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Atuel: algo parece cambiar en Mendoza

La provincia de Mendoza se encuentra convulsionada por las grandes movilizaciones que rechazan la implantación de la megaminería a cielo abierto con buenas razones. En nuestro país, especialmente en la región andina, se ha desarrollado una conciencia crítica de esa actividad a causa de los reiterados y graves episodios de contaminación registrados en yacimientos metalíferos explotados por grandes compañías mineras multinacionales que emplean sustancias muy agresivas para el entorno ambiental como cianuro, mercurio o ácido sulfúrico. Por esa razón los manifestantes mendocinos corean en las calles los antecedentes padecidos en las provincias de La Rioja y San Juan como para señalarle al gobierno de que están informados de las consecuencias nocivas de este tipo de explotaciones mineras.
Uno de los recursos más afectados será el agua, porque la megaminería a cielo abierto requiere enormes cantidades de ella y, además, suele volcar sus desechos contaminantes en los cursos fluviales, con lo cual se configura un doble perjuicio. De ahí que uno de los sectores más activos en las movilizaciones mendocinas sean las entidades que nuclean a productores vitivinícolas, frutícolas y ganaderos. Conscientes del alto riesgo que la megaminería implica para la salud de los recursos hídricos, que son vitales para sus emprendimientos productivos, este sector se ha plantado con mucha firmeza ante las autoridades exigiendo el veto del gobernador para derogar la ley recientemente aprobada.
Una derivación inesperada de este conflicto entre el gobierno provincial y las expresiones populares masivas que impugnan la megaminería fue el pronunciamiento del presidente de la Asociación de Productores Agropecuarios del Atuel. El dirigente mendocino se comunicó con este diario para explicar las razones de las movilizaciones en su provincia y, nada menos, para pedirle a los pampeanos que se sumen a la protesta en virtud de que «el río es de La Pampa y de los mendocinos». Dijo que el problema «le compete» a nuestra provincia porque «nos van a envenenar el agua», «van a contaminar las napas» y aseguró que «ya hay contaminación en Santa Isabel» porque «el río va con aceite» producto de la actividad del fracking.
La sorpresa no podría ser mayor. Por primera vez se escucha en nuestra provincia la voz de un dirigente del sur mendocino que reconoce públicamente los derechos pampeanos sobre el río Atuel. Si bien hay un claro interés instrumental de por medio: sumar a los habitantes de nuestra provincia a los reclamos de los manifestantes que buscan derogar una ley tan nociva, no deja de ser muy alentadora esta expresión que hoy nos llega de un territorio en donde, desde las autoridades hasta los habitantes pasando por las entidades sociales, han manifestado siempre un claro rechazo a reconocer las razones que anima a nuestra provincia en su demanda de compartir un recurso hídrico interprovincial.
Desde nuestro territorio ya se había emitido un pronunciamiento, surgido en Algarrobo del Aguila, en favor de la protesta de los cuyanos. Resulta oportuno señalarlo para que en Mendoza no se piense que la solidaridad pampeana con el movimiento que impugna la megaminería está condicionada a una suerte de «trueque de favores». La conciencia ambiental también está muy desarrollada en La Pampa producto, no casualmente, del prolongado y arbitrario corte del río Atuel desde hace casi un siglo.
Reconforta doblemente el hecho de que esta lucha que hoy llevan adelante los mendocinos en favor de un ambiente sano y de un desarrollo económico que no implique la aceptación de pasivos ambientales esté generando -a su vez y aunque sea por causa de una necesidad estratégica- una nueva mirada con relación al uso racional y compartido de los recursos naturales interprovinciales.