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Atuel: Mendoza no da puntada sin hilo

El reciente fallo de la Corte Suprema de Justicia otorgando derechos a La Pampa a recibir un caudal mínimo de 3,2 metros cúbicos por segundo por el cauce del Atuel no le ha dejado a la provincia de Mendoza ningún nivel de reclamo, ya que ahora debe enfrentarse a los hechos. De allí que la propuesta que trascendiera recientemente a través de los diarios cuyanos -la solicitud a La Pampa de una «agenda de trabajo»- tiene una explicación clara.
Sin embargo la experiencia obliga a los pampeanos a ser cuidadosos en la respuesta; también la Comisión Interprovincial del Atuel Inferior apareció en su momento como un paso adelante. Las circunstancias y el transcurrir del tiempo demostraron que no era más que un gambito aceptado por nuestros «hermanos» mendocinos en pos de una estrategia mayor: dejar que pase el tiempo y «cambiar algo para que nada cambie».
Aquella actitud se encuadraba en la antigua y repetida táctica mendocina que ya ha sido advertida tanto por la dirigencia política como por los cuerpos técnicos pampeanos: el levantamiento de barreras argumentales sucesivas destinadas a empantanar el debate y postergar sine die cualquier definición.
En la última reunión llevada a cabo con la idea de concretar uno de los mandatos de la Corte -la constitución de un comité de cuenca que, curiosamente, los actores evitan llamar por ese nombre- se advierte que entre las grandes líneas de acción definidas -«que no existe intención de ninguna de las partes de que las erogaciones causen perjuicios a los regantes de la cuenca», planificar trabajos en obras y acciones «que sean procedentes conforme a los aportes que hagan al aumento de la oferta»- hay una tercera expresada por Mendoza de sospechosa ambigüedad: «que cualquier propuesta de fortalecimiento institucional no puede afectar la jurisdicción territorial de la provincia y esto debe ser un límite infranqueable».
A poco que se lo piense, el punto aparece como una puñalada al concepto de comité de cuenca. Si el fortalecimiento institucional del organismo del río Atuel no puede afectar la jurisdicción territorial de Mendoza y es un «límite infranqueable» se advierte que ya desde el inicio hay un condicionamiento que, con razones que sin duda encontrarán los cuyanos, podría significar un nuevo escollo plantado en el camino para continuar desplegando la estrategia de siempre: estirar los tiempos para no llegar nunca a una definición concreta de soltar agua por el cauce del Atuel.
La Pampa debe considerar y evaluar esta clase de propuestas con el mayor de los cuidados, porque los tres puntos a discutirse, en el fondo, hacen a los intereses mendocinos.
Es posible que estas prevenciones desde el lado pampeano puedan ser vistas como excesivas, parecidas a la desconfianza; la respuesta es -lamentablemente- que sí, pero son las circunstancias y la larga experiencia acumulada las que obligan a refugiarse en esa actitud. Casi un siglo de luchas contra una postura inconmovible, contra una actitud contumaz y arbitraria, obligan a extremar los recaudos a fin de evitar nuevas frustraciones.