¿Alianza para revivir golpes de Estado?

EE.UU. YA NO OCULTA SU INTENCION DE ATACAR A VENEZUELA

El belicismo está en el ADN de EE.UU. como lo prueba la historia de América Latina y, más recientemente, la
de Medio Oriente. Las bases militares en Colombia.
OTTO HIGUITA
En Latinoamérica hace mucho no se producen guerras binacionales. Sí hubo guerras civiles internas a partir de los golpes de Estado que impusieron dictaduras cívico-militares dirigidas por EE.UU. entre 1950 y 1980, con el objetivo de frenar los movimientos políticos contrarios a sus intereses estratégicos y articular el continente a la disputa global entre el campo socialista y el capitalista durante la Guerra Fría.
Sin embargo, los ejemplos más recientes de agresión militar e invasión directa los tenemos en Nicaragua y Panamá. A Nicaragua le impusieron una guerra civil, o guerra de los Contras, tras el triunfo de la Revolución Sandinista en 1979 contra la dictadura de Anastasio Somoza, quien contaba con el apoyo de EEUU. Minado desde adentro y afuera, el gobierno sandinista fue obligado a transferir el poder en 1990 luego de elecciones impuestas, a Violeta Chamorro, para la “transición democrática”.
Panamá fue invadida en 1989 por 26 mil soldados de EE.UU. La excusa fue que Manuel Noriega, quien había sido agente de la CIA, se había convertido en una amenaza para la seguridad de Wasghington. Luego de una masacre fue acusado de narcotraficante y extraditado. Para muchos analistas la razón de fondo de la invasión fue recuperar el control sobre el Canal de Panamá, que había sido devuelto al país luego de los tratados Torrijos-Carter.

El mismo modelo.
Ahora bien, el modelo que sigue en estos momentos EE.UU. con el fin de derrocar el gobierno legítimo de Venezuela, es el que ha seguido en Medio Oriente. De hecho, en siete países de esta región y Africa, Washington lleva a cabo operaciones militares directas. La invasión a Irak en el 2003 causó 650 mil muertes según la revista británica The Lancet. No se conocen con precisión cifras de destrucción y muertes en Afganistán, Libia, Yemen, Somalia, Níger y Siria. No obstante, Irak sigue en medio de una crisis y violencia que no ha cesado, fue completamente destruido y su petróleo subastado a las potencias que invadieron. Poco o nada de las promesas de paz y prosperidad.
La excusa para invadir es que se trata de regímenes terroristas o que apoyan el terrorismo, y es prácticamente el mismo modelo, con ligeras variaciones, el que imponen en el resto del mundo. El caso más emblemático fue Osama Bin Laden, que pasó de ser agente de la CIA al peor terrorista y enemigo público. Para lograr su objetivo de cambiar un gobierno no sometido a su control por uno sometido, generan una gran matriz de opinión con mentiras y falsas noticias. En el caso de Irak, repitieron miles de veces que Sadam Hussein poseía armas de destrucción masiva, lo que resultó en un completo engaño. Al mismo tiempo, crearon gobiernos “paralelos” dentro o fuera del país, con dirigentes dóciles que compartían los mismos intereses de EE.UU y sus aliados.
Con Venezuela han intentado varias estrategias, como el golpe “blando” para desestabilizarla, apoyando una oposición golpista y violenta que prende fuego a los “sospechosos” de ser simpatizantes del gobierno, incendia hospitales, ataca escuelas, quema vehículos públicos, agrede directamente a las fuerzas armadas y los cuarteles, como se ha visto en las guarimbas de los últimos años. Como no les fue bien cambiaron la estrategia.

Patrañas y mentiras.
Luego del reconocimiento a Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional, quien concertó los pasos a dar con su protector Donald Trump, un acto considerado traición a la patria en muchos Estados, este se autoproclamó “presidente interino” y a Nicolás Maduro lo calificó de “usurpador” e “ilegítimo”, patraña y mentiras difundidas y repetidas por la matriz de opinión internacional que apoya el golpe. De hecho, se adelantaron las elecciones presidenciales para el 20 de mayo de 2018 a petición de la oposición, es decir, antes del 10 de enero de 2019 como lo establece la Constitución venezolana. Los resultados le fueron adversos a la oposición a pesar que participaron seis candidatos. Nicolás Maduro fue elegido presidente por el 67,84% de los votantes.
Con la autoproclamación de Guaidó vino automáticamente su reconocimiento por el Grupo de Lima, países cuyos gobiernos de derecha se alineraron inmediatamente con el golpe que lidera la potencia imperial. Mientras, el “presidente” impuesto ha seguido perfectamente el juego, como un verdadero títere. “Imparte” órdenes nombrando embajadores, pide a otras potencias que retengan los activos de empresas venezolanas, desconociendo y violando completamente las reglas y compromisos del derecho y tratados internacionales.
La otra arma con que cuenta la oposición golpista y EE.UU. es el aislamiento y ahogo de Venezuela, como lo ha hecho con Cuba por seis décadas sin resultados, impidiendo la compra de medicamentos, alimentos, bloqueando sus cuentas en el extranjero, como el Banco de Inglaterra que se niega a devolver oro por valor de 500 millones de dólares, y más recientemente, el Departamento del Tesoro anunció el congelamiento de 7.000 millones de dólares de PDVSA.

Colapso regional.
Lo que más preocupa de una agresión directa a Venezuela son las consecuencias. Se trataría de una confrontación bélica que involucraría otros países, como Colombia y Brasil, cuyo presidente Jair Bolsonaro ha aplaudido los golpes militares y las dictaduras en el continente y está a favor de derrocar el gobierno de Venezuela.
Una guerra podría provocar un colapso del sistema regional, y Colombia está metida de pies y manos en el plan para derrocar un gobierno con el cual tiene profundas diferencias. Eso la ha llevado a ser proactiva con el golpe de Estado, reconociendo a Guaidó como “presidente”, al embajador que éste acaba de nombrar ilegalmente violando normas del derecho internacional, los protocolos diplomáticos, el orden jurídico interno, la soberanía y el derecho que le asiste a Venezuela a resolver, sin injerencia alguna, sus problemas internos.
EE.UU. posee siete bases militares en Colombia, lo cual le facilitaría un apoyo no solo logístico sino movimiento de tropas hacia la frontera con Venezuela. Ya el halcón de la guerra John Bolton dejó ver la intención que tienen cuando escribió en su libreta: 5.000 tropas a Colombia. (Extractado de Rebelión).