CGT, un congreso de unificación, pero con grietas y ausencias

HUBO SECTORES QUE NO FUERON Y OTROS QUE SE RETIRARON

Emilio Marín – Ayer hubo un congreso de las tres CGT preexistentes, sellando la unidad con un triunvirato de secretarios generales y un consejo directivo repartido. No obstante hubo disconformes que no fueron a Obras Sanitarias y otros que se retiraron.
La CGT Azopardo (Hugo Moyano), la CGT Alsina (Antonio Caló) y la CGT Azul y Blanca (Luis Barrionuevo), concretaron ayer la mentada reunificación. Dijeron haberlo logrado en el congreso extraordinario y ordinario celebrado en el estadio de Obras Sanitarias. La comisión de poderes informó de 1.649 congresales de 128 gremios confederados.
Se aprecia un cierto descenso respecto a la información previa. Abel Frutos, secretario gremial de la CGT Azopardo, había pronosticado unos días antes que esperaban 2.122 congresales de 213 sindicatos. La baja evidencia que algunos sectores no mandaron sus delegados, en tanto otros concurrencistas dijeron lo suyo y se retiraron.
De todos modos parece cierta la apreciación de Moyano de que el 80 por ciento de los trabajadores y gremios confluyeron en ese congreso, que eligió la fecha bien simbólica del 22 de agosto por la renuncia de Eva Perón a postularse a la vicepresidencia de la Nación, 65 años atrás. Muchos peronistas no creen que la actual dirigencia gremial tenga muchos aspectos en común con la “abanderada de los humildes”. Y otros militantes populares, que respetan al peronismo pero no pertenecen al mismo, habrán pensado que esa fecha también evoca los fusilamientos en 1972 de los guerrilleros presos de la Marina en Trelew. Claro, ese tramo de la historia pasó desapercibido para el trío más mentado (Moyano-Caló-Barrionuevo). Hubiera sido de ciencia ficción ver al camionero, al metalúrgico o al gastronómico pedir un minuto de silencio o de aplausos para Mariano Pujadas o Ana Villarreal de Santucho…

Renovación muy relativa.
Un argumento para justificar la movida de unidad fue la renovación dirigencial; un soplo de aire nuevo entraría al enclaustrado edificio de Azopardo 802. Eso es relativo por varias razones.
Una, que los tres popes que dejaron su sillón pusieron en sus lugares a quienes señalaron con el dedo, sin asambleas ni elecciones de los gremios. Y así Moyano delegó en Juan Carlos Schmid, de Dragado y Balizamiento, actual secretario de la rama del transporte; Caló nominó a Héctor Daer, de Sanidad, integrante del núcleo muy poco combativo conocido como “los Gordos”; y Barrionuevo ungió a Carlos Acuña, del sindicato de empleados de estaciones de servicio, garajes y playas.
Moyano ubicó a dos hijos en el Consejo Directivo de la CGT pues Pablo, de Camioneros, ocupará la secretaría gremial, y Facundo, de Peajes, estará en la secretaría de Cultura, Ciencia y Técnica.
¿Qué renovación implicará que el secretario adjunto de la CGT sea Andrés Rodríguez, de UPCN, quien ya no es más uno de los “jóvenes brillantes”. Tampoco pueden reivindicar esa categoría de tiempos de Saúl Ubaldini el secretario Acción Social, José Luis Lingeri (Obras Sanitarias) ni el secretario de Relaciones Internacionales, Gerardo Martínez (construcción). ¿De qué “sangre nueva” pueden ufanarse si en la Secretaría de Relaciones Institucionales estará la figurita repetida de Armando Cavalieri (Comercio)?
Como reza el refrán: “Dime de lo que presumes y te diré de lo que careces”. Lejos de ser una muestra de renovación, el congreso de ayer validó por cuatro años a dirigentes que en sus sindicatos llevan en muchos casos, no todos, más de 30 años de cuestionada actuación. ¿Por qué serían diferentes y mejores en función de gremialistas nacionales o confederados?

Siguen las divisiones.
La marcha hacia el 22 de agosto tuvo por jalones una reunión de los caciques cegetistas en marzo pasado, cuando acordaron ese evento unificador, y la convocatoria al acto del 29 de abril, en el Monumento al Trabajo, en este caso en acuerdo con las dos CTA, la de Hugo Yasky, “De los trabajadores” y la de Pablo Micheli, “Autónoma”. El otro paso fue el documento de la entidad sobre la problemática económica y política nacional, titulado “Vamos de mal en peor”, aprobado el 5 de agosto. El mismo tuvo un tono crítico hacia las políticas puestas en marcha por el gobierno de Mauricio Macri, especialmente por el saldo muy grave de puestos de trabajo perdidos, las miles de suspensiones y la espiral inflacionaria que mordió fuerte al salario. Esto último dejó rezagado al salario y creó condiciones para que varios gremios empezaran a reclamar la reapertura de paritarias.
El otro argumento de la reunificación cegetista fue que la unidad ayudará a plantar bandera frente al gobierno de Macri. No toda unidad automáticamente servirá a tal objetivo, deseable por cierto. En principio es preferible la unidad del movimiento obrero, pero cuando las posiciones hegemónicas las detentan los burócratas que no quieren impulsar la movilización y organización de los trabajadores, no sólo contra gobiernos del ajuste como el actual sino también contra las patronales concentradas, entonces esas unidades dejan de ser útiles. Y la actividad de partes del movimiento obrero, como en su momento la CGT de los Argentinos del recientemente fallecido Raimundo Ongaro, o la CGT de Córdoba de Atilio López y Agustín Tosco, se pusieron al hombro la responsabilidad de defender a los trabajadores.
Del triunvirato elegido ayer se podría rescatar como “el menos malo” a Schmid. Daer y Acuña no inspiran ninguna confianza como operadores que han sido hasta ahora del círculo de “los Gordos” y de “Luisito, alias hay que dejar de robar dos años”.
Entre ellos sigue habiendo diferencias políticas, que las admiten porque quedaron expuestas hasta llegar al mismo congreso. Su argumento, que tiene su miga, es que pueden convivir con esas diferencias, sin suprimirlas. Un novedoso curso de pluralismo de una corporación que no se caracterizó precisamente por su tolerancia y amplitud de miras.

Están afuera.
Un sector que directamente optó por quedarse afuera del congreso fue el de Gerónimo “Momo” Venegas, aliado de la Sociedad Rural y de Macri, disimulado con la sigla de Uatre, de trabajadores rurales y estibadores. Según sus cuentas infladas, le responden 59 gremios bajo el sello de las 62 organizaciones que supieron ser peronistas y hoy son macristas bajo la batuta del “Momo” y su partido FE.
Que ese personaje cómplice del trabajo en negro en el campo y casos que rozaban la esclavitud laboral se haya auto marginado de Obras Sanitarias, habla bien del triunvirato. Al “Momo” es mejor perderlo que encontrarlo. Es un capataz al servicio del estanciero Luis M. Etchevehere, capo de la Sociedad Rural.
En cambio es todo un dato político la existencia de dos sectores gremiales que no acordaron con la línea del congreso unificador.
Uno, que concurrió y propuso un paro general nacional, con palabras muy duras contra el ajuste macrista, fue Sergio Palazzo, de la Asociación Bancaria. No le llevaron el apunte y se retiró, dijo que acompañado de veinte gremios. Entre los disconformes con la línea apaciguadora del triunvirato están los miembros de la Mesa Sindical Federal, por ejemplo Héctor Amichetti de la Federación Gráfica Bonaerense, Aceiteros de Rosario y otros.
El otro nucleamiento que no se hizo presente fue el de MASA (Movimiento de Acción Sindical Argentino), que tiene como cara visible a un ex aliado íntimo de Moyano, Omar Viviani, de Taxistas. Esta gente proponía como secretario general a Sergio Sasia, de la Unión Ferroviaria, que hasta el 10 de diciembre fue un mimado por el kirchnerismo y el ex ministro del Interior y Transporte, Florencio Randazzo. Sasia no tenía números como para aspirar a tal alto cargo, ni siquiera para colarse en un triunvirato y hacerlo cuarteto, como Palazzo trató, sin éxito.
Como el movimiento obrero no es una momia petrificada -algunos dirigentes sí lo son- es posible que los partidarios de mayor movilización y protesta contra el ajuste, como la Mesa Sindical Federal y MASA, pudieran en el futuro coincidir en algunas medidas de fuerza con Schmid, el más crítico del macrismo.
Otro faltante notorio es que los tres secretarios generales son de gremios de servicios. Los sindicatos industriales brillan por su ausencia a ese encumbrado nivel, lo que objetivamente es una coincidencia con el proyecto de país agroexportador y de servicios que hoy promueve la “revolución de la alegría”. Industria, mercado interno, trabajo nacional, etc, son factores secundarios.
La otra ausencia notable es que no crearon secretarías para atender a quienes son parte de la clase trabajadora, verbigracia los jubilados, desocupados y cooperativistas. Es todo un mensaje de la burocracia sindical que no se sintió aludida por la masiva marcha de estos segmentos sociales en el día de San Cayetano. Sobre 27 secretarías no crearon ni una sola para atender esas problemáticas. El machismo goza de buena salud, con sólo dos mujeres en el Consejo Directivo y ninguna secretaría de Género.
La influencia del massismo en la “nueva” CGT está a la vista con dos secretarios generales que le responden (Daer y Acuña). Más allá de ese dato político y orgánico, la oposición complaciente se notó en un congreso que no convocó a una jornada de movilización para el 12 de septiembre, día de la audiencia pública por el tarifazo del gas, cosa que sí hicieron ambas CTA.

Compartir