Avances que supimos conseguir

PUNTO DE VISTA

Por Roberto Daniel Rodríguez*
Las políticas públicas inciden indefectiblemente siempre sobre la vida de la sociedad, se perciban inmediatamente o no. Lo hacen en cada caso sobre las condiciones de vida, aportando al bienestar de las familias, empeorándolo o en el mejor de los casos con resultados neutros.
Cuando un gobierno decide ejecutar una política, es bueno saber cuál será su impacto en las familias, en la situación social. Esta obviedad no siempre es explicitada y muchas veces es distorsionada y hasta ocultada a sus destinatarios.
Entonces, para realizar un análisis comparativo sobre el resultado acerca de una de estas políticas en La Pampa, la habitacional, podemos cotejar el resultado en los dos últimos censos, el del 2001 y el del 2010.
Es notorio ver qué ocurrió con uno de los parámetros fundamentales del bienestar social: la vivienda. Más allá de las consideraciones urbanísticas, las cuales no minimizo, debemos centrar el análisis en la lectura inmediata de los números fríos originados en los relevamientos censales. Sin dudas, el acceso a una vivienda es el logro de un ámbito adecuado donde habita y se desarrolla la familia, donde resuelve problemas de comodidad, de seguridad, de servicios básicos y agrega calidad de vida a sus moradores. Veamos que nos dicen los números censales.

Cantidad y calidad de viviendas.
En 2001, el censo arrojaba para la provincia de La Pampa que 296.105 personas vivían en 91.656 viviendas particulares ocupadas (con un índice de ocupación de 3,2 personas por vivienda).
A esas viviendas las componían en un 86% casas tipo A, un 7% por casas tipo B, un 4,8 % por departamentos y luego los ranchos, casillas, piezas en inquilinato, en hotel, en locales no construidos para vivir y en vivienda móvil, que en conjunto eran el 2%. De estas categorías las de mejor calidad estaban constituidas mayoritariamente por casas A y departamentos.
En el censo de 2010 había 104.747 viviendas particulares ocupadas, donde vivían 314.700 personas (3 personas por vivienda ocupada).
Después de 10 años, la estructura resultó compuesta por 87% de casas tipo A (aumentó un punto porcentual), los departamentos son 7,8 % (aumentaron 3 p.p.), las casas tipo B 4% (bajó 3 p.p.), los ranchos son el 0,4 % (bajaron 4 décimas de p.p.), el resto de las viviendas 0,7% (bajó 0,5 p.p.).

Acceso a vivienda y NBI.
La pobreza y la indigencia tienen múltiples formas de manifestarse y una forma de medirla cuando es estructural es a través de un índice multidimensional que se denomina NBI (1). En la composición de este índice la vivienda tiene una ponderación o importancia fundamental. Por eso, atender la necesidad de vivienda se transforma en prioritario cuando se trata de impactar en las condiciones de vida de la sociedad.
Uno de los objetivos de una política de viviendas es buscar eliminar las categorías habitacionales que resultan inadecuadas para que las familias moren habitualmente en ellas. Los cambios producidos entre estos dos censos son notorios en cuanto a la evolución de la estructura cualitativa del tipo de vivienda. Las mismas son construidas por gestión privada o por operatoria oficial, en una proporción del 52 % en la década pasada y 62% en el primer quinquenio de la presente. Esta proporción favoreció mucho el proceso de inclusión social sobre todo de quienes menos tienen. Hubo una enorme mejoría en las condiciones de vida de los pampeanos de la mano de las viviendas sociales.
La evolución de los cambios producidos en un decenio nos marcan que mientras la población creció el 6,2%, la cantidad de viviendas lo hizo con el 14,3 %, es decir creció más del doble que la población.
Estos diferentes ritmos de crecimiento entre población y viviendas repercutieron enormemente en la faz social de la provincia, puesto que permitió reducir a la mitad un indicador estructural considerado como difícil de mover, como es el Índice de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI)
La evolución del mismo marcó en 2001 y 2010 el 9,2% y el 3,8% de hogares, y el 10,3% y 5,7% de las personas que integran esos hogares. (2)
Si comparamos estos resultados con el contexto nacional, veremos que los valores expresados arriba se compadecen con una provincia con los niveles más bajos en los últimos 40 años, reflejándose estos resultados en cada uno de los cuatro censos nacionales de población. En ellos se comprobó que La Pampa mejoraba el índice en mucha mayor proporción que el valor nacional, llegando en la última oportunidad a reducir la población en esta condición -45%, mientras la nacional se ubicaba en -29%.
Para focalizarnos en los dos últimos censos, la cantidad absoluta de hogares incluidos en el índice disminuyó de poco más de 8.000 a 4.000 y en personas pasó de 30.000 a cerca de 18.000.
Hemos visto más arriba que efectivamente las viviendas de calidad crecieron para producir una baja importantísima en las casas consideradas inconvenientes como los ranchos y las precarias, resolviendo simultáneamente tres de las cinco condiciones del NBI, a excepción de la condición 3, que es la escolaridad de los menores y depende esencialmente de la estrategia familiar, y de la 5, que es una condición propia de cada hogar y está relacionado con la cantidad de personas por cada perceptor de ingresos (capacidad de subsistencia).
Así, entonces, el aumento en el parque habitacional impactó directamente en tres condiciones ligadas directamente a ellas: en viviendas inconvenientes (bajó un -33,1 %), en condiciones sanitarias (bajó un -25,1 %) y un -14 % de baja en hacinamiento. Por otro lado, vemos que la mala condición ocupacional de la población incluida en el NBI del 2001 se revirtió al bajar un -86,2%.
De este indicador surge también que la tipología de la condición de privación depende de las condiciones socioeconómicas de la realidad objetiva del momento histórico en el país. Así, cuando observamos que en el 2001 el factor preponderante en la condición de NBI era la relación ocupado/total de miembros en el hogar, debemos ubicarnos en aquel contexto de crisis total, donde la tasa de desocupación en el aglomerado Santa Rosa-Toay venía acumulando altísimos valores encima de los dos dígitos, marcando el record de todas las épocas (la onda octubre de 2001, un mes antes del censo, marcaba 14,5%), lo que condenaba a la sociedad a un aumento de la pobreza estructural y por ingresos (pauperización). El mismo censo dio entonces 23.000 desocupados para la provincia. Pero merced a las mejores condiciones macroeconómicas imperantes en el 2010, cuando al contrario del 2001 la tasa de desocupación rondaba el 6,1% (desocupados del censo fueron 8.000) mejoró enormemente al bajar en aquella proporción la condición ocupacional.
Como aspecto negativo, la comparación intercensal mostraba que la inasistencia escolar de los chicos de 6 a 12 años había crecido.

(1) Este índice propuesto por Cepal se viene usando a partir del 80 elaborándose en cada uno de los censos de población, y combina cinco dimensiones: 1)vivienda inconveniente, 2) hogares sin retrete, 3) menores en edad escolar que no asistan al colegio, 4) más de 3 personas por cuarto y 5) más de 4 personas por miembro ocupado.

(2) La evolución de La Pampa en las cuatro décadas había estado precedida por permanentes mejoras habitacionales. En el 80 los valores eran en hogares un 18,8% y en el 91 el 12%. Y en personas el 21,9 y el 13,5 % respectivamente.

*Ex director general de Estadística y Censos de La Pampa, ex asesor del diputado nacional Rodolfo M. Gazia, ex director de Servicios de Base (Ministerio de Bienestar Social), ex director de Administración y Control (Municipalidad de Santa Rosa).