Argentina en oferta para inversores y especuladores

Las cuentas de la economía en la Argentina no cierran, con caída de la producción y el consumo; sin inversiones y un horizonte de devaluación con el dólar en alza, lo que salva a especuladores y grandes productores y exportadores, especialmente del agro. Ese es el marco del ofrecimiento de Macri y su gobierno para atraer divisas a la Argentina. También se tomó deuda externa, pese a la promesa de no hacerlo, con el argumento de mejorar los plazos y términos financieros del endeudamiento.
La oferta de la Argentina como territorio para inversores internacionales se renovó en la Cumbre de la Alianza del Pacífico, en Chile, donde Macri inauguró el estatus de país “observador”, con toda la intención de integrarse a corto plazo a ese club, paso intermedio para ingresar al Tratado Transpacífico (TPP). El TPP es un acuerdo que empuja EE.UU. para aislar a China, de crecientes relaciones con los países de la región, y al mismo tiempo retomar la agenda del ALCA, abortada en 2005.

Los que ganan.
Todo proyecto de libre comercio tiene como beneficiarios a los capitales más concentrados y son los mayores Estados los que empujan esa estrategia favorable a la libre circulación de los capitales internacionales. No es solo comercio, sino principalmente inversiones y libre movimiento de capitales. No puede pensarse en término de beneficios para el país, sino para los capitales hegemónicos, principalmente extranjeros.
Todas las señales de Macri desde que asumió apuntan a abrir las puertas de la Argentina a los inversores externos. Por eso estuvo en el Foro Económico Mundial en Davos, y recientemente en Colombia, para un Foro Económico Mundial regional. Promovió la presencia en el país de gobernantes de los principales países capitalistas, entre ellos de Barak Obama, presidente de EE.UU. En todos los foros ofreció facilidades para recibir a inversores y la verdad, con escaso éxito hasta ahora.
La razón es principalmente la crisis mundial del capitalismo, que incluye al Brexit, o sea, la salida británica de la Unión Europea y el mazazo que ello supone para la globalización capitalista. No es una cuestión de derecha o de izquierda como algunos pregonan, ya que hubo apoyos para ambas posiciones desde sectores políticos antagónicos. Como hemos sostenido, más allá de quien pueda acumular políticamente la decisión mayoritaria en Gran Bretaña, la realidad del sentido del voto supone un hartazgo a la subordinación hacia la institucionalidad gobernante por la liberalización y sus políticas de austeridad y ajuste. No alcanza con ofrecer al país, sino que tiene que haber decisión de inversores globales para privilegiar el destino de sus inversiones. Además, Argentina está ofreciendo rentabilidad elevada en materia financiera y sigue siendo, entonces, un destino más para la especulación antes que para la inversión productiva.

Mejor acompañados.
Otra cuestión es el Mercosur. Argentina no quiere ingresar sola a la Alianza del Pacífico o al TPP, y hará todo lo posible por lograr que Brasil vaya en ese sentido, especialmente bajo la gestión de Temer. Salvo Venezuela, tanto Uruguay como Paraguay verían con agrado la incorporación a mecanismos que favorezcan la inserción de la región en esa agenda por el libre comercio. En definitiva es una cuestión política, y hay que pensar que el propio Mercosur venía negociando un TLC con Europa, ahora afectada por la salida británica, con lo cual, no debe pensarse en el Mercosur como una institucionalidad cerrada a la liberalización. De hecho surgió en 1991 para ese propósito de máxima del gran capital transnacional. La Argentina intentará ingresar a la lógica de los TLC y pretenderá incluir a toda la región en esa estrategia.
En rigor, no solo importa lo que haga el gobierno de Argentina y de los países del Mercosur, sino también que dicen los pueblos. No nos olvidemos que hacia el 2001 todo indicaba que el ALCA estaría funcionando hacia el 2005 y la lucha de los pueblos lo impidió. Ahora también puede reiterarse la historia. No alcanza con la voluntad de los gobiernos, ya que también existe la organización y la lucha de los pueblos, tal como reza la campaña popular: “Argentina mejor sin TLC”.
(Julio C. Gambina. Rebelión).

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