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Blindaje a la corrupción M

Uno de los ministros estrella del gobierno de Mauricio Macri desfiló este martes por Comodoro Py sin que ninguno de los diarios porteños ponga una línea en sus tapas. Se trata de Juan José Aranguren, quien entró a la cartera de Energía apenas horas después de renunciar como CEO de Shell, una de las compañías petroleras más grandes del mundo.
La protección mediática al macrismo por parte de las mayores corporaciones informativas contrasta de raíz con las encarnizadas coberturas que despliegan cuando se presentan ante la Justicia exfuncionarios kirchneristas. En este caso los títulos catástrofe y las fotografías aviesas ocupan las tapas de los grandes diarios durante varios días mientras que los canales y las radios de los mismos grupos amplificaban hasta el hartazgo esas persecuciones.
Hasta el discurso mediático cambia de raíz. En los diminutos espacios que dedicaron a Aranguren, en las páginas interiores de los diarios y en escasos segundos de radio y TV, nunca se leyó o escuchó la palabra «corrupción». Ese calificativo solo tiene lugar, para la prensa oficialista, si se trata de acusados K, nunca para los imputados M. En este último caso se suele apelar a eufemismos del tipo «conflictos de intereses», o también al más técnico «negociaciones incompatibles con la función pública».
Tampoco aparecen en la metodología de las investigaciones los chanchullos tan habituales en Comodoro Py para perseguir a los exfuncionarios del gobierno anterior. En este caso no se dictan prisiones preventivas al amparo de la «doctrina Irurzun», ni hay operadores judiciales trajinando los pasillos judiciales haciendo lobby para que tal o cual juez se apropie de una causa «sensible», obviando el mecanismo de sorteo que es, al menos en la letra de los procedimientos, «obligatorio». En fin, todo ese vasto repertorio de operaciones que desplegó el macrismo para perseguir mediante el «lawfare» -la guerra con la ley- y que lo hiciera merecedor de un duro cuestionamiento de, nada menos, una Relatoría de las Naciones Unidas.
Y eso que las acusaciones contra Aranguren que está investigando el juez Luis Rodríguez no son menores. Violar la Ley de Etica Pública por su estrecho vínculo con la Shell; dejar de comprar gas a Bolivia para comprarle a Chile -abastecido a su vez por la Shell- a un precio del 128 por ciento superior; aplicar tarifazos astronómicos nunca vistos en la historia del país, etc. Todo un abanico de situaciones que expone a uno de los más conspicuos representantes de un gabinete integrado en su mayoría por CEOs de las más grandes compañías privadas del país. El «círculo rojo» en todo su esplendor.
Son muchos los que todavía se preguntan sobre la persistencia de una idea fija que anida en las mentes de no pocas personas pertenecientes a todas las capas sociales de nuestro país: aquella que achaca al kirchnerismo todos los males de la corrupción a la vez que libera de toda sospecha al macrismo. Este solo ejemplo que hoy citamos aquí y que desnuda el proceder de los grandes grupos mediáticos debería alcanzar para arribar a una conclusión.