CGT apremiada por la realidad para ponerle fecha al paro

CRECE CONFLICTIVIDAD LABORAL POR LA RECESION ECONOMICA

No tienen mucho margen de maniobra los popes de la CGT reunificada. El viernes 23 el CCC votó la realización de una huelga general sin fecha. Crecen las demandas de gremios y organizaciones sociales para que sea cuanto antes.
EMILIO MARIN
Más de 250 representantes de gremios, en el Comité Central Confederal de la CGT, votaron el viernes pasado avanzar hacia un paro general contra el ajuste de Mauricio Macri.
No le pusieron fecha, facultando al triunvirato que ejerce la secretaría general para que disponga las características y el momento. Esa dilación fue presentada por muchos sindicalistas como una muestra de confianza en Juan Carlos Schmid, Carlos Acuña y Héctor Daer, los flamantes secretarios desde el congreso unificador de agosto.
En realidad la falta de fecha precisa y la indefinición sobre las características de la medida, si activa o pasiva, se explica más bien porque ese conjunto de sindicatos y corrientes de la entidad mantienen muchas diferencias. Aún no lograron ponerse de acuerdo en esos dos puntos: fecha y modalidad.
No toda es responsabilidad del trío recién mentado. Muchos políticos a los que ellos tributan los influyen en dar más tiempo al gobierno, en parte por sus compromisos con Mauricio Macri y los grupos económicos, y en parte por el temor a que una movilización obrera genere un pico de rebeldía que cambie la situación actual. Eso los obligaría a replantear sus planes políticos, legislativos y electorales.
Uno de esos padrinos que pide pisar el freno es Sergio Massa, del Frente Renovador, quien declaró ayer a Radio La Red desde Cartagena de Indias: “les diría a los que tienen que tomar esa decisión que el paro no es el mejor camino. El paro es en todo caso el final de una negociación fallida, y le pido tanto al Gobierno como a la central de trabajadores que agoten las instancias de diálogo”. O sea, que la CGT debe seguir negociando, aún cuando los frutos de tal negociación con el gobierno sean entre verdes y nulos.
No es que falte voluntad negociadora a los dirigentes sindicales; ellos se distinguen por adherir al histórico vandorismo y son incluso más indulgentes con las patronales y los gobiernos de turno. Aquél tenía como apotegma, “apretar y negociar”. Los de hoy invierten el orden de los factores y el producto queda aún más light que el que era marca registrada del “Lobo”.
Los gremialistas pidieron que se respetara la ley antidespidos por un semestre y no les llevaron el apunte; que se frenara el tarifazo y sólo se frenó un corto tiempo porque el fallo de la Corte lo determinó; que se reabran las paritarias y desde el G-20 en China el presidente les dijo nones; que hubiera un bono de fin de año y hasta ahora no lo hay; que se atienda a la situación harto difícil de los jubilados, a lo que tampoco se llevó el apunte; que se resuelva ya la modificación en el impuesto a las ganancias, pero se elevó un proyecto tibio de cara a 2017, etc.
Por eso hubo unanimidad en el CCC para la declaración del paro general; las diferencias hicieron el resto, en la indefinición del día, hora y lugar.

Presión de otros gremios.
Según Schmid, aguardarán alguna respuesta positiva a sus demandas el jueves, en una audiencia con el ministro de Hacienda y Finanzas Alfonso de Prat Gay. Es el más decidido de los tres a concretar la huelga. Sus dos colegas, Acuña y Daher, son dubitativos entre otras cosas por su pertenencia al Frente Renovador, el primero como legislador provincial y el segundo como diputado nacional de esa fuerza dirigida por Massa.
Otros dirigentes cegetistas vienen empujando para la concreción de la medida, sobre todo los pertenecientes al segmento que se referencia en Hugo Moyano, comenzando por su hijo Pablo y Camioneros. Es uno de los más confrontativos y sus expresiones en la reunión sindical así lo demostraron. “Hay quejarse de forrear”, dijo el también dirigente de Independiente.
La Corriente Federal que tiene como cabeza a Sergio Palazzo, de Bancarios y otros 6 ó 7 gremios, también está haciendo punta por el paro. Recuérdese que ya el 1 de marzo, cuando Macri pronunciaba su primer discurso ante la Asamblea Legislativa, los bancarios hicieron una movilización por despidos que habían sufrido, y no pudieron arrimarse al Congreso porque fueron maltratados por la Policía Federal. Desde entonces han hecho protestas callejeras y medidas de fuerza, pese a que habían conseguido un relativamente bueno arreglo paritario. A ellos los castiga muy duro el impuesto a las ganancias, pero además hay una cuestión de orientación político-gremial: Palazzo propone un sindicalismo no acuerdista. Por eso, aunque participó del congreso de Azopardo, no aceptó cargos en el Consejo Directivo.
Otros gremios y centrales vienen ganando la calle y concretando paros y algunas medidas nacionales, que tienen su impacto en la unificada CGT, aún cuando pretenda disimularlo.
Por ejemplo, hoy se realiza un paro general de ATE (estatales), Ctera (docentes), Conadu Histórica (docentes universitarios) y Fesprosa (Profesionales de la Salud), por reclamos salariales, buscando reabrir paritarias. Como explicó “Cachorro” Godoy, secretario general de ATE, al haber firmado una paritaria nacional por el 27 por ciento y estando previsto que la inflación sea este año del 44 ó 45 por ciento, si no reabren paritarias terminarán 17 puntos abajo. Con matices, es la situación de los otros gremios y confederaciones que hoy confluyen con la huelga de los estatales.
Mucho peor están los trabajadores informales, desocupados y miembros de cooperativas de trabajo, que en agosto hicieron la marcha desde San Cayetano hasta Plaza de Mayo, por Pan y las tres T propugnadas por el Papa Francisco: Trabajo, Techo y Tierra. Ayer una parte de esas entidades fueron a acampar a la Plaza de Mayo con demandas que se repiten: “trabajo con jornada completa, y con todos los derechos, para trabajadores precarizados y desocupados, una nueva cuota de aumento en todos los programas de trabajo, para compensar la inflación, educación para todos y una paritaria social para los trabajadores precarizados; contratos de obras de infraestructura para las cooperativas y compras estatales a las cooperativas de trabajo y escuelas de oficios para las organizaciones sociales en todas las provincias”.

Ola que viene de abajo.
La avanzada hacia el primer paro general contra el gobierno de Macri no es una cuestión de los dirigentes sindicales más o menos acuerdistas o confrontativos. Es ante todo una ola que viene pujando desde abajo, por la insatisfacción generalizada con el parate económico, que el Indec estimó para el segundo trimestre del año en una caída del 3,4 por ciento del PBI. Eso, como es lógico deducir, impacta en una creciente suma de despidos y suspensiones, que el Centro de Estudios Políticos de Argentina (CEPA) estimó en 208.000 en lo que va del año.
En esa destrucción de empleo la primera movida vino de la mano del Estado, con miles de cesantías que aducían sacar la “grasa militante” del organismo estatal. Luego se vio que mayormente dejaban sin empleo a verdaderos trabajadores y no tanto a los “ñoquis” que pudiera haber. Como si todo eso fuera poco, encima en Neuquén la policía baleó e hirió gravemente al estatal de UPCN, Luis Bastidas.
La responsabilidad del Estado fue mucho más allá de los 11.000 despidos en el orden nacional y los 50.000 de provincias e intendencias; ante todo fue el gran responsable porque sus políticas recesivas y de apertura de importaciones agudizó las dificultades de las empresas privadas, sobre todo de las pequeñas y medianas de carácter nacional. A nivel global el sector privado es el que carga en su cuenta el mayor número de aquellos 208.000 despidos y suspensiones arriba mencionados.
Y esos telegramas los han despachado sin inmutarse grandes empresarios de Fiat, Techint, Telefónica, Bimbo, etc, algunos de los cuales habían firmado cínicamente el compromiso de no despedir, en un acto con el presidente en la Casa Rosada.
Uno de los renglones que más puestos ha perdido es el de la construcción, lo que se liga directamente al freno de la obra pública e infraestructura. Eso es responsabilidad directa de la presidencia de la Nación y los gobernadores, que a su vez buscan disculparse diciendo que el Ejecutivo no les gira los fondos correspondientes.
Ese clima recesivo trata de ser revertido por el gobierno con pomposos anuncios de inversiones extranjeras y con los resultados de su generoso blanqueo a quienes fugaron capitales. Ni en un caso ni en otro se ven resultados tangibles.
Las promesas inversionistas recrudecieron durante el reciente “Mini Davos” en el Centro Cultural Kirchner y tras la Feria Minera Internacional “Mining”, en Tianjin, China. El subsecretario de Desarrollo Minero, Mario Capello dijo a Télam que habrá inversión en el sector por 7.000 millones de dólares en siete meses.
Hay mal humor sindical, porque en julio hubo 99 conflictos laborales. Y se traduce en política, porque CEOP de Roberto Bacman midió que la imagen positiva de Macri cayó 20 puntos.
Estos son los factores de base que explican que la CGT esté despertándose de su larga siesta, también apremiada por la competencia de las dos CTA, protagonistas de la exitosa Marcha Federal del 2 de septiembre. De octubre no pasa la realización del paro general.

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