Belgrano los avergüenza

LA SEMANA PAMPEANA

I – Los pampeanos, atribulados por las funestas noticias que nos llegan desde el centro del poder en la Argentina, donde se apuesta nuevamente a enmascarar la crisis y recurrir a la plata fácil del Fondo Monetario Internacional, tuvimos, al menos, el consuelo fuertemente simbólico de escuchar, nada menos que en el acto central del Día de la Bandera en La Pampa, a la ministra de Educación advirtiendo sobre los peligros que esas políticas ruinosas de sometimiento al FMI acechan a la independencia económica de nuestro país.
En tiempos en los que el discurso entreguista presume de “técnico” y se disfraza de “apolítico” pretendiendo enunciar así una verdad indiscutible, en que se pide la complicidad de los partidos políticos para que den consentimiento al sometimiento del país a las políticas de entrega y se la disfraza de “responsabilidad”, en que, en fin, toda una maquinaria de falseamiento de la realidad a través de los medios masivos y la enorme red de propaganda de la que dispone el gobierno, intenta crear un escenario fatalista ante el cual la disidencia es una herejía castigada con el silenciamiento mediático, el linchamiento judicial o el ataque económico, el discurso de la ministra que toma la historia de Belgrano para engarzarla al presente y ayudarnos a entenderlo, es un acto de responsabilidad política y de reivindicación histórica.

II – Es claro por eso que si fue el Día de la Bandera el elegido para formular la advertencia no fue obra de la causalidad. Todo lo contrario, ese día recuerda la temprana vocación independentista de los dirigentes políticos que, como Manuel Belgrano en los albores de la nacionalidad, crearon nuestra bandera como un símbolo de una aspiración que no se agotaba en ella, ni en sus colores, ni en la independencia política. Belgrano ató, aún antes de 1810, esa aspiración al desarrollo de las actividades económicas. Belgrano sabía que de nada valía pelear la independencia territorial si no se creaban los instrumentos de producción y desarrollo que la sustentaran.

III – Recordar sus palabras y aplicarlas a la actualidad no deja margen de duda sobre qué posición tendría el creador de la Bandera ante la política económica que hoy nos abruma: “la importación de mercancías que impiden el consumo de las del país o que perjudican al progreso de sus manufacturas, lleva tras sí necesariamente la ruina de una nación”, decía en sus escritos.
Pero no era ésa una declaración a favor de la “burguesía nacional” ni un cheque en blanco para la explotación capitalista dentro de las fronteras. Su preocupación para que la riqueza se distribuyera fue constante y su visión antimonopólica, profética. Cuando, hace dos siglos advertía que “los grandes monopolios que se ejecutan en esta capital, por aquellos hombres que, desprendidos de todo amor hacia sus semejantes, sólo aspiran a su interés particular, o nada les importa el que la clase más útil al Estado, o como dicen los economistas, la clase productiva de la sociedad, viva en la miseria”, nos revela cómo los viejos problemas de la colonia que identificaba Belgrano, persisten y siguen siendo hoy los que dividen a patriotas y contrarios.
De la misma forma, la prédica industrialista de Belgrano nos da una visión del “mundo” en las antípodas de los que hoy quieren entrar en él destruyendo las fábricas y abriendo las fronteras a los especuladores parásitos de nuestra riqueza: “Todas las naciones cultas se esmeran en que sus materias primas no salgan de sus estados a manufacturarse, y todo su empeño en conseguir, no sólo darles nueva forma, sino aún atraer las del extranjero para ejecutar lo mismo. Y después venderlas”.

IV – No es casualidad que el presidente haya faltado al acto central en el monumento a la Bandera. El abismo que media entre la prédica y la vida del prócer es más que solo una excusa. Para quien planteaba la reforma agraria o que “exportemos zapatos y no cueros”, la política de beneficiar la concentración de la tierra y la ruina de la industria del calzado nacional sería ni más ni menos que una traición a la Patria. Pero más aún, en un gobierno de ricos que usan el poder para enriquecerse, la figura de Belgrano que perdió su fortuna personal en su paso por la política, los desnuda y, si eso es posible, los avergüenza.

V – (El escandaloso caso de la restauración del emblemático monumento a la Bandera de Rosario, adjudicada al primo del presidente y ahora abandonada por falta de pago de Nación y con denuncias de deficiencias graves en su ejecución, es tal vez, la mejor pintura de la distancia que media entre las ideas del creador de la Bandera y los que hoy gobiernan. De los que dieron vida y fortuna por la Patria y los que usan las posiciones de poder para servirse de ella). (LVS)