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¿Arranca o no arranca la economía argentina?

LA SEMANA POLITICA

La pesadilla macrista quedó atrás, pero en varios aspectos sigue haciendo daño. Por ejemplo, la inflación del 2019, aunque seguirá con cierta disminución. La pregunta es si con las medidas de Fernández arrancará la economía.
SERGIO ORTIZ
Hubo mucha indignación cuando esta semana el Indec dio a conocer el índice de inflación de 2019: 53,8 por ciento. Fue la más grave de los últimos 28 años. Al expresidente Mauricio Macri, reposando donde esté en esta enésima vacación suya, ¿le habrán llegado los insultos de los argentinos y argentinas de a pie, cuyos bolsillos pagaron ese impuesto inflacionario?
Según él, la inflación era la cosa más sencilla de resolver y quería que la gente balanceara su gobierno según cómo había resuelto el tema inflacionario. Sin palabras.
Para buena parte de los ciudadanos ha quedado más claro que controlar la inflación y de a poco llevarla a índices de un dígito anual no pasan por limitar el consumo y la producción, ni achicar el gasto público y los salarios, ni secar la plaza de dinero con altas tasas de interés. Esas recetas intentadas sistemáticamente en la Argentina neocolonial, no sólo neoliberal, han fracasado.
Alberto Fernández a poco de asumir fue a almorzar con los popes de la Asamblea Empresaria «Argentina»: Miguel Acevedo (UIA, Aceitera General Deheza), Héctor Magnetto (Clarín y toda la grilla), Luis Pagani (Arcor), Cristiano Rattazzi (Fiat), Alfredo Coto (Supermercado) y Paolo Rocca (Techint). Ahí se confirmó la continuidad de las alianzas entre el poder económico y el gobierno político, no el inicio de una grave contradicción y cambio.
El otro dato es que la módica Comisión de Defensa de la Competencia, que supuestamente debería controlar las infracciones y abusos en los precios, sigue sin tener un responsable. No existe en la práctica, justo cuando en los últimos dos meses y medio de macrismo los empresarios remarcaron precios a toda velocidad. Su idea fue armar un colchón de ganancias sobre el cual dormir apaciblemente e incluso tener amabilidades con el gobierno, simulando cumplir con un congelamiento de precios que nunca llegó a las góndolas.
Algunos de esos contertulios del presidente, como Rocca, no son solamente monopolios acá y en otros países del mundo, sino que están muy salpicados por graves denuncias de corrupción. Hugo Alconada Mon publicó en «Gaceta Ganadera» (15 de enero de 2020) que «tras años de investigación preliminar, fiscales italianos dieron otro paso hacia un juicio por el presunto pago de sobornos con escalas en Suiza, Brasil y la Argentina que afrontan tres miembros de la familia Rocca por las operaciones de la sociedad St. Faustin, un holding de participaciones del Grupo Techint con sede en Luxemburgo».
¿Con ese empresario que hizo su fortuna personal de 4.100 millones de dólares con el monopolio del acero y negocios tan cuestionables, será que el país va a salir del pozo? Si allí fue donde lo colocaron justamente esos personajes y varios de los presidentes de turno.

¿Se encienden los motores?
En el reportaje que Horacio Verbitsky le hizo a Fernández, publicado en Cohete a la Luna y LA ARENA (12/1), le preguntó si con las medidas que iba adoptando se iban a encender los motores de la economía. Se lo preguntaba un periodista muy afín, pero que tenía esa duda y/o trasladaba la duda de una parte de sus lectores. También le sugirió «si no hay una excesiva preocupación del Ministerio de Economía por controlar el gasto».
La respuesta presidencial quiso despejar interrogantes. Sin embargo, si se repasan sus argumentos, sólo pudo hacer hincapié en dos. El Plan Alimentario, dijo, va a inyectar 100.000 millones de pesos en el consumo popular. Añadió que el Banco Central iba a bajar la tasa de interés del 52 al 50 por ciento, del 40 para las Pymes.
Todavía aquellos motores no se encendieron y el impacto de la Tarjeta Alimentaria, además de las críticas que hizo Juan Grabois al modo como fue presentada, no ha tenido un impacto nacional. Concordia no es la Argentina. Es una mejora, pero puede ser tan leve como el aumento de 25 a 47 pesos por chico que ponía el Estado para la emergencia alimentaria, cuando se convirtió en ley.
Un impacto social mucho mayor parece ir teniendo en este enero el impuesto del 30 por ciento al dólar. En vez de veranear en otros países, muchos han puesto proa al mar, las sierras o el norte y sur argentinos, mejores y más baratos.
Tasas del 52 o 50 por ciento, mejores que las existentes con Federico Sturzenegger y sucesores en el Central, siguen siendo prohibitivas para la producción. Y sin encender esos motores, sobre todo de la industria, no habrá salida de la recesión macrista y del desempleo.
Es necesario recuperar los 225.000 puestos de trabajo industriales fulminados por Cambiemos. Después, lo que pueda aportar el mal llamado «campo», bienvenido sea, aunque hay dos enormes aplazos que no piensa levantar.
Uno, no quiere pagar impuestos, ni siquiera en Buenos Aires los 2.000 propietarios (211 familias) que tienen propiedades de más de 2.000 hectáreas, como se comprobó con su feroz oposición a la ley de emergencia del gobernador Kicillof.
Dos, más que crear puestos de trabajo, a esos propietarios tan miserables en lo social hay que exigirles y ponerles el cuchillo en la panza para que blanqueen al 83 por ciento de sus empleados, en la informalidad laboral.
No es que Fernández y Kicillof padezcan de angurria fiscal. Se encuentran con cajas vacías, vencimientos y deudas semiocultas.
El Estado nacional tiene ese panorama tan difícil, sumada a la cuestión de la deuda externa, con vencimientos por unos 40.000 millones de dólares este año, 19.000 millones sólo de intereses. Por eso no se entiende qué no puso a los bancos como blanco de mayores impuestos para aumentar la recaudación.
El Banco Central informó que a noviembre pasado, en los doce meses anteriores, los bancos habían ganado 301.765 millones de pesos. En particular los bancos privados se habían llevado la mayor parte de esa torta, 243.688 millones de pesos. No fue el resultado de ninguna inversión productiva. Pura bicicleta financiera, Lebac, Leliq, devaluaciones, tasas usurarias, etcétera. ¿Por qué Fernández les perdonó la vida y gravó comparativamente más a la clase media? Cric cric. Eso no se lo preguntó Verbitsky…

A Israel.
Fernández hará su primer viaje como presidente a Israel. Estará allí el 23 de enero en actos conmemorativos del 75 aniversario de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz, en las postrimerías de la II Guerra Mundial.
La invitación corrió por cuenta del primer ministro, el neonazi Benjamin Netanyahu, todavía al frente de un complicadísimo gobierno sin mayorías. Como ocurre en circunstancias análogas de frentes internos tan complejos, los actos de convocatoria internacional suelen dejar dividendos para los anfitriones. Dicho en criollo, la ceremonia redundará en beneficio de Netanyahu.
Además sería motivo de discusión si el acto estará bien realizado en Jerusalén o si debió ser en Auschwitz, Polonia, donde existió ese centro de exterminio nazi. Lo que no podrán disimular es que los libertadores de esos sobrevivientes fueron los soldados del Ejército Rojo dirigido por José Stalin. Como entre los mandatarios visitantes estará Vladimir Putin, se supone que no podrán falsificar la identidad de los libertadores y atribuirlos a británicos y norteamericanos.
El debut como presidente viajero a ese destino ha agitado las aguas. Muchos argentinos se han manifestado en forma crítica o al menos dudan sobre la conveniencia de ir allí, justo cuando Israel y Arabia Saudita son los baluartes de la administración Trump para lanzar ataques criminales contra dirigentes iraníes.
El cronista se ubica entre esos críticos. Y además de esas razones, quiere agregar otras dos.
Para la Argentina debería ser prioridad de política internacional las alianzas para reforzar el reclamo de soberanía sobre Malvinas. Es la línea divisoria entre amigos y enemigos. Israel junto con Estados Unidos han votado sistemáticamente del lado británico en la ONU cada vez que se planteó esa discusión (Israel es tan enemiga de Latinoamérica que en la ONU es el único país que sufraga junto a Washington desde 1992 en la votación sobre el bloqueo a Cuba).
Argentina tuvo un serio conflicto con los «fondos buitres», pese a haber firmado con la abrumadora mayoría de acreedores su renegociación de la deuda externa. El 10 de septiembre de 2015 la Conferencia de la ONU aprobó un texto favorable a Argentina con 136 votos a favor. Hubo seis votos en contra: EE UU, Reino Unido, Alemania, Canadá, Japón e Israel, y 41 abstenciones.
Podría añadirse una tercera razón contraria al viaje: se están cumpliendo 5 años de la alocada denuncia del fiscal Alberto Nisman contra el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Esa denuncia falsa fue fogoneada por Netanyahu, la embajada de Israel, los servicios del Mossad y la SIDE, la dirigencia de la AMIA y DAIA, Inodoro Py, el macrismo y Clarinete. Tras el suicidio del fiscal eso se convirtió en una campaña destituyente de ferocidad pocas veces vista, culminando en la victoria de Macri y Cambiemos en 2015.
Alberto no vayas. Quedáte acá trabajando, que los motores de la economía todavía no se prendieron y tenés que tomar medidas efectivas. Sino no arrancan.