Inicio Opinion Alí y Stevenson, dos boxeadores legendarios

Alí y Stevenson, dos boxeadores legendarios

PUNTO DE VISTA

JOSE VERDUM
Junio es un mes significativo para los amantes del boxeo, del buen boxeo. El 3 de junio de 2016 moría en los Estados Unidos Muhammad Alí (nacido Cassius Clay), autoproclamado «el más grande» y con posibilidades ciertas de haberlo sido. En 2012, el 11 del mismo mes, fallecía en Cuba el único capaz de disputarle aquella grandeza boxística: Teófilo Stevenson.
A ambos se los recuerda en su estilo elegante, desplazándose por el ring con una izquierda constante y una derecha implacable. Sin embargo, mucho más allá de sus aptitudes técnicas, ambos son recordados por sus actitudes profundamente humanas, poco o nada comunes en un mundo regido por la violencia arriba y abajo del cuadrilátero.
En 1966, cuando la canallesca guerra de Vietnam, Alí se negó a incorporarse al ejército de los Estados Unidos. Ya había adquirido sólidas concepciones religiosas y políticas, especialmente contra la discriminación que sufrían los de su raza en el país. Ello le valió que ese mismo año la Comisión Atlética del Estado de Nueva York le quitara su título mundial y la licencia de boxeador por negarse a prestar servicio en la contienda bélica, títulos que más tarde recuperara.
Por encima de sus altos méritos boxísticos, su coraje cívico quedó expresado en una frase famosa: «No tengo nada contra los vietnamitas. Ninguno nunca me llamó negro de mierda».
El cubano Teófilo Stevenson, al igual que Alí, también provenía de una familia humilde. En los años setenta tuvo su auge y se lo reconoció como el más grande boxeador de la historia en la categoría de aficionados y le dio prestigio a su país en un tiempo en que la pequeña isla estaba acosada por los Estados Unidos.
El boxeo del capitalismo vio de inmediato en él un posible rival de Alí y comenzó a organizar lo que llamó «la pelea del siglo»; Stevenson recibió una oferta de varios millones de dólares, con lo que esa suma significaba medio siglo atrás. La respuesta del cubano quedó, también, como un hito en la dignidad humana de un boxeador excepcional: «No cambiaría un pedazo de la tierra de Cuba por todo el dinero que podrían darme; no abandonaré a 11 millones de habitantes por un millón de dólares», dijo
Estos hombres, excepcionales atletas y ejemplos morales para sus pueblos llegaron conocerse durante una visita que Alí, hiciera a Cuba, ya retirados ambos. Seguramente en sus charlas debieron coincidir que, por encima del deporte y el dinero, debe estar la dignidad.