Así vive, así juega

PUNTO DE VISTA

Se juega como se vive. La vieja definición le cae como anillo al dedo a esta realidad de la Selección argentina, que ahora además muy golpeada saca cuentas y ve, como todos nosotros, que estamos una vez más a punto de decir “chau” a un mundial en la primera fase.
Repican en la memoria aquellas imágenes de la helada madrugada del 2002 y el frustrante adiós del equipo de Bielsa de Japón y Corea. Claro que las cosas son diferentes, aún cuando el resultado podría ser el mismo. Tengamos paciencia, horas o pocos días, pero en todo caso transitemos ese tiempo con los pies sobre la tierra, más allá de la esperanza y que todavía hay vida, números mediante.
Ya planteábamos luego del pálido reparto de puntos ante Islandia si nuestra valuación sobre este representativo argentino era la precisa, nos preguntábamos si no estábamos esperando más de lo que podemos alcanzar y si no era hora de admitir que los mejores momentos han
pasado y que estos son tiempos deben ser de expectativas menores.
Nadie puede quitarnos, es verdad, la chance de ilusionarnos, creer, entusiasmarnos y pensar que podemos. Tampoco es que las cosas sean tan contundentes para mal. Pero en una competencia como un mundial, donde los márgenes se achican en todo sentido, no hay lugar para demasiados fallos y el pasaje de regreso aparece rápido.
Hace años, desde las entrañas del fútbol argentino y la AFA, se vive mal. Lejos quedaron los tiempos del trabajo serio y con resultados, en números y en figuras, de los seleccionados juveniles. Más lejos aún el apoyo de todos a la “prioridad” por la selección. Y también, al menos eso se aprecia, aquel fervor por la camiseta de las grandes estrellas que venían sólo por la gloria deportiva vestidos de celeste y blanco.
Si a todo esto se sumamos un cuerpo técnico indescifrable en cuanto a sus saberes futboleros, qué otra cosa podemos esperar de lo que se muestre en la cancha. Trece partidos y trece formaciones distintas, permanentes contradicciones entre lo que se pregona y se hace, conferencias de prensa que uno repasa una y mil veces y no logra entender casi nada. Así es el presente de Argentina, por mencionar sólo algunos puntos.
Repase usted hasta aquí estas líneas y podrá verificar que en ningún momento hemos utilizado la palabra “equipo” para mencionar a este combinado (vieja expresión, si las hay). No lo hay, no hay una idea acabada, no hay una línea claramente expuesta en el campo de juego. Argentina no presiona, no maneja la pelota cuando la tiene, mucho menos ataca y además defiende mal.
Mascherano que era sólo central para Sampaoli es volante central titular. Enzo Pérez, que llegó de apuro (debió estar de antes, trabajando con el resto) es carta salvadora. Lo Celso, que era número puesto, no entra ni ante la catástrofe. Dybala (el que el técnico lamentó no haber podido ver en la preparación) ingresa, igual que Higuaín, con traje de bombero… y podríamos seguir malgastando espacio en mencionar lo que todos vemos y sabemos.
Con un manto de piedad por el pobre Caballero, el párrafo debe contener, una vez más, lo que dijimos después de Islandia. Recuerda, aquello de que los grandes jugadores aparecen cuando el equipo más los necesita. Obvio que hablamos de Messi, una sombra del brillante que conocemos, sin siquiera mostrar un poco de rebeldía, sin dar una muestra de algo de carácter, entregado mansamente ante quienes todo el año lo enfrentan -y él humilla- con distintas camisetas. Su actualidad, con problemas personales o lo que sea, son parte de esta realidad, de esta vida de la Selección argentina. Así vive hoy. Así juega. (Herues).