Assange ya cumplió 4 años de confinamiento en Londres

VICTIMA DE LA PERSECUCION ANGLO-NORTEAMERICANA

Assange cumplió este 19 de junio cuatro años de confinamiento, asilado en la embajada de Ecuador en Londres. Reclamando por sus derechos hubo en Quito una serie de conferencias de nivel mundial.
EMILIO MARIN
Las injusticias también cumplen años y a veces son unos cuantos, como los que llevan presos Ana Belén Montes, Mumia Abu Jamal y Oscar Rivera López, encarcelados por jueces y el sistema penitenciario estadounidenses.
Sin compartir esas mismas condiciones carcelarias, lo del periodista Julian Assange tiene bastante en común. Este 19 de junio cumplió cuatro años de confinamiento en un cuarto de 4 metros por 4,50 en la embajada de Ecuador en la capital británica, adonde se asiló ese mismo día del año 2012 para evitar un peligro mayor para su libertad e incluso su vida.
Es que la Justicia sueca, y detrás de ella la norteamericana, había logrado vía libre de la Unión Europea para detenerlo en Londres y extraditarlo a Estocolmo, donde le habían fabricado un proceso por supuestos delitos sexuales contra un par de mujeres. Si lo llevaban allí lo más probable es que luego fuera extraditado a Estados Unidos, donde se lo quería juzgar por difundir información secreta que había mostrado cómo actuaba la maquinaria del Pentágono en Afganistán e Irak, y cómo espiaba el servicio secreto incluso a sus aliados de Francia y Alemania, también a Brasil.
El australiano, hoy de 44 años de edad, había fundado en 2006 el sitio web WikiLeaks y cuatro años más tarde develado medio millón de cables referidos a las barbaridades del ejército norteamericano en aquellos frentes de invasión. Y luego varios miles de cables donde quedaba al desnudo el accionar de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) y el Departamento de Estado contra varios países, empleando incluso sus embajadas a lo largo del mundo. La de Buenos Aires era (¿es?) parte de esa red de espionaje que buscaba data para las multinacionales con casa matriz en EE.UU. para ganarle a la competencia.
¿Acaso Assange exageraba cuando pidió entrar a la delegación diplomática de Ecuador, en junio de 2012? Para nada. Quien le había filtrado los cables sobre crímenes en Irak y Afganistán, el soldado Bradley Manning (hoy Chelsea Manning), había recibido una pena de 35 años de prisión. Al del portal, por divulgar “información sensible”, podían darle una similar o incluso condenarlo a muerte.
La embajada de Ecuador en Londres le abrió sus puertas por una cuestión de respeto a los derechos humanos en un sentido bien amplio.

Solidaridad va y viene.
El presidente Rafael Correa lo entendió en un doble aspecto. Por un lado, porque golpeaba su puerta una posible víctima de la maquinaria de espionaje y guerra que masacra a los pueblos. Por otro lado la persecución contra Assange era un atentado contra la libertad de prensa y de comunicación bien entendida, esa que generalmente los monopolios de la información y la Casa Blanca dicen defender pero actúan en sentido contrario.
Además de convicciones profundas, el líder de la Revolución Ciudadana había experimentado en carne propia campañas de demonización y falsas denuncias de medios tipo CNN que sintonizan la onda norteamericana y de la SIP, además de intentos de golpe de Estado.
Correa valoró la importancia de las denuncias de WikiLeaks en cuanto a cómo se fabrican las guerras del Pentágono y la OTAN, y cómo se espía al mundo para lograr el status quo, o sea la continuidad de la dependencia de un orden imperial. Y hasta debe haber agradecido que los cables divulgados hayan tenido material sobre los tejes y manejes de esa intromisión en Ecuador, un blanco desde que comenzó su gestión.
Por eso el líder ecuatoriano aceptó que el programador en apuros entrara en su legación londinense, aún sabiendo que se ganaría más odio y campañas en contra de las grandes potencias y la OTAN. Y le concedió el asilo político. También gestionó un salvoconducto: que Londres dejara salir a Assange rumbo a Quito, sin detenerlo. En este punto chocó con una negativa total del Foreing Office (cancillería) y David Cameron.
Assange recibió esa solidaridad ecuatoriana pero él también había sido solidario. Lo fue con el mundo, cuando divulgó esa información importante que podía costarle muy caro a su libertad, como ocurrió. También puso su organización WikiLeaks y sus abogados para colaborar con Edward Snowden. Este joven empleado de la consultora Booz Allen Hamilton y la NSA, había divulgado también información que mostraba el uso de los programas de espionaje internacional masivo como Prism y XKeyscore, de los servicios norteamericanos. Las agencias de espionaje actuaban (seguramente siguen haciéndolo) en común con Google, Amazon, ATT, Vodafone, Microsoft, Facebook, etc.
Con ayuda de WikiLeaks, Snowden pudo salir de Hong Kong y llegar a Moscú, donde recibió primero un permiso precario y luego otro de residencia temporaria. Vladimir Putin no lo entregó a Barack Obama. Esa debe ser una de las gotas que rebalsó el vaso del Grupo de los 8 que, en marzo de 2014 y por la crisis de Crimea, excluyó a Rusia. Desde entonces quedó como G-7.

Quito solidaria.
Entre el 20 y el 24 de junio se está desarrollando en la capital de Ecuador una serie de conferencias magistrales y por video en el Centro Internacional de Estudios Superiores para América Latina (Ciespal), con el nombre de “Julian Assange, 4 años de libertad negada”. Participan catedráticos, comunicadores, teóricos, abogados, etc. como Ignacio Ramonet, de Le Monde Diplomatique; Noam Chomsky, profesor emérito de lingüística en el Instituto Tecnológico de Massachusetts; Baltasar Garzón, abogado defensor del confinado; Emir Sader, politólogo brasileño; Francisco Sierra, director del Ciespal; René Ramírez, secretario de Educación Superior, Ciencia y Tecnología e Innovación de Ecuador; y Fidel Jaramillo, fiscal general de Estado.
Sierra llamó a preguntarse por la información que se recibe en Internet porque “vivimos en un mundo de desinformación y de superioridad informativa, en donde, sobre todo, EE.UU., a través de Internet, ha intentado controlar la economía y así su hegemonía; vivimos en un neocolonialismo por medio de la cibercultura y el golpismo mediático”.
Chomsky intervino por teleconferencia ensalzando el rol de Assange, porque al correr el velo del poder erosionó los planes de dominación mundial.
Roy Singham, fundador de ThoughtWorks, habló sobre el espionaje de las grandes corporaciones de EE.UU. y su intento por controlar el comportamiento de los ciudadanos. Singham estuvo en la conferencia “Tecnopolítica y Ciberguerra”.
Garzón puso de relevancia el irrespeto de Suecia y Reino Unido al Grupo de la ONU sobre Detenciones Arbitrarias que el 5 de febrero de este año dictaminó que la de Assange calificaba como un encierro de ese tipo. Cinco juristas internacionales formaron parte de ese grupo de Naciones Unidas y emitieron un dictamen unánime, sobre la arbitrariedad cometida y el derecho a un resarcimiento de la víctima. El abogado español reclamó porque ningún sistema judicial haya investigado las graves revelaciones de Wikileaks como sí se han procesado otras denuncias. “A mí me parece que cuando se trata de violaciones sistemáticas de derechos fundamentales es como si no importara”, reprochó.
Ramírez subrayó que “no es casual que Google oferte servicios gratuitos, lo hace para adquirir información de la ciudadanía y luego la emplea o vende con intereses marcados” (cable de Prensa Latina 22/6). “En el capitalismo cognitivo, el conocimiento se produce competitivamente y se concentran los derechos de la propiedad intelectual en quienes los financian”, añadió.
Ayer disertaba Sader sobre las alternativas al neoliberalismo y luego el español Ramonet presentaba un libro de Assange, titulado “Cuando Google encontró a WikiLeaks”.

¿Hasta 2020?
Mañana cerrarán el evento María Augusta Calle, legisladora de la Asamblea Nacional de Ecuador y el canciller local Guillaume Long, quien el pasado 19 visitó a Assange en Londres junto a Garzón y ratificó la postura ecuatoriana sobre el particular. El canciller denunció que Londres había congelado las relaciones con Quito a raíz del diferendo, complicando las cosas. Dijo eso luego de reunirse en Londres con el secretario del Foreign Office para América Latina, Hugo Swire.
Según el periódico inglés The Guardian, sus fuentes en la cancillería inglesa creen que puede haber “un impasse permanente” entre el Reino Unido y Ecuador, a raíz del conflicto. En la hipótesis más negativa, ese medio especuló con que Assange “podría permanecer en la embajada ecuatoriana hasta 2020”, fecha en que prescribirá el último de los delitos de abuso sexual de los que fue acusado.
Ojalá que esa estimación sea errónea y que Assange pueda salir cuanto antes de su injusto encierro, habiendo ofrecido declarar a la Justicia sueca si ésta accede a tomarle testimonio en la embajada donde está.
Si hoy en el referéndum sobre permanencia del Reino Unido en la Unión Europea triunfara el premier Cameron, y se fortaleciera, habrá menos esperanza para el confinado. Assange en los hechos aprisionado, sin ver la luz ni poder ir a una clínica por su hombro lesionado, y los criminales del Pentágono y la OTAN, los jefes políticos y de grandes empresas espías, todos sueltos, tal una flagrante contradicción de este mundo injusto.

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