¿Alguna vez EE.UU. respetará la legalidad internacional?

CUBA LOGRO SU VICTORIA NUMERO 26 EN LA ASAMBLEA DE ONU

La serie de votaciones contra el bloqueo estadounidense a Cuba comenzó en 1992. Ayer se produjo en la Asamblea General de la ONU la vigésimo sexta victoria cubana por amplísimo margen. De todos modos EE.UU. aclaró que seguirá con esa medida ilegal.
EMILIO MARIN
El 1 de noviembre fue de alegría para Cuba y su delegación en Nueva York. Las pantallas de la Asamblea General reflejaron la votación sobre la Resolución 71/5, “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los EE.UU. contra Cuba”. Es que 191 países votaron a favor de la isla y apenas 2 en contra: el imperio e Israel. Cero abstenciones, como para corroborar que todo el mundo tiene una posición tomada, con una abrumadora mayoría que respalda a la Patria de José Martí.
Sobre los 193 miembros de la ONU, solamente dos votaron contra Cuba; el agresor y su aliado, con un prontuario criminal en Medio Oriente y otras latitudes. Como Palestina sólo está como “observador”, su voto no fue contabilizado. Sería el voto 192, pero en Naciones Unidas se aplica eso de que “son todos iguales pero hay algunos más iguales que otros”.
Otra obviedad es que no todas las naciones que levantan la mano por Cuba lo hacen por afinidad política. Hay muchos que sí, como China, Vietnam, Angola, Sudáfrica, Venezuela y Bolivia. Evo Morales tuitteó: “El criminal bloqueo no ha impedido que Cuba sea un ejemplo de solidaridad. ¡Viva Cuba! Honor y gloria a Fidel”.
El resto de las representaciones no se guían por esos principios sino por sus intereses, comerciales y económicos, aunque también tienen criterios más legales. Están en contra de la extraterritorialidad que los norteamericanos le imprimen al bloqueo, con lo que penalizan a terceros países por comerciar con La Habana, proscriben a barcos que pasen por allí, sancionan a bancos internacionales por tramitar alguna operación cubana, impiden importación de productos que tengan algún componente cubano, etc.
Ese aspecto ilegal e injerencista en la vida de otras naciones, explica que la solicitud cubana cada año en la ONU haya tenido más adherentes. No es que la Unión Europea y sus 28 estados miembros se hayan convertido al socialismo. Nada de eso. Quieren hacer sus negocios, a veces al margen de EE.UU., y no quieren ser tratados como si fueran su estado número 51.

Estaba cantado, con Trump.
El 26 de octubre del año pasado, en las postrimerías del mandato de Barack Obama -quien había iniciado en diciembre de 2014 un leve deshielo de las relaciones con la Mayor de las Antillas-, el imperio se abstuvo. No le pareció votar igual que todos los años anteriores, pues el ex presidente había admitido que el bloqueo había fracasado.
En esos dos años, relativamente promisorios, aunque con más promesas que realidades, EE.UU. y Cuba habían reanudado sus relaciones diplomáticas en julio de 2015 y firmado 22 acuerdos que aumentaban los viajes a la isla, inversiones en telecomunicaciones, cruceros y líneas aéreas, temas migratorios, oceanográficos y otros.
La asunción de Donald Trump el 20 de enero de este año barrió con ese débil legado de su antecesor. En junio firmó una orden ejecutiva en el teatro Manuel Artime, de Miami, revocando aquellas políticas y prometiendo recrudecer el bloqueo, con el verso que en Cuba no hay democracia ni se respetan los derechos humanos. La cloaca de Miami desbordó con la execrable mafia cubano-americana del senador Marco Rubio, la representante Ileana Ros-Lehtinen y los resabios del terrorismo que condujo Luis Posada Carriles, responsable de la bomba en el avión de Cubana que en 1976 cayó en Barbados y causó 73 muertos.
Estaba cantado qué votaría ayer la representación estadounidense en la ONU. Si había alguna duda se fue despejando desde agosto, cuando el Departamento de Estado decidió expulsar a 17 diplomáticos cubanos bajo acusación que en su embajada en El Malecón el gobierno cubano había provocado “daños sónicos” o auditivos a su personal diplomático. La especie fue desmentida por Cuba, tras una prolija investigación, donde ratificó que protege a los diplomáticos de todos los países de acuerdo a la convención de Viena. En el programa Mesa Redonda Informativa hablaron especialistas a cargo de esa investigación, y demostraron que se trataba de un invento yanqui, inexistente e indemostrable. Su finalidad era envenenar las relaciones bilaterales que apenas habían cumplido dos años.
Esa misa en escena preparaba el terreno para que no fuera tan condenable el voto estadounidense de ayer. Lo fue de todas maneras. Además la representante de USA, Nikki Haley, provocó a la ONU al decir que sus miembros pierden el tiempo al querer aprobar la resolución cubana, además de lanzar diatribas contra la Revoluciones cubana y bolivariana. Ella reconoció que su país se ha quedado solo en la oposición a la resolución, pero igual votó en contra.

Dime con quién andas…
…y te diré quién eres. El dicho sirve para cuestionar a la superpotencia que mantiene frentes de guerra en Irak, Afganistán, Siria y amenaza con borrar del mapa a la República Democrática Popular de Corea. Que continúa el bloqueo contra Cuba y las maniobras golpistas contra el gobierno de Nicolás Maduro que provocaron 137 muertos desde abril pasado.
De EE.UU. se pueden decir muchas cosas, como las que planteó Rodríguez Parrilla, cuando le espetó que esa potencia no tiene ninguna autoridad moral para cuestionar a Cuba. “Preside un gobierno de millonarios destinado a aplicar medidas salvajes contra las familias de menos ingresos y los pobres de este país, las minorías y los inmigrantes. Sigue un programa que alienta el odio y la división. Pregona un peligroso excepcionalismo y supremacismo, que disfraza de patriotismo y que provocará más violencia”. El cubano siguió pegando: “el uso de la tortura, el asesinato de afroamericanos por la policía, las muertes de civiles por sus tropas, el uso indiscriminado y racialmente diferenciado de la pena de muerte, y la represión y vigilancia contra los migrantes”.
Se entiende el acompañamiento de Israel. Es el Estado que ocupó territorios palestinos, jordanos, sirios, libaneses y egipcios tras la guerra de 1967 y no devolvió lo sustancial. El que mantiene el bloqueo por tierra y mar a Gaza, dos por tres bombardeada e invadida. Hizo el muro del apartheid en Cisjordania, también rechazado por la ONU; su Comisión Económica y Social para el Asia Occidental (Cespao) afirmó en un informe de febrero de 2017 que “Israel ha establecido un régimen de ‘apartheid’ que somete al pueblo palestino en su conjunto”.
Esas son las cataduras morales de los dos votantes a favor del bloqueo…

Datos contundentes.
Mientras Trump ataca con patrañas como los daños acústicos y sónicos en su embajada, el gobierno de Raúl Castro expuso verdades en la ONU. Había presentado en junio pasado el Informe sobre los daños del bloqueo, desde que fue impuesto en forma total por la administración Kennedy el 7 de febrero de 1962. A precios corrientes el daño directo fue de 130.178 millones de dólares, cifra que aumentaría a 822.280 millones si se cuenta la depreciación de la moneda norteamericana frente al oro. Como sea, una enormidad, que provoca graves dificultades al país en su desempeño económico y sobre todo carencias y sufrimientos a su pueblo en áreas como la salud.
En la actualización del informe a esta 72ª Asamblea General de la ONU, se recalcó que entre abril de 2016 y junio del presente año los daños fueron de 4.305 millones de dólares.
Como planteó el canciller cubano, no se trata sólo del daño en la balanza comercial, los sobreprecios que deben pagar para traer desde mercados lejanos productos que podría adquirir a 90 millas, y el impacto que tienen en la población. Junto con eso, denunció, se quiere apartar a Cuba del mundo, impedir su acceso a nuevas tecnologías y a inversiones que el país necesita para su plan Nacional de Desarrollo, en el marco de la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible.
El afectado no se queda de brazos cruzados. Justo cuando se votaba en Nueva York sobre el bloqueo, avanzaba la Feria Internacional de La Habana (Fihav) con 3.400 expositores de 70 países. En ese marco el ministro de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, Rodrigo Malmierca Díaz, informó que la Cartera de Oportunidades de Inversión Extranjera 2017-2018 tiene 456 proyectos por un monto de 10.700 millones de dólares. El núcleo sigue siendo la Zona Especial de Desarrollo Mariel (ZEDM), aunque están distribuidos por todo el país y abarcan los rubros turismo, agroforestal, alimentario y azucarero, las energías renovables, la construcción, etc.
Cuba no espera peras del olmo, siembra perales. Pero hay que preguntarse si alguna vez, al margen del energúmeno presidente Nº 45, EE.UU. respetará mínimamente la legalidad de 26 votaciones de Naciones Unidas. No lo tiene en su agenda. Aunque estos no sean los tiempos políticos más adecuados, hay que debatir en el Movimiento de Países No Alineados, el “G77 más China”, el Brics y el ALBA, cómo implementar en la práctica esa votación de ayer. No puede quedar solamente en el papel.
El Consejo de Seguridad debe tratar el desacato yanqui a las resoluciones de la Asamblea General. Alguien tiene que golpear con su zapato en el pupitre, como atribuyen al soviético Nikita Kruschev haberlo hecho en la Asamblea de octubre de 1960.