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Avivando el fuego

DOMINICALES

Por estos días, una negra humareda opaca los cielos pampeanos, pero no proviene de nuestros habituales incendios estivales, que hasta la fecha parecen estar bien controlados por los operativos de rigor. El humo proviene del otro lado del mundo, la gran isla de Australia, que comparte con nosotros la latitud, el clima continental y la desgracia de las hordas neoliberales y la prensa corrupta.

Ruperto.
Podrá parecer una protesta algo exagerada asociar los incendios forestales con la ideología que asolara a nuestro país hasta el 10 de diciembre. Pero a poco que se estudie la cuestión, las dudas no caben.
Buena parte del problema australiano tiene nombre y apellido: se llama Rupert Murdoch, creador del mayor conglomerado de prensa del planeta. Oriundo de Australia -más concretamente, de New South Wales, epicentro de los actuales incendios- el anciano magnate no tuvo suficiente con dominar la prensa de su país en apenas 20 años. En 1969 decidió expandir su imperio a Inglaterra, donde adquirió los periódicos News of the World y The Sun, epítomes del periodismo amarillista británico (reponsable, al parecer, del reciente desgajamiento, en la familia real, de su pareja más marquetinera).
Sus prácticas periodísticas hablan por sí solas: sus medios fueron acusados, en 2011, de haber intervenido ilegalmente los teléfonos de políticos y celebridades británicas, como así también se vieron envueltos en escándalos por soborno y corruptelas varias.

El pulpo.
Era casi natural que Murdoch terminara en Estados Unidos, donde compró Twenty Century Fox, HarperCollins y el Wall Street Journal, que pasaron a integrar así las más de 800 megaempresas periodísticas que posee a lo largo y a lo ancho del globo.
Desde su canal de noticias Fox, el australiano impulsó, al igual que en el resto del mundo, una agenda ultraconservadora, que hoy por hoy consiste básicamente en apoyar a Donald Trump, a la American Rifle Association (principal defensor de la venta y tenencia irrestricta de armas en un país donde mueren decenas de miles de persona por ese flagelo) y a cualquiera que, contrariando la ciencia, niegue la existencia del cambio climático.
Lo cual nos lleva de vuelta a su Australia natal, donde los periódicos y canales de TV de la Murdoch News Corporation han sido descubiertos orquestando una campaña de desinformación pocas veces vista, mientras el país se debate entre la muerte y la destrucción de incendios forestales inéditos.

Mentiras.
La campaña tiene el sesgo habitual, cada vez que se presenta un problema demasiado grande como para ocultarlo: desviar la información con noticias falsas, culpar a la izquierda de lo ocurrido, proteger a los líderes conservadores, y ocultar por completo la problemática del cambio climático -y su contracara de codicia humana- única explicación viable para comprender la problemática de los incendios forestales, en Australia y en Amazonia también.
Mentira número uno: dijeron que los incendios de este verano no eran más graves que los que ocurrieron en años anteriores. La ciencia los refuta: las más de 10 millones de hectáreas que están incendiadas equivalen a la superficie quemada en los últimos 15 años, todos juntos.
Mentira número dos: dijeron que «la izquierda» y los ecologistas se oponían a los contrafuegos, a la picadas y extracción de árboles muertos, lo cual dificultaba la tarea de los bomberos. A más de que el Partido Verde salió inmediatamente a desmentirlos, lo cierto es que no existe un sólo documento ecologista que avale semejante despropósito.
Mentira número tres: le adjudicaron una importancia desproporcionada a los incendios intencionales, que conforme los estudios serios, no justifican ni siquiera el 5 por ciento de los focos ígneos producidos esta temporada.
Es así como Rupert Murdoch está contribuyendo activamente a la destrucción del hermoso país que lo vio nacer, develando así que sus intereses personales, y los de su clase, nada tienen que ver con el patriotismo, por mucho que se desgañiten hablando del tema los energúmenos conductores de Fox News.
Los incendios concluirán en marzo, con el cambio de estación, dejando atrás una secuela de destrucción y muerte (hasta ahora, más de veinte personas y millones de animales). Pero la peor siembra de Murdoch será, una vez más, la de las falsas noticias. Una vez que estas mentiras atroces se propagan como virus, el debate serio sobre los incendios, el cambio climático o la democracia misma, se vuelve casi imposible.

PETRONIO