Atuel: otra ofensa a La Pampa y Nación

El faltazo del gobernador mendocino a la reunión convocada por la Subsecretaría de Recursos Hídricos de la Nación es otro eslabón en la larga cadena de frustraciones de nuestra provincia en su larga lucha por recuperar el río Atuel. Sin siquiera dignarse a avisar, el jefe de gobierno cuyano dejó plantado a su par pampeano y al titular del organismo nacional anfitrión y envió a su vicegobernadora desnuda de atribuciones a la hora de procurar avances concretos por fuera de las formalidades del protocolo.
Esa suprema descortesía mereció de parte de las autoridades presentes claras expresiones de rechazo. El gobernador pampeano la calificó como “una falta de respeto”; el diputado que asistió a la reunión fallida sintetizó: “fue una lástima y una vergüenza”; y el funcionario nacional anfitrión lamentó que “el esfuerzo realizado no se haya podido plasmar en el inicio de un acuerdo como era nuestra intención”.
Esta deserción a un encuentro pautado es una muestra más de la contumacia mendocina tan conocida por los pampeanos. Sin embargo no es la primera vez que llega con sus ofensas ante la propia Nación. El acuerdo por el Atuel del año 2008 fue firmado por mendocinos y pampeanos ante las máximas autoridades nacionales. La Pampa cumplió inmediatamente con el compromiso asumido al aprobarlo su Poder Legislativo; en cambio Mendoza nunca concretó ese paso fundamental. Peor aún, en su Legislatura, en lugar de aprobarlo para dar inicio a sus disposiciones, fue rechazado expresamente.
Hoy otra vez es Mendoza la que falta a su palabra al aceptar y luego declinar sin aviso, la presencia de su gobernador a una reunión bajo los auspicios de la máxima autoridad hídrica del país. Es otra señal contundente, tanto para La Pampa como para la Nación. A los pampeanos los ratifica en el rumbo de continuar el reclamo judicial ante la Corte Suprema desoyendo los cantos de sirena que llegan de la provincia cuyana y que buscan frenar ese camino. Y a la Nación le recuerda, una vez más, cómo procede este estado provincial cuando es convocado a dialogar sobre el uso compartido de los recursos hídricos interprovinciales. Lo cual no es otra cosa que lo ordenado por la Corte en su sentencia de 1987.
Mendoza sigue despreciando las legítimas aspiraciones pampeanas a un caudal permanente en el río Atuel. Aferrada a arcaicos paradigmas posesorios, productivos y tecnológicos superados por los avances jurídicos en materia de derechos humanos, ambientales, económicos, etc., va perdiendo autoridad a medida que crece la conciencia de que no es posible condenar enormes extensiones del territorio nacional a la desertificación y el éxodo humano.
Hasta para la propia CSJ, hoy con una nueva demanda en sus manos, es éste un antecedente de extraordinario valor, porque desnuda cómo son, en verdad, las conflictivas relaciones entre ambos estados en litigio y cuán diferentes son sus comportamientos. Esas infranqueables diferencias han sido, precisamente, las que siempre tornaron imposible un entendimiento por la vía del diálogo bilateral.

Compartir