad mientras los sistemas de contención y pernocte se reducen al ritmo del ajuste.
En tanto, el jefe de gobierno porteño, responsable político de la policía, mantiene silencio sobre estos temas. El jueves participó de un evento de entrega de tablets para adultos mayores. Allí habló: «Es importante que las tablets sean una manera de relacionarse y estar en contacto con los otros, por eso vamos a seguir trabajando para que todos vivan mejor en la Ciudad», expresó Rodríguez Larreta. ¢ØA quién excluye el «todos» de Larreta?

Doctrina Chocobar.
El envalentonamiento de la policía, matar literalmente a golpes, no es casual, no es aislado. Desde que el policía Luis Chocobar mató a Pablo Kukoc -un joven de 18 años que le había robado una cámara a un turista en el barrio de La Boca- y fue recibido con honores por el propio Presidente de la Nación se inauguró desde el poder político el aval para que la policía actúe de esta manera.
Para la legisladora porteña Victoria Montenegro, presidenta de la Comisión de Derechos Humanos, «el incremento de la violencia va de la mano de lo que sucede cuando se hace de la violencia una política de Estado y eso hizo este gobierno. Utilizó la violencia y trató de revivir en la sociedad las doctrinas de la época de la dictadura. La idea del enemigo interno, el individualismo y la denuncia permanente representado por ejemplo, en promover líneas de teléfono en donde alguien puede denunciar a cualquiera, con esta idea de que cualquier ciudadano puede ser un buen policía. El único presupuesto que creció en la CABA es el de la seguridad con más cámaras, drones, camiones inteligentes para que la represión sea más efectiva. Pero a contramano, en la ciudad hay cada vez más robos y más situaciones de violencia».

«Vale todo».
Matías Busso y Natalia D’alessandro de la Asociación contra la Violencia Institucional, explican: «debemos tener en claro que el asesinato a golpes por parte de personal de seguridad privada del supermercado Coto tiene responsabilidades políticas. En el Gobierno de la Cuidad debería funcionar la Dirección General Seguridad Privada que tiene a su cargo la regulación y el control de la prestación del servicio de vigilancia, custodia y seguridad privada en el territorio de la Ciudad y que hasta el momento no ha tenido intervención alguna. Además este modelo de ajuste que empuja a un gran porcentaje de los habitantes a la indigencia conforma una situación de hambre estructural». Y agregan: «Desde el momento en que el Presidente recibe a Chocobar fue tomando fuerza el discurso legitimante de la violencia institucional y se transformó en una política de estado. Se tomaron medidas institucionales concretas, como por ejemplo el dictado de la Resolución 956/2018 mediante la que se habilita al personal policial, entre otras cosas, a disparar por la espalda. Este discurso por parte del poder político genera un recrudecimiento de la violencia social a nivel general. Se genera un clima en el que cualquier medio es adecuado para defender ‘lo nuestro’, un ‘vale todo’, se refuerza la idea de los otros como peligrosos, como enemigos». (Extractado de El Destape).