Avatares de la historia: Macri presidente justo en el Bicentenario

LA SEMANA POLÍTICA

Emilio Marín – Si alguien necesitaba una prueba de que la historia argentina, como la universal, no es determinista sino casquivana, el Bicentenario se la proporcionó: Macri fue presidente en este aniversario redondo. Y en la ocasión, disminuido.
Puede que los nostalgiosos y los seguidores de Cristina Fernández de Kirchner, aprovechen de la comparación que el cronista se apresta a hacer, de movida nomás. Y es que el festejo del Bicentenario de la Revolución de Mayo, con centro en Buenos Aires en mayo de 2010, fue multitudinario y festivo, callejero y latinoamericano. En cambio, la conmemoración del Bicentenario de la Independencia, con epicentro en Tucumán, fue muy limitada y superestructural, montada alrededor de Mauricio Macri y los gobernadores.
Aquél tuvo el acompañamiento de muchos presidentes latinoamericanos, como Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa, entre otros. El de ayer encumbró como figura excluyente al poco benemérito Juan Carlos de Borbón, quien tuvo que renunciar al trono salpicado por escándalos de corrupción propia y de su familia. ¡No vino un solo mandatario! Apenas dos vicepresidentes, un ministro de Defensa, un miembro de una Corte Suprema y un vicecanciller. A eso en el barrio le llamaban “dar asco”.
En 2010 el público se volcó masivamente a las calles, a participar de los actos y festivales, sintiéndose parte de los acontecimientos. Eran tres millones de personas, al punto que el opositor Todo Negativo recomendaba al público no ir al centro de una ciudad colapsada en su tránsito. Ahora solamente se vio a unos pocos miles de tucumanos y turistas en la ciudad que tiene enclavada a la célebre Casa donde se juntaron los congresistas, dos siglos atrás.
En 2010 la cultura popular mostró las destrezas y acrobacias de Fuerza Bruta. Esta vez faltó fuerza…
Hace algo más de seis años había más participación política ciudadana, en un marco regional de varios gobiernos que sintonizaban una onda de cambio y progresismo, con discursos y algunas medidas opuestas a Washington. Eso compaginaba con el relato histórico de la Primera Independencia aunque los gobernantes de acá no fueran una reencarnación sanmartiniana.
Lo de estos días, en cambio, dio grima, por lo alejado de los paradigmas entre los valores homenajeados y su carnadura actual. Si hasta la presencia del ex rey Borbón daba pátina de comedia a lo que el gobierno macrista quería presentar como histórico. Bien por los diaguitas que se negaron a marchar.
Pudo tocarle a Yrigoyen, Perón, Illia, Cámpora, Perón, Kirchner o CFK. La historia, con ciertas dosis de azar, y por la influencia del voto ciudadano y mediático, determinó que las cintas de esta ceremonia bicentenaria las cortara Macri. Con voz impostada dijo fuerte “Viva la Patria”. Muchos se preguntaron dónde queda Bahamas y cómo se dice “offshore” en castellano.

Gira reveladora.
Antes de aterrizar en Humahuaca y luego en Tucumán, el presidente que clama contra la “pesada herencia” recibida y dice haber tomado medidas duras sintiéndolo por los ciudadanos menos pudientes, anduvo de gira en la región y el mundo.
En Chile compartió reuniones con CEO y directivos de multinacionales que deliberaban en paralelo a la cumbre de presidentes de la Alianza del Pacífico. En realidad esos ejecutivos son los que “sugieren” (léase ordenan) a esos gobiernos las grandes líneas de su acción. En Argentina no tienen intermediarios y son ellos en vivo y en directo los que toman las medidas de las que son beneficiarios, caso Juan J. Aranguren, accionista de Shell.
Y de esa cita con empresarios, el ídem Macri fue a reunirse con Bachelet, Peña Nieto, Santos y el flamante mandatario de Perú, PKK. Allí, en su calidad de observador, el argentino hizo profesión de fe de que hará todo lo posible para que el Mercosur, del que el país es fundador, se articule con la Alianza del Pacífico. Este es un retazo de la fracasada Área de Libre Comercio de las Américas, que cayó hecha polvo en Mar del Plata en noviembre de 2005.
Desde Chile, MM voló a Francia, Bélgica, Alemania y finalmente Estados Unidos. En los tres primeros destinos tuvo un recibimiento de primera por parte de Hollande, las autoridades de la Unión Europea y Merkel, incluso de los reyes de Bélgica. En Bruselas, la primera dama Juliana Awada tuvo así su cuota de franela con la alta sociedad, a diferencia de Berlín donde no tuvo más remedio que andar de turista y paseos de compras, que también le gusta, por ausencia de la machista figura de “primera dama”.
Como el verbo no es el fuerte del presidente, en todos esos destinos repitió lo mismo: que recibió un país en pésima situación, que tuvo que corregir tarifas sabiendo que lastimaba a mucha gente, que Argentina se ha reintegrado al mundo y que aguarda una lluvia de inversiones, que el populismo es la peor solución y ahora se vienen tiempos mejores. Repitió que hay que trabajar en equipo, con fe, mirando hacia el futuro, con alegría, etcétera. El mediocre Daniel Scioli podría demandarle el copyright de ese discurso rastrero, aunque Durán Barba también dirá que él lo hizo.
Los ajustadores de los trabajadores europeos, como el presidente francés (que tiene a los asalariados soliviantados desde inicios de 2016), la canciller germana, contra las cuerdas aunque no tanto como el renunciado David Cameron, y las autoridades de la UE, donde también se cuecen habas, dijeron compartir las recetas de ajuste de Macri. Son muy parecidas a las salvajadas que ellos impusieron en Grecia, España y Portugal.
Y la frutilla podrida de ese postre se mostró en el estado norteamericano de Idaho, donde el viajero llegó para participar en una reunión de empresarios de Coca Cola, Hewlett Packard, Intel, Disney, Apple, etcétera. Antes de entrar, declaró a la cadena norteamericana CNBC que pensaba en millonarias inversiones. Preguntado del origen de las mismas, contestó: “vendrán de todo el mundo y quiero que así sea. Si todo viene de China, va a ser una relación desbalanceada con el mundo. China ha sido muy agresiva, están listos para poner toda la plata que necesitamos para invertir, para comprar nuestras compañías. Pero quiero una situación balanceada en mi país”.
El jefe de Estado se ofrece como canal para que los grandes capitales europeos y sobre todo estadounidenses recuperen posiciones en Argentina. Su justificativo fue que Argentina tiene afinidad cultural con ese bloque de poder; en su caso más que afinidad parece identidad.
Y de la selecta conferencia Sun Valley, organizada por la firma de inversiones Allen & Company, Macri se fue en vuelo privado a Jujuy. Lo esperaba su amigo Morales, feliz de mantener presa a Milagro Sala e inventarle una décima causa.

Patria no se vende.
En contraste con aquella mesa de ofertas y remates de saldos y retazos, la carta del Papa tuvo un contenido patriótico y regional porque aludió, más allá de los límites geográficos, a la Patria Grande.
Con su jerga religiosa, pero bien comprensible, Francisco aludió como idénticos a la Madre y a la Patria, madre de todos los argentinos pero ante todo de “los más llagados de todos”. Aludía así a los más pobres, presos, gente sin trabajo, etcétera.
La misiva fue dirigida al arzobispo Arancedo, del Episcopado, pero también a las autoridades nacionales y a la población. Fue leída ayer en las ceremonias de Tucumán y los funcionarios macristas pusieron cara de póker, tratando que pasara desapercibida su incomodidad. Es que el sentido de la carta no se compaginaba mucho con el discurso macrista poco fraterno hacia el gobierno que lo precedió y sobre todo con el modelo de ser un supermercado del mundo, donde todo tiene un precio de venta, con ganancias para los dueños de la góndola, que no suelen ser nacionales.
Habría sido muy interesante que Francisco, fiel a su origen argentino, hubiera visitado el país en este Bicentenario. Sus defensores a ultranza dirán que no pudo venir por exceso de trabajo. La verdad puede ser que no quiso pisar suelo argentino porque la falta de sintonía con el gobierno de MM habría sido indisimulable. Capaz que Elisa Carrió le hacía alguna denuncia por ser funcional o incluso socio de una “asociación ilícita” con Cristina y Lázaro Báez.
Quizás a la buena carta del Pontífice le faltó algo, aunque se entiende su limitación ideológica. Él habló de la pobreza de muchos argentinos (1.4 millón más en los primeros meses de Macri, dijo la UCA), pero no explicó la causa del drama. La pobreza no cayó del cielo en este país dotado de enormes recursos y riquezas. Fue y es el resultado inevitable de ciertos gobiernos que en estos doscientos años dispusieron medidas en favor de minorías acaudaladas y en contra de las sufrientes mayorías.
Superada la etapa de la colonia cuando 29 congresistas declararon la independencia en Tucumán y los ejércitos de San Martín convirtieron en realidad aquel papel, luego sobrevinieron la Generación del ’80, la semicolonia británica y la neocolonia norteamericana, con paréntesis de interrupciones radicales y peronistas favorables a las clases medias y cierta industrialización. Lamentablemente la rueda de la historia encuentra a Argentina del Bicentenario en un giro neoliberal, pero con el optimismo del corazón se puede suponer que es apenas un momento. Que el Borbón volverá al basurero de la historia. Y Mayo y el Bicentenario recuperarán su sentido y representantes.

Compartir