Avanza en la región la variante regional Brasil

Señor Director:
Si nos atenemos a lo que dicen los comentaristas brasileños que mejor aprecian la era Lula, la suerte de Dilma Rousseff está echada.
Eric Nepomuceno, lo dice así: El mismo jueves 25 de agosto en que el Senado empiece la votación “que sellará la ya sellada suerte de Dilma Rousseff y sus 54 millones de votos obtenidos en 2014” (cuando fue reelecta), el vicepresidente a cargo, Temer, anunciará cuáles empresas públicas serán privatizadas. Y luego anunciará cambios profundos en las leyes laborales, la reforma del sistema de jubilaciones y el fin de la serie de programas sociales surgidos desde 2003 cuando Lula llegó al poder.
“Un nuevo país surgirá de sus manos avaras y traicioneras. Exactamente el país rechazado claramente por el electorado a lo largo de los últimos trece años y medio”.
Estas palabras de Nepomuceno dicen el grado de rechazo que siente con respecto a la nueva política que se puso en marcha cuando Temer se instaló en la presidencia (había sido electo vicepresidente de Dilma), tres meses atrás. Cuando quede confirmado como presidente hasta 2018 se habrá completado uno de los procedimientos en uso para desmoronar la construcción política regional que tuvo en Lula a uno de los principales protagonistas, aunque su llegada al gobierno marcó el comienzo de lo que ahora aparece como una de esas ventanas que suelen abrirse para generar una opción política superadora. El signo de la época en nuestra región fue posible por la presencia simultánea de un grupo de líderes nacionales que coincidieron en recorrer el camino que se abrió por el Mercosur, con Brasil, Argentina y Paraguay.
Con la sucesiva presencia de líderes de Bolivia, Venezuela y Ecuador la región creó la Unasur y se proyectó a toda América latina. Por una parte, se trataba de dar presencia socioeconómica a los grupos mayoritarios de cada país que habían vivido en la indigencia o la pobreza o haciendo el difícil equilibrio en los tramos más bajos de la escalera llamada clase media. El cometido u objetivo político iba más allá porque pretendió completar el demorado proceso de la independencia de estas naciones para sacarlas de una condición subordinada al interés de las naciones desarrolladas del hemisferio norte. En esa situación, sin capacidad para realizar su propia etapa de industrialización, sin intentar llevar a cabo el sueño de los Libertadores (Bolívar, San Martín…) de generar alguna forma alternativa de integración, superadora de la división colonial, estas naciones quedaban condenadas a una dependencia económica que no fue presentada como tal porque los grupos dominantes en estas sociedades nacionales no tardaron en asumirse como aliados de las antiguas y las nuevas metrópolis. A diferencia de los Estados Unidos, que, lograda la independencia, se lanzaron a constituirse con un territorio tan amplio y variado que posibilitó permanecer durante décadas en una suerte de sueño de aislamiento autosuficiente, del que se comenzó a salir en la I Guerra Mundial, las naciones del sur aceptaron de hecho los límites generados por la administración colonial y esto significó caer en una relación de dependencia, que se hizo evidente a partir de la primera revolución industrial y que en el caso argentino tuvo momentos tan significativos como los que se visualizaron con el pacto Roca-Runciman, cuando incluso se llegó a admitir el agrado de integrar la constelación colonial británica.
El final de Vilma y de los cambios sociales profundos que inició Lula da Silva están en línea con el modelo abierto en Paraguay (con la destitución del presidente que, como Vilma, había sido electo por el voto popular) y guarda similitud con el que se ensaya en Venezuela, cuyo actual presidente está jaqueado desde adentro y desde afuera, débil por la dependencia del petróleo, cuyo precio cayó bruscamente. Hay también la variante electoral.
Atentamente:
Jotavé

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