Búsqueda del símbolo en la actualidad política nacional

DOMINICALES

Llamó la atención lo acontecido el pasado jueves 4, con el protagonismo de Hebe de Bonafini, la titular de Madres de Plaza de Mayo.
De todo ese suceso destaco dos aspectos: por un lado, la carta de Bonafini al juez de la causa por la cual fue llamada a prestar declaración; por otro, la actitud de las personas que acudieron a la sede de Madres ante el rumor de que Hebe pudiese ser detenida para obligarla a prestarse a la indagatoria judicial, en la causa conocida como Sueños Compartidos. Hebe se negó por dos veces a estar presente. El magistrado federal ordenó que fuese llevada por la fuerza pública.
Cuando la fuerza pública se encaminó a la sede de Madres, unas cincuenta personas pusieron sus cuerpos como obstáculo para su ingreso. El número de estas personas aumentó rápidamente: fueron pronto varios cientos y terminaron siendo millares. Hebe salió en la camioneta de Madres y enfiló hacia la Plaza de Mayo: era un jueves, día tradicional de la presencia de Madres en la Plaza desde hace 1999 jueves. La policía cerró el paso por la calle, pero la camioneta de Madres pasó por la vereda en la cual quienes la acompañaban hicieron lugar para la maniobra.
Hebe, que tiene 87 años y poca salud, estuvo ahora en ese lugar poco menos que mítico, sentada, pero cumpliendo el rito. Luego retornó sin novedad a la sede de Madres, cubierta por una multitud creciente y un accionar policial que evitó el choque.

Carta.
Hebe Bonafini había enviado una carta al juez federal. Le dice que desde el 8 de febrero de l977 (dictadura) padece agresiones de la “mal llamada justicia”. Desde entonces ha hecho 168 presentaciones por su hijo Jorge, luego por su hijo Raúl, desaparecido en diciembre del mismo año…luego, en l978, desapareció su nuera María Elena…Nada cambia. En 2001 a su hija Alejandra la torturaron casi hasta matarla. Y que llegó el caso Schoklender y el comienzo de una acusación por el manejo de fondos del proyecto Sueños Compartidos (construcción de viviendas populares). Dice Hebe: aportamos 60 cajas con pruebas y 40 backups “a Oyarbide y después a usted”, “que ni siquiera leyeron”. Que ella fue al juzgado tantas veces como fue llamada y hace unos meses fue al despacho del juez para informarse sobre la marcha de la causa. Ahora, cuando “otra vez se nos castiga a todas… a pagar deudas injustas y ajenas” no ha aceptado las dos convocatorias.

Símbolo.
Guste o no guste el lenguaje o su apariencia, esta mujer representa no solamente el momento de la dictadura militar, durante la cual la desaparición de personas se convirtió en hecho corriente y característico. Un grupo de Madres que querían saber de sus hijos, ante la falta de respuesta de la justicia y del gobierno militar resolvieron reunirse los jueves en la Plaza de Mayo (un “lugar argentino”) y girar en torno a la pirámide. Esta actitud, que reveló en su momento estar más allá del miedo, terminó convirtiendo a estas mujeres en un símbolo que hoy está reconocido por el mundo y que ha motivado varias propuestas para un Nobel de la Paz. Puede que sean también una manera, igualmente simbólica, de advertir a los partidos políticos que la extrema división de sectores deja al proceso en marcha sin los pesos y contrapesos necesarios para que la vigencia de la democracia no se interrumpa. El hecho mismo de tantas personas resguardando a la Bonafini, entre ellos no pocos dirigentes políticos, produce la impresión de que se esté gestando un nuevo centro de coincidencias. O que haya una parte significativa de la ciudadanía que lo espera y lo propicia.
Desconozco el detalle del caso Sueños Compartidos, aunque veo semejanzas con la situación por la cual la jujeña Milagro Sala lleva ya diez meses en prisión sin que haya habido un proceso.
Me sobresalté cuando Madres hizo una suerte de adopción de los hermanos Schoklender, cuando aún estaban en prisión por haber asesinado a sus padres. Los Schoklender habían cursado la universidad en prisión y uno de ellos era abogado cuando los conocieron las Madres. Pensé que era un riesgo ponerlos a trabajar en proyectos de Madres con apoyo financiero del gobierno y no me sorprendió que surgiese una denuncia por presunto mal manejo de fondos de origen público. ¿Error de las Madres en su modo de intentar este rescate de los Schoklender y la oferta de una oportunidad para quienes estaban en la situación inversa a la de los desaparecidos por la dictadura, pues ellos eran responsables del horroroso caso que costó la vida a sus padres? Hebe cree que todo fue responsabilidad de los Schoklender y, en su carta, dice haber aportado pruebas suficientes.
Jotavé