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Biden complicado, con una papa muy caliente en la boca

CRISIS POLÍTICA, ECONÓMICA Y SANITARIA DE ESTADOS UNIDOS

Si no hay más complicaciones, Joe Biden asumirá el 20 de enero la presidencia de EE UU. Por la crisis política, económica y sanitaria, tiene una papa muy caliente en la boca.
SERGIO ORTIZ
Muchos sabían que Estados Unidos es una potencia decadente que nada tiene de democrática, ni hacia adentro ni afuera de sus fronteras. Esa pintura real del imperio, disfrazado de «mayor democracia del mundo», terminó por descascararse el 6 de enero, cuando miles de partidarios de Donald Trump, alentados por éste, sitiaron el Capitolio. El núcleo más neofascista, supremacista y racista, con toques de locura total, arremetió con violencia contra las líneas de defensa policial y de la seguridad del edificio del Legislativo.
Esos trumpistas portaban armas, además de una ideología antidemocrática muy violenta. Su objetivo iba en regla con todo eso: impedir que los representantes y senadores aprobaran los votos llegados de los Colegios Electorales de todos los estados. Con ese escrutinio quedaría sellado el triunfo de Joe Biden-Kamala Harris en los comicios del 3 de noviembre sobre la dupla republicana Trump-Mike Pence.
Trump convocó a sus partidarios a concurrir al lugar para impedir la consumación de lo que para él fue un «fraude». Y con las primeras noticias de los hechos violentos, elogió como «patriotas» a quienes habían causado no solamente daños en el edificio sino, mucho más importante, la pérdida de 5 vidas y heridas a decenas de personas. Hubo 80 detenidos. Muchos portaban banderas de la derrotada Confederación esclavista del Sur, más símbolos neonazis y supremacistas; algunos creían estar en Hollywood, pintados y con cuernos de bisonte, como el tipo de la secta QAnon, Jake Angeli, en estado de éxtasis por tantas cámaras, videos y fotos.
Trump confirmó que es un mal perdedor. Dato menor y archiconocido pues desde antes del comicio «abrió el paraguas» contra el voto por correo y denunció un fraude inexistente. El dato mayor es que la democracia estadounidense tiene poco de tal, con personeros de esa calaña al frente del poder cuatro años y con 74 millones de votos aún en su derrota.
Lo bueno de esos desgraciados sucesos es que muchas personas han tenido una ayudita para abrir los ojos y conocer qué clase de sistema político es el «made in USA». Hasta la Estatua de la Libertad se agarró la cabeza, avergonzada.

El virus.
En la derrota trumpista tuvo incidencia su pésima performance frente a la pandemia a la que subestimó de principio a final pese a que ya mataba mucha gente en el país.
Hasta ayer EE UU ostentaba el triste récord de mayores contagios, 22 millones, y de muertes, 365.000, entre los casi 200 países y regiones donde se hizo sentir el «virus chino», como estigmatizó el magnate.
Pese a que el imperio tiene una lista larga de laboratorios propios y en sociedad con capitalistas de otros países, y que ya tiene aprobadas las vacunas de Pfizer y Moderna, el número de vacunados es bajo. El infectólogo Anthony Fauci dijo que se había vacunado el 10 por ciento de 200 millones de personas, pero otras informaciones dicen que está vacunado sólo el 2 por ciento de la población y 6 millones tienen puesta la primera dosis.
En esta primera quincena de enero han tenido 3.900 muertos por día, algo que no sucedía desde los peores momentos del coronavirus. El problema es gravísimo a nivel país; los estados del oeste y del sur son los más castigados. Las minorías afroamericanas y otras franjas de gente pobre, latina, etc, son proporcionalmente las mayores víctimas.
Biden tendrá que lidiar con la pandemia. Y no la tendrá fácil, pero al menos -a diferencia del neonazi – anunció que volverá a la Organización Mundial de la Salud, de donde éste había salido dando un portazo. Se supone que EE UU tendrá una mejor política anti COVID-19. Peor que Trump, imposible.

Crisis económica.
Si los sucesos cuasi golpistas del Capitolio se llevaron la mayor atención en los últimos días, no sacó del foco a la crisis económica estadounidense. El año 2020 terminó como la mona, porque sólo en diciembre se perdieron 140.000 empleos, engrosando la lista de millones de desocupados que ya habían pedido el subsidio por desempleo.
Allá en el Norte también echan mano de la «maquinita» de imprimir moneda, algo tan criticado en Argentina por la oposición derechosa, economistas del establishment y medios hegemónicos. En Washington, en cambio, llegado el caso, no se andan con vueltas. Emiten «verdes» a rolete sin que el FMI les exija «sustentabilidad fiscal». Aprobaron un primer paquete millonario en 2020 y casi al finalizar el año otro por 900.000 millones, para ayudar a familias de pocos ingresos, empresas, etc.
Son imperialistas pero no tontos. Sin ayuda del Estado puede haber un estallido social muy superior a las protestas tras la crisis de las hipotecas subprime de 2008, cuando nació el movimiento «Occupy Wall Street».
El 2020 terminó con un gran déficit de la balanza comercial yanqui, que el presidente saliente quiso explicar echando la culpa a China, para fundamentar sanciones. Sólo en noviembre 2020 el rojo de la balanza comercial fue de 68.100 millones de dólares; tomando el período enero-noviembre del mismo año fueron 604.823 millones de dólares.
Por suerte para los gobernantes que se van y para los que llegan, el FMI, con asiento en Washington, no los increpará ni inspeccionará números de su economía. No les dirá, «señores, ¿cómo van a pagar deudas con semejante rojo de balanza comercial?».

Papa caliente.
Trump culminó su horrible mandato haciendo de las suyas en política internacional. Volvió a incluir a Cuba en la lista de países que practican el terrorismo internacional, de donde la había extraído Barack Obama al final de su gobierno. Es todo al revés. El mal vecino estadounidense bloquea a la Mayor de las Antillas en forma total desde 1962; entre intentos de invasión, atentados terroristas, etc, provocó más de 5.000 muertos y heridos cubanos. El ladrón, en este caso el criminal, grita «al terrorista».
Al magnate neonazi le han pedido un impeachment por alentar la insurrección el 6/1, por un lado, y pidieron al vicepresidente Pence que lo deponga invocando la 25 Enmienda, pero es posible que zafe en lo inmediato.
Con 81 millones de votos propios y con su principal adversario atravesando un campo minado de desprestigio y denuncias en su contra, Biden podría tener algunas facilidades iniciales.
De todas maneras, como la pandemia no se cerró ni mucho menos, la economía sigue cayendo y la situación política nacional indica que Trump tiene aún un fuerte capital político y finanzas robustas, por el apoyo militante de una mitad del electorado, incluyendo los neonazis que invadieron el Capitolio, etc, se puede deducir que el nuevo presidente asumirá. Pero tiene una papa muy caliente en la boca. Dirán que sonríe y abre los labios de felicidad, pero es porque se está quemando y no sabe si escupirla o tragarla.