Aumentan las muertes infantiles en guerras

La creciente cantidad de muertes de civiles, específicamente mujeres, niñas y niños, en los conflictos armados actuales, genera fuertes mensajes de condena de parte de instituciones internacionales y organizaciones de derechos humanos.
Los peores perpetradores son las partes beligerantes en “los cinco países más conflictivos del mundo”: Siria, Iraq, Sudán del Sur, República Centroafricana y, especialmente, Yemen, donde el número de víctimas civiles aumenta casi cada hora.
La Convención de Ginebra de 1949, sobre las reglas básicas de las guerras, continúa violándose en los conflictos de Afganistán, Libia, Gaza, Nigeria, Birmania, Somalia y República Democrática del Congo, entre otros puntos militares sensibles.
Según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), unos 230 millones de niños crecen en medio de conflictos, que involucran tanto a gobiernos como a “organizaciones terroristas” como Boko Haram, el Estado Islámico (EI) y el Ejército de Resistencia del Señor.
Un nuevo informe de Unicef señala que uno de los peores casos es el de Yemen, donde un promedio de ocho niños son muertos o mutilados cada día.
El estudio, titulado “Yemen: Childhood Under Threat” (Yemen: Infancia bajo amenaza), plantea que casi 400 niños fueron asesinados y otros 600 heridos desde que escaló la violencia, hace unos cuatro meses.
Según Unicef, no hubo tantos niños refugiados desde el fin de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945)
En el conflicto de Gaza de agosto del año pasado, según estadísticas de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), murieron más de 2.100, entre ellos 1.462 civiles. Y dentro de las muertes de civiles se contaron 495 niños y 253 mujeres, en comparación con las muertes de 72 israelíes, siete de ellos civiles.
En un discurso ante el Consejo de Seguridad que pronunció el mes pasado durante un debate abierto sobre infancia y conflictos armados, el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, dijo que era “un imperativo moral y una obligación legal” proteger a los niños, y que nunca deberían “ser puestos en peligro por los intereses nacionales”.
También dijo que 2014 fue uno de los peores años de la historia reciente para los niños en países devastados por conflictos militares.
El de Yemen, por ejemplo, es particularmente trágico para los niños, señaló el representante de Unicef en ese país, Julien Harneis. Suelen ser víctimas mortales de bombas o balas, dijo, “y aquellos que sobreviven enfrentan la creciente amenaza de enfermedades y desnutrición. No se puede permitir que esto continúe”.
Según el informe de Unicef, más allá de lo devastador que el conflicto es para las vidas actuales de esos niños, “tendrá consecuencias aterradoras para su futuro”.
En todo el país, casi 10 millones de niños -80 por ciento de la población nacional de menores de 18 años- necesitan ayuda humanitaria urgente. Más de 1,3 millones de personas se vieron obligadas a huir de sus hogares, añade el estudio.
La oficina en Nueva York de Arigatou Internacional, una organización con sede central en Tokio, organiza un foro sobre “Ideales religiosos y realidad: La responsabilidad de los líderes en impedir la violencia contra los niños”, que se realizará la semana próxima en Ginebra.
Rebeca Rios-Kohn, directora de la oficina neoyorquina, dijo a IPS que el diálogo interreligioso puede jugar un rol crucial en generar un cambio de conducta en áreas del mundo afectadas por conflictos armados.
Destacó el ejemplo de los “corredores de paz” promovidos por Unicef, que permitieron vacunar niños en áreas conflictivas.
“Sin embargo, aunque este es un asunto importante y tráfico que concita gran atención de los medios, no debemos olvidar que el problema de la violencia es mundial y afecta a muchos más niños dentro de su hogar, escuela y comunidad, así como en orfanatos, centros de detención y otras instituciones donde residen”, agregó.
También, dijo Rios-Kohn, el fenómeno de la explotación de niños en Internet, que se abordará en el foro, es un problema enorme que preocupa a los expertos, entre ellos a la Interpol, por su creciente magnitud y porque los perpetradores quedan impunes fácilmente.
Jo Becker, de Human Rights Watch, señaló que la educación infantil también se ha visto afectada, pues el año pasado grupos o fuerzas armadas dañaron o destruyeron más de 1.000 escuelas en todo el planeta.
(Thalif Deen, IPS)