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Amenazas y una tensa espera

Como una ola de violencia incomprensible los femicidios cubren el país. No se trata de una mera imagen literaria: las muertes de mujeres parecen no detenerse en toda la geografía argentina, y frecuentemente con caracteres de horror que consternan. Decir que viene registrándose un femicidio diario desde que comenzó el año inhibe de cualquier otra forma expositiva.
Este espanto, que hasta no hace mucho tiempo crecía en forma menos visible en una sociedad con fuertes rasgos machistas, presenta muchos casos como evidencia, aunque quizás los más perturbadores sean los de las cuatros mujeres desaparecidas en los últimos años en una misma zona de la provincia de Córdoba, de las que poco o nada se sabe.
Esa ola sangrienta, que también reconoce ejemplos en nuestra provincia, pareciera amagar con un resurgimiento entre nosotros con un caso que, por sus características, se diferencia pero al mismo tiempo tiene raíces similares a otros sucedidos. Es el que aflige a una docente de Caleufú, ya conocido por su trascendencia en los medios: un condenado, con prisión efectiva hasta hace pocos días, expresó sin vacilación su intención de matar a la mujer con la que convivía y había tenido una hija. El mensaje fue tan claro como escalofriante: «cuando salga te mato, no tengo nada que perder». Semejante amenaza se condice con su personalidad violenta, ya que carga encima con no pocos antecedentes de agresiones.
La mujer amenazada, como lo expresó en las redes sociales y a través de una entrevista en Radio Noticias, vive un calvario. El relato de su historia es un compendio del sufrimiento que padecen tantas mujeres cuando se encuentran sometidas en un entorno de violencia verbal y física. Una de sus frases es reveladora: «Tendré que irme del pueblo para que este tipo viva acá o tendré que esperar a que venga y me mate».
La cercanía en el tiempo del asesinato de Ursula Bahillo, ocurrido en Rojas, provincia de Buenos Aires, no hizo más que añadir zozobra. En ese caso la joven fue asesinada por su ex pareja, a quien había denunciado varias veces por episodios de violencia y amenazas. El homicida -al igual que en el caso pampeano- había anticipado la voluntad de cometer el crimen, y así y todo las estructuras de protección por parte del Estado no funcionaron en absoluto y la muchacha murió asesinada. El horrendo suceso tuvo repercusión nacional y despertó una ola de reclamos en favor de acciones preventivas más eficaces y rápidas.
Este brutal antecedente y la situación de vulnerabilidad que presentaba el caso de la docente pampeana despertó la inmediata solidaridad de grupos de mujeres que se movilizaron tanto en Santa Rosa como en General Pico. También sirvió para que comenzaran a moverse los mecanismos judiciales de protección. Los jueces intervinientes decidieron prorrogar el encierro del amenazador mediante el dictado de la prisión domiciliaria. Poco antes habían establecido una restricción de acercamiento, la entrega de un dispositivo electrónico y una guardia policial.
El próximo viernes será un día clave, ya que se hará un reexamen del caso para definir la situación.