Cambio climático: el futuro es hoy

Todas las cosas tienen un límite, menos la estupidez humana. La frase, que suele atribuirse a Albert Einstein, resulta oportuna al advertir una reciente declaración de un grupo de científicos de los Estados Unidos que, después de un estudio de más de cuatro décadas realizado sobre imágenes satelitarias obtenidas por la NASA, afirman que el deshielo de los glaciares antárticos debido a la acción antropogénica que afecta el clima, ha cruzado un umbral que ya no tiene retorno. Tamaña conclusión “no se sustenta en simulacros de computadora o modelos numéricos”, sino que se apoya en la “interpretación empírica de más de 40 años de observaciones desde satélites de la NASA”.
Si la situación es así -y la aseveración de los especialistas norteamericanos es coincidente con estudios similares realizados en otras partes del mundo- las consecuencias serán tremendas para los años venideros y, lo peor, ya están en marcha en un proceso lento a escala humana pero, a lo que parece, irreversible.
El fenómeno engloba también a los hielos continentales. Para que el lector tenga una idea efectiva va un ejemplo constatado en el país, también comprobado a través de satélites. Según las imágenes registradas el glaciar Upsala, en la provincia de Santa Cruz, en los últimos 12 años, retrocedió por derretimiento unos tres kilómetros, una magnitud que representa más del cinco por ciento de su superficie total.
Durante los años venideros la fusión de esas grandes masas de hielo elevará el nivel de los océanos en forma notable, afectando sensiblemente a las poblaciones costeras. Si el proceso continuara durante dos o tres milenios (un tiempo muy breve en la escala geológica) cambiaría en mucho el mapa de los continentes. De hecho hay medios científicos que aseguran que el aumento del nivel del mar ya es evidente en algunos archipiélagos del océano Indico, una circunstancia que se observa especialmente durante las mareas y tormentas.
Pero si la fusión de los hielos por obra del aumento de la temperatura -generado a su vez por el efecto invernadero- causa alarma, esa sensación se potencia mucho más cuando se evalúan las consecuencias biológicas del crecimiento del calor: incremento del ciclo vital de las especies (algunos insectos podrían triplicar su tasa de reproducción), alteración de la cadena biológica, incremento de las plagas, posibilidad de hambrunas planetarias… Y todo causado por la irracionalidad y el afán de bienestar del ser humano.
La aplicación del cambio climático a solamente dos aspectos, físico uno y biológico el otro, presenta este panorama ominoso que empieza a hacerse notar en sus consecuencias. Lo increíble es que su puesta en marcha, lenta pero segura, había sido advertida por científicos y pensadores hace al menos medio siglo. En los últimos veinte años se efectuaron reuniones y se redactaron protocolos, tendientes a la disminución de los gases causantes del efecto invernadero, pero poco o nada han servido.
Resulta estremecedor pensar que avanzamos paso a paso hacia una catástrofe resultante de nuestra constante y múltiple agresión al planeta que nos alberga.