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Cabildo abierto por el Colorado

El anuncio por parte de la Fundación Chadileuvú de constituir en los meses venideros un cabildo abierto en defensa del río Colorado incorpora un nuevo aporte al siempre controvertido panorama hídrico de la provincia. Desde su misma denominación la iniciativa aparece como polémica, al par que necesaria dadas las actuales circunstancias físicas y humanas que se dan en el curso fluvial. La expresión cabildo hace referencia a instituciones locales que representan a la población y gestionan sus intereses, de lo que se deduce que la iniciativa -máxime al ser «abierta»- apunta a una acción colectiva con participación de sectores locales e interprovinciales en virtud del carácter del río.Es claro que hoy no existe una visión uniforme sobre la situación general del Colorado por parte de las provincias que integran el comité de cuenca, en donde parecen primar los intereses políticos sectoriales por sobre la visión global, de conjunto.
De allí que en la convocatoria sobresalga la palabra «defensa». ¿De qué hay que defender el único río hoy vigente en La Pampa? Las evidencias indican que hay básicamente dos causas de perturbación: naturales y humanas. Entre las primeras se destaca la pronunciada bajante en los caudales medios del Colorado desde hace aproximadamente una década; ¿es producto del calentamiento global o de uno de los ciclos que suelen darse en la naturaleza? En cualquiera de los dos casos parece imprescindible la aplicación de estudios que faciliten criterios unánimes y preventivos, abiertos a los distintos escenarios que puedan presentarse y considerando los distintos aprovechamientos del agua. Hay que tener presente la dependencia que tiene gran parte de la población pampeana a través de un acueducto.
A lo expresado se agregan los problemas de carácter antrópico, que no son menores. Por de pronto está en vigencia un tratado interprovincial sobre aprovechamiento del río que no se cumple en una de sus partes fundamentales: el trasvase de un cupo de agua del río Negro que corresponde a Buenos Aires, impedido por la provincia de Río Negro. Ese trasvase solucionaría los problemas de la cuenca inferior, actualmente con serias dificultades por la merma de caudales. La máxima autoridad hídrica pampeana acaba de informar que la presa Casa de Piedra está erogando 15 metros cúbicos por segundo, lo cual equivale, apenas, a algo más del 10 por ciento del módulo histórico del río.
Sin embargo, a la desaprensión o la falta de conocimiento y visión de conjunto por parte de los actores, se podría agregar en el futuro la construcción de la represa Portezuelo del Viento, con sus cuestionables condiciones de manejo. Los cultivadores bonaerenses del valle inferior comienzan a sufrir -y entender- los enormes problemas de merma de caudales que podría acarrear un eventual manejo mendocino de la presa, especialmente en momentos de bajante como el actual. Ese embalse servirá para desviar el cupo de agua que le corresponde a Mendoza, sin embargo, con excepción de La Pampa, nadie hasta ahora muestra preocupación por la compensación destinada a alimentar las cuencas media y baja. Los problemas ya están presentes y, en cuanto al futuro, ya se sabe lo solidarios que son los mendocinos con el uso del agua de los ríos interprovinciales.
El cabildo abierto en defensa del Colorado que propone la Fuchad no debe perder la audacia que implica su iniciativa; si es necesario no eludir una posible reconsideración del tratado tanto en los aspectos técnicos como en los políticos. El objetivo supremo debería ser el mismo: la búsqueda de la mayor equidad para dar a cada provincia lo suyo, y reivindicar la posibilidad de aquellas obras que años atrás esperanzaban en la creación de una región que uniera la Patagonia norte con el resto del país.