Inicio Opinion Cada vez peor con Macri y sin bono para fin de año

Cada vez peor con Macri y sin bono para fin de año

LA SITUACION DE LOS JUBILADOS

A un año de la reforma previsional sancionada por el Congreso en medio de fuerte represión, los adultos mayores son hoy uno de los sectores más perjudicados por el ajuste.
IRINA SANTESTEBAN
Para los defensores del sistema privado de pensiones, donde el beneficiario cobra el haber que le corresponde al llegar a la edad jubilatoria, conforme lo que ha aportado -menos el porcentaje que se queda la administradora de los fondos-, el sistema previsional tiene que ser “sustentable”, es decir, debe poder autofinanciarse.
Y si bien esto sería lo ideal, aún en un sistema estatal de jubilaciones y pensiones, la realidad nos muestra que las cosas no funcionan de ese modo, por lo menos en Argentina.
Además del aumento en la expectativa de vida, en nuestro país existe 35 por ciento de fuerza laboral que no se encuentra registrado y no hace aportes al sistema jubilatorio. Esta situación, además de desfinanciar a los organismos previsionales, va dejando una porción importante de la población que al llegar a la vejez no accederá a una jubilación.
Para los economistas neoliberales, la solución pasa por aumentar los aportes y la edad jubilatoria, con el argumento de la mayor expectativa de vida de la población, dato rigurosamente cierto.
La reforma previsional que impulsó el gobierno de Macri y que logró aprobar gracias a la ayuda de un sector del peronismo, si bien no incrementó el aporte de los trabajadores al sistema, sí dio un primer paso hacia el aumento de la edad jubilatoria, aunque por ahora lo dejó como “optativo”. Así la mujer que “prefiera” trabajar hasta los 65 años y el varón, hasta los 70, verá mejorado el cálculo de su haber inicial. El siguiente paso, si no hay oposición que lo impida, será poner esa edad como requisito para acceder a la jubilación ordinaria.
El efecto de la reforma, tal como lo señalaban quienes se oponían a la misma, y no como prometía el gobierno, fue un severo ajuste en los haberes previsionales, vía recorte en los aumentos que por ley deben percibir los jubilados y pensionados.
El cambio de sistema, presentado como “mejor” que el anterior, que había dispuesto la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, con la nueva fórmula para el aumento, hizo perder a los jubilados en el período septiembre 2017-setiembre 2018, un 9% en relación a la inflación. Esa pérdida será del 14% a fines de año, con una inflación estimada del 45%.
Según datos del Defensor de la Tercera Edad, el 70 por ciento de los jubilados y pensionados no llega a satisfacer sus necesidades básicas, otro de los efectos de la reforma, que ha profundizado la vulnerabilidad de este sector.
La supresión de la entrega de medicamentos gratuitos, el encarecimiento de éstos -para ganancia de los grandes laboratorios- y los aumentos en los precios de los productos de la canasta alimentaria, han agravado la situación de la mayor parte de los adultos mayores. Es un panorama muy parecido al que se vivió en los ’90, cuando un jubilado ganaba 200 pesos por mes.

Era mejor el anterior.
Según especialistas en previsión, con el viejo sistema (la “pesada herencia”), los jubilados y pensionados hubieran alcanzado, sumando los aumentos de abril y septiembre, un incremento del 27%.
Ahora los aumentos son trimestrales, y el último, fijado por decreto hace unos días, llevó el haber mínimo a 9.309 pesos, muy lejos de los casi 21.000 pesos que necesita un jubilado para vivir dignamente. A la vez, el gobierno ratificó que no habrá bono para los jubilados y pensionados, por “limitaciones presupuestarias”.

Ajuste a discapacitados.
Otro de los aspectos crueles de la política previsional del gobierno de Cambiemos, se ve en las personas afectadas con discapacidad. La decisión de no beneficiar a los menores de 18 años con la pensión por invalidez, con el argumento de que están cubiertos por la Asignación Universal por Hijo, es una muestra del desprecio por los niños y niñas que sufren discapacidad. Así, se los priva de la obra social, fundamental para el acceso a terapias, medicamentos y transporte especial.

Sin moratorias.
A pesar de ello, Argentina sigue siendo el país con mayor cobertura previsional de la región, y uno de los primeros en el mundo. Todo gracias a que, durante la gestión de CFK se facilitó el acceso a la jubilación para aquellos trabajadores a quienes les faltaban aportes, a través de las moratorias. También con jubilaciones como la del Ama de Casa, para mujeres con más de 60 años, como parte del reconocimiento al “trabajo invisible” de las tareas de cuidado (antes llamadas domésticas).
Pero el gobierno ha suprimido las moratorias y hoy es imposible para un trabajador el acceder a un haber jubilatorio si no acredita tener 30 años de aportes. Y si no los tiene, se le requiere que los complete a través del monotributo, lo que reduce el haber que percibirá cuando alcance los años de aportes.
La “reparación histórica” que tanto rédito electoral le significó a Macri, tuvo corto alcance, ya que hoy la mayoría de los jubilados está en una situación de padecimiento económico, sin poder hacer frente a las necesidades alimentarias y de salud que requiere un adulto mayor.
La disminución del Fondo de Garantía de Sustentabilidad, como consecuencia de la devaluación del dólar, preanuncia que la situación de los jubilados no va a mejorar en 2019 y tampoco la de los demás sectores para cuyas asignaciones se utilizan esos fondos (AUH, pensiones no contributivas, etc.). El FGS se formó en 2009 cuando se nacionalizó el sistema previsional y se suprimieron las Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones (AFJP), un gran negocio que los bancos hicieron durante 15 años, con los aportes de los trabajadores.
El acuerdo con el FMI también prevé la posibilidad de volver a ese sistema, que tanto mal les hizo a los jubilados.