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China es mal acusada por cuestiones medioambientales

LA DEMONIZACION DE BEIJING ESTA MANEJADA POR EE UU

Está de moda mentir contra China y sentarla en el banquillo de los acusados a nivel mundial. Por caso, de contaminar y no cuidar el medio ambiente.
SERGIO ORTIZ
La campaña antichina a nivel internacional tiene un acusador, fiscal y juez que siempre condena sin apelaciones. Ese poder está en Washington y miente en todos los casos.
Lo hizo cuando aseguró que el Covid-19 era un virus creado en un laboratorio de Wuhan. Fue la acusación más grave de los últimos tiempos porque la culpaba por una pandemia que ya contagió a 30 millones de personas con un millón de muertos.
Otra calumnia es que la cooperativa Huawei debe ser rechazada como opción tecnológica por Europa y América porque está al servicio del espionaje del Partido Comunista chino y el Ejército Popular de Liberación. Eso alimentó una guerra comercial y tecnológica contra Beijing; el imperio causó mucho daño en dólares pero viene perdiendo. La red de 5G avanza en muchos países, como en otras pujas tecnológicas.
Otro lugar común de Donald Trump y su secretario de Estado Mike Pompeo es que China es una dictadura y viola los derechos humanos. Como dijo un alumno salteño a su maestra Elena, que no dio clases dos meses por una huelga, cuando ésta lo regañó por faltar a un examen: «¡vela quién habla!».
En los medios concentrados son comunes falsedades como la de Infobae (15/09/20): «Cómo son los campos de concentración del régimen chino donde se somete a trabajos forzosos a minorías religiosas. Millones de musulmanes uigures son torturados en estos centros de reclusión ubicados en la región de Xinjiang».
Cuando las acusaciones provienen de fuentes dependientes de USA, el lector con experiencia sabe a qué atenerse. Otras veces hay acusaciones de personas honestas: duelen más porque, al margen de sus buenas intenciones, hacen mucho daño como esta nota del brasileño Leonardo Boff, muy buena persona, ex sacerdote franciscano, teólogo, filósofo y ecologista.

Pifia de Boff.
Fue publicada en la web de Gracus Edición 376 (9/9/20) y en Hoy Día Córdoba (14/9/20) e incluye graves acusaciones contra China: «Covid 19: de nada sirve sólo limar los dientes del lobo». Boff cuestiona bien al sistema capitalista en su búsqueda de optimización de ganancias a cualquier precio, incluso el de destruir la Casa Común. «Esa agresión sistemática ha recibido una represalia de la Tierra: el calentamiento global, los eventos extremos y una gama diversificada de virus mortales», aseguró. «El Covid-19 es la respuesta de la Tierra viva, una señal que ella nos está dando», añadió.
Esa interpretación es mucho más cercana a la verdad que las mentiras de Trump y Pompeo sobre el «virus chino».
Otros tramos de la nota son erróneos y tan antichinos como los de aquéllos. Escribió: «Covid-19 es consecuencia del tipo de sociedad que hemos creado en los últimos siglos y que ha adquirido hegemonía mundial bajo el nombre de sistema de producción capitalista con su versión política, el neoliberalismo y la cultura del capital. La obsesión de este sistema (en China lo llaman, erróneamente, «socialismo al modo chino», pero en realidad se trata de un capitalismo feroz y dictatorial de Estado). La andanada antichina continuó: «este es el verdadero contexto de la Covid-19: el sistema de producción capitalista mundial y chino, del que pocos hablan».

Verdades chinas.
El socialismo chino no puede ser catalogado de «capitalismo feroz y dictatorial de Estado». Es un sistema que pone el centro en las condiciones de vida de sus 1.400 millones de habitantes y la colaboración con el mundo. China sacó de la pobreza a 850 millones de personas en los últimos 40 años, según el Banco Mundial. Y pese a la pandemia se acerca a la meta de erradicarla en 2020, según la Cepal. ¡La pobreza cero será una realidad china a fin de año!
En contraste la ONU estimaba en julio que la pandemia aportará 45 millones de nuevos desempleados en América Latina y el Caribe. En Argentina la pobreza roza el 50 por ciento.
En los años ’80 la meta china de aumentar su producción tuvo impacto negativo en su medio ambiente. Detrás de EEUU fue uno de los responsables de emitir gases de efecto invernadero y el calentamiento global.
Pero luego la dirigencia china fue adoptando medidas de remediación y cuidado ambiental. Respetó el Protocolo de Kyoto de 1997 y los Acuerdos del Cambio Climático de París (diciembre de 2015). En cambio, Trump renunció y denunció esos Acuerdos.
El cuidado de China del medio ambiente desde 2011 es impresionante. Respeta leyes nacionales y tratados internacionales. Creó ministerios y aumentó inversiones del Estado para cuidar el medio ambiente. Cerró empresas contaminantes, creó parques ecológicos y cambió matrices energéticas.
Adolfo González Díaz Infante, mexicano, en «Ecología de China (devastación y soluciones)», publicada en Pulso, 30/9/2019, informaba: «China cuenta con 16 programas de inversión para la sostenibilidad creados entre 1978 y 2015, cuyos principales focos se encuentran en reducir la erosión, sedimentación e inundaciones de los ríos Yangtsé y Amarillo; conservar bosques en el noreste; mitigar la desertificación y las tormentas de polvo en el norte seco y el sur rocoso; e incrementar la productividad agrícola en el centro y este de China».
Agregaba: «se invirtieron $351.600 millones de dólares entre 1998 y 2015 en un área combinada de 623.9 millones de hectáreas (65% del área de tierra de China)». Todo eso produjo desde 1998: «Disminución general de la erosión del suelo del 12.9% entre 2000 y 2010, así como la mejora en mitigación de inundaciones y retención de agua de un 12.7% y un 3.6% respectivamente. Cerca del 15.1% del territorio se encontraba en reservas naturales. La cobertura vegetal casi se duplicó en la meseta de Loess entre 1999 y 2013. El programa de pastizales en Xinjiang, en el árido noroeste, aumentó la cobertura forestal en un 68% entre 2000 y 2009».
El ministerio chino de Ecología y Medio ambiente informó en mayo del año pasado que «cerca de 338 ciudades disfrutaron de buena calidad del aire en 79,3 por ciento de los días de 2018».
Los chinos saben que les falta mucho por hacer. Pero la muy mala nota que les puso Boff fue muy injusta. Si los hubiera aplazado Trump-Pompeo ellos podrían entenderlo.