Atuel: “inaceptables” condicionamientos

El súbito despertar de la vocación dialoguista de Mendoza fue recibida en La Pampa con desconfianza. Como en el cuento del pastorcito mentiroso, los cuyanos agotaron su credibilidad luego de décadas de ignorar los justos reclamos pampeanos por las aguas del río Atuel y de trabar, enredar o postergar in eternum todas las negociaciones bilaterales que se intentaron a fin de garantizar un caudal permanente en el límite del paralelo 36.
Para peor, la invitación llegó con condiciones: declinar los reclamos judiciales que obligadamente tuvo que reiniciar nuestra provincia. De ahí que la tajante respuesta del gobierno pampeano señalara que es “inaceptable” sentarse a conversar bajo esa exigencia y sin la previa constitución de un comité de cuenca. La Justicia es hoy la única alternativa que le queda a los pampeanos luego de los fracasos de todas las negociaciones iniciadas.
Tantas décadas de frustraciones justifica con creces que La Pampa tome esta sorpresiva invitación con pinzas. En principio porque está asentada no en un sincero reconocimiento del problema y del daño que se provocó a nuestro territorio, sino en una evaluación absolutamente pragmática del nuevo escenario que se instaló alrededor del problema del Atuel.
Ganar tiempo fue siempre el objetivo primordial de Mendoza, y hasta ahora esa estrategia le ha dado resultados. Pero últimamente la causa pampeana ha recibido respaldos contundentes que comenzaron a minar la autosuficiencia mendocina. El más importante de ellos llegó nada menos que de las Naciones Unidas; pero antes se había expedido favorablemente a nuestra provincia el Tribunal Latinoamericano del Agua y, también, la Procuraduría General de la Nación al dictaminar que el nuevo reclamo ante la Corte Suprema no es cosa juzgada y que amerita ser tratado en el más alto tribunal del país. Una sucesión de apoyos tan relevantes a la posición pampeana no podía menos que alterar la tranquila siesta mendocina, acostumbrada a desdeñar los lamentos que, espasmódicamente, le llegaban desde el sur.
La actual vicegobernadora cuyana, que ahora aparece como abanderada del diálogo, no registra antecedentes muy confiables. Como senadora fue, años atrás, una de las más acérrimas enemigas de todo acuerdo con nuestra provincia.
La firmeza pampeana ante este canto de sirena resulta auspiciosa. El recuerdo de aquellos malogrados intentos de seguir la llamada “vía diplomática” -que en realidad siempre fue una “vía muerta”- seguramente pesó fuerte en el gobierno a la hora de elaborar la respuesta. De todos modos hay un aspecto que no debiera soslayarse y es la carta que Mendoza envió a Nación en tono similar a la remitida aquí. Además del fuerte peso político de los cuyanos, hoy aparece otro factor que no es para desestimar: la misma coalición partidaria gobierna en ambas jurisdicciones. Con un tablero político distinto, y si se quiere más amigable para nuestra provincia, la anterior intervención de Nación, en el año 2008, no resultó auspiciosa para los pampeanos. Ojalá estas prevenciones sean injustificadas.