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CFK desnudó la patraña jurídica

El alegato por la causa denominada «dólar futuro» que brindó la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner ante la Cámara de Casación este jueves constituyó un terremoto para el Poder Judicial en su conjunto pero especialmente para los jueces y fiscales que se prestaron a ejecutar el plan de persecución que pergeñó el macrismo.
Lo central del discurso de CFK apuntó a mostrar que el «lawfare» -guerra jurídica- no es un relato sino una sólida realidad y que, al igual que en otros países del continente, surge del maridaje espurio entre la prensa dominante y el aparato judicial. No por casualidad otros perseguidos por esta maquinaria se llaman Lula Da Silva, Rafael Correa o Evo Morales, todos ellos líderes «populistas» aborrecidos por las embajadas norteamericanas en la región y las elites económicas.
La gran expectativa que generó la intervención de la vicepresidenta logró algo impensado y hasta risueño: que su discurso tuviera una «cadena nacional» espontánea. Hasta los medios más furiosamente antikirchneristas lo transmitieron en vivo, tanto en sus canales como en sus portales web, porque, sencillamente, no podían quedar afuera de «la» noticia del momento, la que, por lejos, más atención concitaba en las audiencias masivas.
En su vibrante alegato Cristina Kirchner -como luego Axel Kicillof y Alejandro Vanoli- demostró lo que a esta altura ya saben todos: la causa es una construcción falaz producto de una perversión del sistema judicial que permite que fiscales y jueces venales acusen, juzguen y hasta encierren «preventivamente» a quienes la «mesa judicial» del macrismo ponía en la mira.
No es un dato menor el que recordó CFK: la denuncia original fue presentada por dos altos dirigentes del macrismo y la UCR días después de la elección general de octubre de 2015 -en la que Scioli le gana a Macri- y antes de la segunda vuelta. Cualquier parecido con la denuncia estrafalaria contra Aníbal Fernández, poco antes de aquellos comicios en que fue candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires, acusándolo por el triple crimen de la efedrina, no fue mera coincidencia. Todo respondió a un plan de persecución encabezado por la derecha política y mediática, con activa participación de sectores del Poder Judicial y con los auspicios en las sombras de la embajada norteamericana. Había que barrer con el «populismo» en Argentina y en toda Latinoamérica. Y sin clemencia.
Que luego de cumplido el objetivo de «fabricar» la victoria electoral de Cambiemos, la causa siguiera avanzando en Comodoro Py habla a las claras de la profunda degradación que infecta a buena parte de la justicia federal. Los peritos de la Corte Suprema demolieron todos los argumentos que presentó el recordado juez Claudio Bonadío, el sicario judicial que el macrismo eligió para destruir la figura pública de Cristina Kirchner, pero así y todo la investigación prosiguió y hoy es considerada, incluso por sectores políticos afines a la derecha, una farsa jurídica.
Con su habitual estilo manipulador los grandes medios porteños calificaron al alegato defensivo de CFK como un «ataque» a la Justicia. Era imposible esperar otra cosa de quienes fueron, y son, piezas esenciales del «lawfare».