Apuntes sobre el periodismo que falta a la verdad

DESPUES DEL DIA DEL PERIODISTA

El 7 de junio se conmemoró el Día del Periodista en Argentina. Muchos colegas se inspiran en Rodolfo Walsh. Otros siguen la línea amarillista de Neustadt y Grondona.
EMILIO MARÍN
Supuestamente el Día del Periodista agrupa a los comunicadores de cualquier signo político e ideológico e independientemente del medio o empresa pública, privada o cooperativa en que se desempeñen. Suena al verso de la corporación que en tiempos no de clarines militares y sí de golpes blandos, la mediática, tiene lugar en el podio de los sectores dominantes.
El cronista no se siente de la misma familia que Jorge Lanata, que en sus años progresistas mostraba en la TV el mapa de 200 licencias de radio y Televisión del grupo Clarín, como un ejemplo de monopolio alimentado en la dictadura militar-cívica y gobiernos cívicos de parecida inspiración. Luego ese personaje se convirtió en emblema del grupo que más defendió la concentración de ese poder, contra la ley de medios y fallos judiciales.
Ese tipo de “periodistas” no debería ser tomado como paradigma y referencia para alumnos de las carreras de comunicación. Tampoco por la gente común, que lamentablemente siguió su campaña de envenenamiento y votó pegándose un tiro en el pie en 2015 y 2017.
Verlo a Luis Majul en 4D en América también es poco recomendable para la salud. En sus amables reportajes a Mauricio Macri silencia toda pregunta molesta, por ejemplo sobre la relación entre la dolarización de tarifas y los negocios de los ministros y amigos del poder, dueños de las empresas privatizadas del sector energético.
Y justo, qué casualidad, cuando el 88 por ciento de los encuestados por Hugo Haime repudia el brutal aumento de tarifas, el bueno de Majul arremete con su campaña para que vaya presa Cristina Fernández de Kirchner por supuestos delitos que aún la justicia no probó, juzgó ni condenó. Majul cree tener la potestad de la Corte Suprema, o mejor del Servicio Penitenciario, para mandar a Marcos Paz a CFK, sólo porque él lo dice, repitiendo la versión del sector gubernamental que quiere esa detención cuanto antes para desviar atenciones en tiempos de crisis e inflación.
¿Cuánto influye la política partidista en esas tomas de posición de Lanata y Majul, antes enfrentados y hoy convergentes con el gobierno neoliberal? ¿O más bien esa degradación moral y personal tiene que ver con los altos ingresos que le paga Héctor Magnetto a PPT y con la pauta publicitaria del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires a las empresas de Majul? Quizás sean los dos factores: el giro derechoso y la plata, realimentándose. Lanata ya no muestra los tentáculos de Clarín y Luisito ya no escribe “Los dueños del poder”, inventariando los negocios de Amalita, Rocca y Macri.
Otros seudo periodistas han mudado de escenarios. Es el caso del columnista que compartía programa con Carlos Pagni en TN. Un tal Nicolás Dujovne, cuyas piruetas lo llevaron de sostener una pancarta con “No volvamos al Fondo”, a firmar un crédito con esa entidad por 50.000 millones de verdes que nos volverá a arrastrar al fondo del mar, a 5.000 metros de profundidad.

Dos visiones.
Los que no han mudado un milímetro de posición de clase, método y punto de vista son los dueños de los grandes medios, como “Gaceta Ganadera” (léase La Nación).
Justo en el Día del Periodista, 7 de junio, su editorial fue titulada “Venezuela, Estado mafioso”. Allí tratan al gobierno de Nicolás Maduro como si fuera una vulgar dictadura, pese a que, además de su origen constitucional en 2013, venía de ganar su segundo turno presidencial en elecciones democráticas el 20 de mayo, con participación de cuatro candidatos de alianzas distintas. Sin embargo, para el director de “La Nación”, “el concepto más elemental de legalidad y legitimidad, como lo son la democracia y el Estado de Derecho, han desaparecido de Venezuela”.
El empresario Bartolomé Mitre, que junto a Magnetto y Ernestina de Noble, apoyó a la dictadura genocida del general Jorge R. Videla, y que en ese marco se apropió de Papel Prensa, durante el cautiverio ilegal y torturas a la familia propietaria, no es el más indicado para cuestionar a ese gobierno latinoamericano. Trata de dictadura a una Venezuela que no lo es, y apoyó a una dictadura que sí lo era, con un saldo de 30.000 desaparecidos.
Venezuela tiene límites y defectos graves, sobre todo en el plano económico. Y algunos de ellos pueden ser de la misma matriz chavista-madurista, pero no son los más. La administración Trump-Pence quiere destruirla no por sus problemas sino por sus virtudes, para neocolonizar la región. Muchos de esos dramas económicos tienen que ver con el sabotaje, desabastecimiento y fuga de capitales de empresarios privados de Fedecámaras, y con las sanciones y bloqueo impuesto por Washington. Dicen que Venezuela es Cuba, pero el bloqueo a La Habana es como el que imponen a Caracas. Y de eso Mitre, secretario de la SIP, no habla.
Ni siquiera son buenos para mentir. Ese editorial afirmó que la inflación de Venezuela es del 13.864 por ciento, pero la columna de ese diario, el día antes, 6/6, de Daniel Lozano, dijo que es de 30.000 por ciento. No se ponen de acuerdo para mentir…
El cronista no festeja el Día del Periodista con estos “colegas”. Reivindica a La Gazeta de Mariano Moreno y sigue hasta Ancla de Rodolfo Walsh, valora a Prensa Latina, Telesur, Resumen Latinoamericano, La Arena, Página/12, Cohete a la luna, la Garganta Poderosa; también a Horacio Verbitsky, Víctor Hugo, Cynthia García y sobre todo los 3.500 periodistas que se quedaron sin trabajo bajo este régimen aplaudido por Lanata, Majul y Leuco. Estos son amarillos de color y profesión; son los Bernardo Neustadt y Mariano Grondona de estos tiempos macristas.