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Alberto, Lula, el odio y dos frases

«Yo sé que a los que están mejor les duele que les pida más esfuerzo». La frase, tan certera como inusual, fue pronunciada por el presidente Alberto Fernández en un pequeño pueblo del Chaco e invita a la reflexión. Es evidente que el rumbo adoptado por el nuevo gobierno disgusta sobremanera a un entramado de intereses políticos, económicos y mediáticos, pero además confronta con una suerte de sentido común muy extendido entre los estratos medios y altos de la sociedad.
Con el objetivo de reparar el tremendo daño social y económico que provocó el macrismo, Alberto Fernández propuso un paquete de leyes y adoptó una serie de medidas que apuntan a repartir en forma más equitativa el esfuerzo que debe hacer toda la sociedad. Hay una tarea urgente que no admite postergaciones: combatir el hambre, la pobreza y el desempleo, tres flagelos que el cuatrienio neoliberal de Mauricio Macri elevó por las nubes. Casi el 10 por ciento de los argentinos es indigente, es decir, se alimenta mal o pasa hambre; más del 40 por ciento de los argentinos cayó en la pobreza, y la desocupación se duplicó bajo el gobierno anterior. La emergencia social no es un eslogan ni tampoco una excusa para aplicar un «impuestazo contra los ricos» como aviesamente plantean los periodistas de los grandes medios porteños.
A propósito de las campañas mediáticas, en las últimas horas esa prensa tan oficialista con Macri y tan opositora con Fernández, le dio gran difusión a un mensaje de Twitter que publicó una persona que dice ser jubilada. «Ley de solidaridad con plata ajena», twiteó, en repudio a los cambios impositivos que promueven un mayor esfuerzo económico a los que tienen mayor capacidad contributiva. Que entre millones de twits que circulan todos los días en las redes los diarios porteños haya elegido a este para destacar habla a las claras del visceral rechazo de los sectores más poderosos a un gobierno que se atreve a impulsar una reforma tibiamente progresiva.
La misma furia se advirtió en el tratamiento de la Ley impositiva de la provincia de Buenos Aires, la cual finalmente fue aprobada con los cambios que le introdujo el Senado, en donde el macrismo tiene mayoría. Esas modificaciones la volvieron menos equitativa porque redujeron los aumentos que contemplaba el proyecto del gobernador Axel Kicillof para los impuestos que pagan los sectores urbanos y rurales más acaudalados. Tales cambios regresivos fueron festejados por la derecha macrista y la prensa concentrada, una alianza que comenzó a operar apenas asumió el gobierno del Frente de Todos y no hace falta ser muy perspicaz para anticipar que seguirá funcionando a pleno en su rol opositor.
Una vez más queda al descubierto que las fuerzas políticas y mediáticas de la derecha no hacen más que exacerbar la codicia y la insensibilidad frente a las necesidades de millones de compatriotas que cayeron sin red en el pozo de la pobreza y el desempleo. Y también que saben utilizar mejor que nadie el odio como herramienta política. No en vano el expresidente de Brasil, Lula da Silva, expresó no hace mucho tiempo: «Nunca pensé que poner un plato de comida en la mesa del pobre generaría tanto odio».