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Biden asumirá en enero un imperio en decadencia

TRUMP AUN NO RECONOCIO PERSONALMENTE SU DERROTA

A los adoradores y adoratrices de la «gran democracia del Norte» hay que recordarles que Trump aún no admitió su derrota. Un imperio decadente y una democracia muy limitada.
SERGIO ORTIZ
Las elecciones presidenciales se celebraron el pasado 3 de noviembre y recién 40 días después, el 14 de diciembre, el Colegio Electoral proclamó que las había ganado el candidato demócrata, al reunir 302 delegados de ese Colegio frente a 232 del republicano Donald Trump. El número mágico para Joe Biden era 270, superado con cierta comodidad aunque al principio los demorados recuentos en varios estados habían puesto una cuota de suspenso.
Esa demora en dar resultados oficiales le vino muy bien al magnate para montar su espectáculo de denunciar un fraude y negar la victoria del rival. En esta última tesitura todavía insiste, aunque tuvo fallos judiciales en contra y hubo resultados oficiales de estados que fueron en sentido contrario a los números inflados por él y su abogado Rudolph Giuliani. Los 200 millones de dólares que habían colectado para pleitear en la justicia contra la evidente victoria de Biden-Kamala Harris habrán quedado de reserva para futuras campañas electorales del magnate o para fines menos políticos aún.
Que un neonazi como Trump recibiera 71 millones de votos y reuniera miles de millones de dólares para su reelección, pese a haber ubicado a Estados Unidos en lo más alto del podio mundial de contagios y muertes por el Covid-19, eso ya da una idea concreta de lo bajo que ha caído ese imperio.
Inventan denuncias de fraude en países como Bolivia en 2019 para justificar un golpe de Estado contra Evo Morales, y en Venezuela, para desconocer la reciente elección para la Asamblea Legislativa. Y ponen el grito en el cielo porque en La Paz se detuvo el recuento momentáneamente, pero no dicen nada de los 40 días que demoró EE UU en contar los votos, reunir al Colegio Electoral y dar como ganador a Biden.

El peor del mundo.
El presidente electo asumirá sus funciones el 20 de enero y encontrará un país devastado por la pandemia. Hasta el 30 de diciembre había 19.977.704 contagiados desde el inicio de aquélla, con 346.579 fallecidos. Hna suma de factores que influyeron para esa pésima performance, incluida la poca responsabilidad de una buena parte de su población, pero sobresale la horrible política del presidente, que ni siquiera quería usar barbijo.
Trump pronosticó que la cifra final de fallecidos estaría entre 50 y 60 mil fallecidos, y luego – ante la desmentida de la realidad – se estiró hasta estimar 110 mil muertos. Hoy, con el problema lejos de haber concluido, esa cifra se multiplica por tres.
El listado de los diez países más afectados viene así: EE UU 19977704, India 10245326, Brasil 7564117, Rusia 3131550, Francia 2634436, Reino Unido 2389934, Turquía 2178580, Italia 2067487, España 1906057 y Alemania 1691707 (luego está Argentina como el número 11, Colombia el 12 y México el 13).
A pesar de haber comenzado el 14 de diciembre la campaña de vacunación (con las vacunas de Pfizer y Moderna), los planes están muy lejos de sus metas. El mayor infectólogo del país, Anthony Fauci, dijo que a esta altura tenían previsto haber vacunado a 20 millones de personas y sólo lo hicieron con el 10 por ciento, o sea 2 millones.
Ese director del Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas dijo que la pandemia está «fuera de control». De cara a enero teme un notable incremento de casos, superando los números de diciembre: «debemos asumir que va a ir a peor, estamos entre 100 y 200 mil infecciones al día. Hubo un período en la peor parte de diciembre, cuando estaba por encima de 200 mil».
Si bien estos números son muy preocupantes, lo son más en particular para ciertas capas y clases de la población. Por ejemplo, cuando la vicepresidenta electa, Harris, fue a vacunarse a un lugar de la zona sudeste de Washington, trascendió que la minoría afroamericana viene aportando el 20 por ciento de las muertes.

Gobierno de los ricos.
O sea que el virus no ataca del mismo modo a todas las personas sino que causa más enfermedad y muertes en los que tienen peores condiciones de vida, ingresos y acceso a la salud.
Al 30 de diciembre vencían los planes de ayuda del Estado a 14 millones de personas, vía subsidios y otras medidas que se habían votado en marzo como parte de un paquete estatal.
Como la gravedad de la crisis no cedió en Yanquilandia, en los últimos meses las dos cámaras del Congreso negociaron un nuevo paquete de ayuda por 900.000 millones para continuar con ese apoyo, que anteriormente se traducía en un cheque de 600 dólares a cada persona en grado de necesidad (además de subsidios y créditos a empresas, etcétera).
Este capítulo muestra otro aspecto muy desastroso del sistema bipartidista yanqui: las manipulaciones y jugadas políticas según la conveniencia de los dirigentes. Es que Trump al principio se demoró en aprobar la reanudación del salvataje estatal, como amagando que no lo haría. Pero al final, en el último día disponible, cuando vencía el paquete de marzo, apareció como si fuera «de izquierda»: reclamó a ambas cámaras que el apoyo a los necesitados no fuera de 600 dólares sino de 2.000.
Pareció una iniciativa de Bernie Sanders, el senador demócrata autor con Harris del primer paquete y que osó hablar de socialismo en las internas, perdiendo frente a Biden y la derecha demócrata.
Se estima que, aún con resistencia de miembros de la bancada republicana, ese aumento será aprobado en el Capitolio. De lo contrario, Biden a partir del 20 de enero tendrá que lidiar con el Capitolio para aumentar esos montos para los más necesitados. Caso contrario, quedaría a la derecha de Trump, el presidente más derechoso de los 45 que hasta ahora pasaron por la Casa Blanca. Ahora sigue míster Biden, el 46.

Versus China.
Seguramente el nuevo mandatario estará cavilando con sus equipos la política internacional que llevará adelante, si bien el modelo podría tener puntos de contacto con los de la administración Obama (2009-2017) que aquel integró como vicepresidente.
Del lado de los países agredidos por Trump, hay cautela y buena voluntad, claro que con la guardia alta porque tampoco confían en recibir abrazos fraternales de USA. China, Rusia, Irán, Siria, Palestina, Venezuela y Cuba, agredidos con distintas sanciones, bloqueos y también misiles (en caso de Irán), querrían iniciar una nueva etapa, con un trato de iguales y sin renunciar a sus principios, conquistas y sistemas.
Y eso es mucho pedir para un imperio que se cree el dueño del mundo, aún cuando ya no lo es ni lo volverá a ser.