Al rescate de los clubes de barrio

Sin temor a exagerar se puede decir que la Cooperativa Popular de Electricidad de Santa Rosa no solamente surgió de la entraña del pueblo sino que fue forjando una mentalidad de lucha y sana ambición por empresas que hacen al beneficio popular. Así concretó múltiples acciones en campos muy diversos, a veces enfrentando a fuerzas poderosas y negativas que nada sabían ni les importaba del ideal cooperativo.
Pero lo que también se debe reconocer es que formó gentes y conductas, varios de los cuales dejaron una huella honda en la memoria de la ciudad. En esa tesitura se pueden ubicar los recientes y explícitos motivos del presidente al completar un nuevo ciclo quien, con sus siete décadas de vida, ha sido claro en una notable carta dirigida a todos los asociados de la entidad en la que, después de realzar el carácter colectivo y solidario de la empresa, señala que abandona el cargo “no por cansancio, razones de salud o conflicto alguno. Sencillamente la convicción de que es necesario el traspaso generacional. Y que todo ha sido dispuesto y ordenado para que alguien que esté preparado me suceda”.
Esas palabras son, por cierto, meritorias, especialmente en un tiempo donde es común que, más allá de sus edades y valores, suele ser muy común que se cultive e impulse una especie de gerontocracia que frustra y desgasta a las nuevas generaciones. El campo político abunda en ejemplos al respecto.
Así entonces la dignidad de este retiro no puede menos que ser elogiada porque, simultáneamente con la persona, dignifica a la institución que la prohijó.
Después de dos años de retrocesos y negación de su importancia social, los clubes de barrio de la ciudad de Buenos Aires parecen recuperar su importancia, en parte al menos, si se concreta un proyecto presentado en la legislatura porteña; a través del mismo se busca “entender a los Clubes de Barrio como aquellas instituciones que cumplen un rol fundamental en la estructuración de nuestra sociedad, promoviendo el acceso al deporte, a la cultura, a la educación, al espacio público, al encuentro colectivo”. La idea recalca también la importancia de los clubes en la perspectiva de género y la integración femenina.
Aunque los propósitos no son novedosos aportan sí, algo de aliento a ese sector, inexplicablemente castigado por el gobierno desde que asumió el macrismo; los aumentos en alquileres, gas y consumo eléctrico habían arrinconado económicamente a instituciones tradicionales, casi centenarias algunas de ellas, que cumplían una innegable y positiva función social.
La noticia trasciende su condición local y apunta a la perspectiva del interior del país, donde son muchas las instituciones de carácter humilde nacidas al calor de la solidaridad y que persisten en su perduración, cumpliendo un rol social no siempre debidamente valorado. Esta suerte de recapacitación sobre necesidad y función surgida en la Legislatura porteña merece concretarse para, por su natural trascendencia, apuntalar a sus similares del resto del país.