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Chagos, Malvinas y un nuevo escenario

DOMINICALES

La pandemia es un monstruo grande y tapa todo, o casi todo. Hace apenas una semana se cumplieron 200 años de la muerte de Manuel Belgrano, el prócer indiscutible, cuyas virtudes de valentía, humildad y generosidad bien podrían iluminar los días que nos tocan hoy. Pero no hubo, casi, actos de conmemoración. Diez días antes había pasado lo mismo con el Día de Reafirmación de los Derechos Argentinos sobre las Islas Malvinas, un tema que el nuevo gobierno había retomado en la agenda con que asumió, y ahora languidece en una Cancillería agobiada con la repatriación de argentinos varados por todo el mundo.

Unidas.
Este viernes, en tanto, pasó algo parecido con el 75 cumpleaños de la Organización de Naciones Unidas, ese subproducto de la Segunda Guerra Mundial que hoy reúne a 193 países y que, pese a los ataques que sufre de parte de Estados Unidos -país que la impulsó-, y a sus propias deficiencias internas, continúa funcionando. Una de sus oficinas, la Organización Mundial de la Salud, está a cargo de la coordinación mundial de la lucha contra la pandemia.
La idea de la ONU surgió en un encuentro entre el primer ministro británico Winston Churchill y el presidente estadounidense Franklin Roosevelt en 1941, cuando EEUU todavía no se había involucrado en la guerra contra Alemania, objetivo crucial para Inglaterra. De ese encuentro surgió una «Carta Atlántica» donde ambos mandatarios se comprometían a establecer un sistema internacional de cooperación económica, respeto de los territorios, límites a la guerra, y que garantizara «el derecho de todos los pueblos a elegir la forma de gobierno bajo la cual quieren vivir».
Ironía o no, en aquel entonces el Reino Unido mantenía todavía un poderoso imperio colonial, que había forjado a capa y espada en los dos siglos anteriores. Churchill acaso creía que esas palabras que redactó no afectarían sus intereses nacionales. Roosevelt tenía en claro, en cambio, la necesidad de la descolonización, ya que el imperio que estaban forjando los EEUU tenía otro diseño.

Colonias.
Con todas las críticas que puedan hacerse a la ONU, lo cierto es que bajo su impulso se produjo, en la segunda mitad del siglo pasado, un fenomenal proceso de descolonización, que diezmó al imperio británico (entre otros) y devolvió su autodeterminación a millones de personas en el Tercer Mundo.
Sin embargo, y tal como lo demuestra el caso Malvinas, el Reino Unido mantiene aún una serie de enclaves coloniales, bajo el pretexto de su importancia estratégica militar. Cuando están especialmente cínicos, invocan incluso la lucha contra el terrorismo. O en el caso de Malvinas, la autodeterminación de los pueblos (blancos, claro está). La verdad es que esas colonias sólo se usan para alquilarlas a EEUU con fines bélicos.
Es el caso de la isla Diego García, integrante del archipiélago de las Chagos, que Inglaterra amputó a su ex colonia Mauricio (ninguna relación con Macri) cuando ésta se independizó en 1965. Desde esa base militar se condujeron los ataques a Irak y Afganistán.
Los 2.000 habitantes de las Chagos, descendientes de esclavos negros, fueron expulsados de su patria. Cada hombre, mujer y niño. Si la familia tenía un perro, se lo mataban. Hasta el último de los 2.000 fue llevado a vivir un penoso exilio en Mauricio, las Seychelles y (los menos) Gran Bretaña, en lo que ha sido justamente catalogado como un crimen de lesa humanidad.

Corte.
Más de cuarenta años después, muchos de aquellos exiliados han muerto. Pero algunos sobrevivientes decidieron llevar su reclamo a las organizaciones internacionales. Primero obtuvieron una contundente victoria en la Asamblea de las Naciones Unidas. Luego, un fallo de la Corte Internacional de La Haya, que ordenó a Gran Bretaña retirarse de las islas, y devolverlas a Mauricio, en un plazo de seis meses. El plazo se venció en noviembre pasado. Desde Londres se niegan a cumplir, con la promesa de devolver las islas «cuando dejen de ser necesarias para la seguridad militar».
El Reino Unido se ha alzado, así, contra el orden jurídico internacional que contribuyó a forjar. En esto hay muy pocos antecedentes, y no muy halagüeños: es la clase de conducta internacional de países como la Sudáfrica del apartheid, cuando la sentenciaron a abandonar su ocupación de Namibia. Se habla incluso de sancionar el incumplimiento inglés, con la pérdida de su banca permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU.
Es así como Gran Bretaña, sensiblemente debilitada por el Brexit (que no fue más que una manifestación de racismo) y por sus delirios de grandeza, se encuentra cada vez más aislada internacionalmente en su afán colonialista. La pandemia lo tapa casi todo, pero no es aventurado entrever que este nuevo estado de cosas resulte favorable para los reclamos argentinos sobre Malvinas.

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