Inicio Opinion Año Nuevo y problemas viejos, ¿habrá soluciones?

Año Nuevo y problemas viejos, ¿habrá soluciones?

LA SEMANA POLÍTICA

Ya empezó el esperado 2021. Como el año que se fue estuvo lleno de problemas, la esperanza es que el nuevo sea mejor. Depende de la política. Sino estará vigente lo del «futuro llegó hace rato, todo un palo».

SERGIO ORTIZ

No se cita a Redonditos de Ricota por amor al rock, que también existe, sino a modo de advertencia. El calendario no cambiará mágicamente los problemas heredados del maldito 2020. Depende de la lucha política y las soluciones que aporte la ciudadanía movilizada y si el gobierno nacional atiende o no esas reclamaciones, aún embozadas por el Covid-19.
El fin de año trajo al menos dos regalos que no cayeron del cielo (para los fernandistas fueron tres, incluyendo uno que no es, de la fórmula para jubilados).
Esas cosas positivas sucedieron por los reclamos y movilizaciones de la sociedad, en un caso de las mujeres, durante años, y que el gobierno acompañó con firmeza. Así fue como el 30 de diciembre el Senado votó por 38 a 29 la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. O para decirlo más llanamente, la legalización del aborto.
En ese caso se ve con meridiana claridad cómo deberían ser las cosas si se quieren alcanzar metas similares de solución de la crisis económica, el fin del endeudamiento ilegal con el FMI, la recuperación del comercio exterior para el Estado y otras asignaturas básicas pendientes. Primero la reivindicación y movilización política y social, y luego el gobierno acompañando ese movimiento. Así fue en la causa defendida por los pañuelos verdes y no ocurrió igual en la frustrada expropiación de Vicentín.
Nunca las cosas son perfectas. La ley votada tiene concesiones que se apartaron de la propuesta de la Campaña Nacional por el derecho al aborto. Por caso, la concesión de «la objeción de conciencia» no sólo a médicos individuales que no quieran practicar el aborto sino institucional: las clínicas privadas podrán derivar la paciente a otro lugar.
De todas maneras la votación en el Senado fue una victoria con sabor a revancha, al dar vuelta el resultado adverso de 2018. Lo habían enseñado las Madres de Plaza de Mayo 40 años atrás: «la única lucha que se pierde es la que se abandona». Las mujeres y diversidades no la abandonaron.
Por supuesto habrá que luchar contra el bando retrógrado con olor a incienso que quiere judicializar la flamante ley. Ya dijeron que lo harán. Y tanto o más peligroso que eso serán las maniobras, sobre todo en las provincias con más peso de esa derecha primitiva, para retardar ese derecho conquistado. Habrá muchas chicanas, trámites burocráticos y presiones sobre las mujeres que necesiten abortar.
El aborto está permitido total o parcialmente en la mayoría de los países. Los únicos que lo prohíben en todas sus formas son República Dominicana, El Salvador, Haití, Honduras, Nicaragua, Andorra, San Marino, Surinam y Malta. Argentina puso más distancia con esa runfla vaticana del aborto clandestino, con aguja y perejil.

La vacuna.

La otra muy buena noticia del año que se extinguía como pidiendo disculpas fue el inicio de la vacunación con la Sputnik V. Lo es objetivamente porque abre mayor esperanza a contener este rebrote de coronavirus que volvió a alarmar al país, la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano. Como lo han advertido los especialistas, el inicio de la vacunación no supone una solución. Otra vez, y especialmente en la salud, la magia no existe.
Esos profesionales han insistido en que hay que cuidarse y la realidad indica que mucha gente, no digamos toda, no se cuida. Una mezcla de soberbia, indisciplina, tilinguería e ignorancia, en grados diferentes según las franjas etáreas y clases sociales, hace que sobre el final del año volvieran las aglomeraciones e incluso fiestas clandestinas y otras no tanto. Se hace la salvedad, explícita, de la gente humilde y trabajadora que debió salir y moverse buscando un trabajo que no tiene o un mango que tampoco tiene, más luego de la abrupta finalización de los programas sociales como el IFE que antes beneficiaba a 9 millones de personas.
En la última semana de diciembre, en dos días hubo cerca de 23.000 contagios y más de 300 muertos. La ciudad de Buenos Aires el último día del año registró 2.146 contagios, cuando el día anterior habían sido 1.688. Es muy posible que con motivo de las juntadas de las fiestas de Fin de Año esos contagios hayan subido, lo que motivó nuevas reuniones del presidente Alberto Fernández con su «amigo Horacio» Rodríguez Larreta y Axel Kicillof.
En ese marco, que el 24 de diciembre arribaran desde Moscú 300.000 dosis de la vacuna y que cinco días después comenzara a vacunarse en las provincias el personal sanitario, fue muy bueno. Por cierto, sin exagerar porque aquella partida inicial es pequeña y habrá que aguardar para ver si se cumple la promesa del gobierno de que recibirá 10 millones de vacunas en enero. En principio suena exagerado, pero ojalá sea cierto.
Aún así, con 20 días entre una dosis y la segunda, más 40 días de espera para generar los anticuerpos, eso da la pauta de que aún los primeros grupos que tengan la suerte y el turno de vacunarse, deberán seguir cuidándose dos meses más para no engrosar la cifra de los 43.000 muertos argentinos.
Ojalá llegaran otras vacunas además de la rusa. Pero la china de Sinopharm recién comienza ahora a usarse para 3 millones de sus ciudadanos, que son 1.400 millones. Y es muy probable que demore en tener cantidades para repartir por el mundo, si bien a diferencia de las potencias imperiales que buscan acumular vacunas y ganancias, el presidente chino Xi Jinping aseguró en mayo pasado y ratificó hace poco que las vacunas de su país serán un «bien público global».
No es ese el criterio de Pfizer, según declaraciones coincidentes del ministro Ginés González García y el doctor Jorge Rachid, asesor del gobernador Kicillof. Ellos denunciaron que aquéllos mercantilistas «made in USA» reclamaron a nuestro país una nueva ley, con más garantías de impunidad en caso de problemas ocasionados por su vacuna. Rachid incluyó que habrían solicitado hasta garantías de glaciares…
La epidemia está lejos de haber sido conjurada. Los argentinos, siempre tan eurocéntricos, esta vez deberían mirar a Europa para tener una idea aproximada de la peligrosa perspectiva de 2021.

La injusticia.

La ley del aborto y el inicio de la vacunación fueron dos bonitos goles. Los panegiristas de Alberto Fernández incluyeron un tercero, que no fue, aunque lo cobraron como válido en los círculos de Cohetes, Páginas y C5N: la nueva fórmula de movilidad para jubilados, pensionados y programas sociales.
Esa ley es un avance en comparación con los aumentos por decreto que dispuso Alberto Fernández durante un año. El problema de la nueva norma es que no contempla la inflación, en un país donde en 2020 los precios aumentaron un 35 por ciento.
La nueva fórmula utilizará 50 por ciento del índice de aumento salarial medido por el Ripte o el Indec, según resulte más favorable, y otro 50 de la recaudación de Anses. Su carta de presentación es que funcionó durante la mayor parte de los dos períodos de Cristina Fernández de Kirchner.
A favor de esa experiencia pasada, es que salvo dos años, fue un período de aumento del Producto Bruto Interno, con salarios actualizados e incluso que le ganaban por algunos puntitos a la inflación.
En cambio, ahora esa perspectiva de crecimiento es muy dudosa. En lo inmediato no tanto porque después de haber caído tan hondo en 2020 algún rebote habrá, de 5 puntos o más. El problema es que este capitalismo dependiente sigue rogando que los pulpos exportadores liquiden sus ventas. No lo hacen y no tanto por la combativa huelga de 21 días de los aceiteros que les dobló el brazo, sino por sus presiones devaluatorias.
Las tarifas van a aumentar en marzo: más combustible para la inflación de 2021, que Martín Guzmán estimó en el 29 por ciento, aunque es probable que se quedara corto.
Ni hablar cuándo se reanuden los pagos de la deuda externa a BlackRock, demás privados y al FMI, por miles de millones de dólares anuales.
En un escenario intermedio, ni muy bueno ni catastrófico, el Estado no tendrá demasiados recursos y la inflación morderá salarios y jubilaciones. ¿Es de muy mal pensado creer que ese límite a las jubilaciones fue puesto para hacer buena letra en la negociación con el FMI?
La ley tampoco arbitra ningún medio para reponer pronto a jubilados el 20 por ciento que les robó Mauricio Macri.
El partido se puso entonces 2 a 1. Y lamentablemente terminó 2 a 2 porque el 30 de diciembre el juez Daniel Obligado resolvió que Amado Boudou vuelva a prisión por la condena del caso Ciccone. Un nuevo ejemplo de que ese ex vicepresidente, Milagro Sala, Luis D’Elía, Sebastián Romero, Julio de Vido, Fernando Esteche y otras víctimas del lawfare y la Mesa Judicial seguirán en la cárcel o con domiciliaria. ¡Ellos están presos y Macri y su banda en libertad!
María Elena Walsh cantaba: «Me dijeron que en el Reino del Revés, nadie baila con los pies, que un ladrón es vigilante y otro es juez y que dos y dos son tres». Tal cual. El país del revés.
Habrá que cambiar la actitud concesiva y resignada. De lo contrario el 2021 no tendrá nada de nuevo. Será como lo anticipó Patricio Rey: «El futuro llegó hace rato, todo un palo, ya lo ves!».