China cada vez más cerca del comercio y pueblos latinoamericanos

Estados Unidos siempre consideró a América Latina como su “patio trasero”. Hoy ve con preocupación que muchos de los gobiernos de la región tienen posiciones soberanas. Y que, además, comercian mucho con China.
EMILIO MARÍN
Además de muchos otros hilos conductores entre la oligarquía venezolana y la embajada gringa en Caracas, ahora sólo con encargado de negocios, uno de los más patentes es su odio al presidente Hugo Chávez.
Tal enemistad tiene muchos motivos políticos. Uno, que hace a la política internacional, es la estrecha relación que el mandatario bolivariano ha establecido con Beijing. Eso quita el sueño a la partidocracia de MUD en la Caracas burguesa y también a la Washington imperial.
Esa preocupación de la derecha continental es porque Chávez ha viajado hasta el momento seis veces a la capital china. Y el comercio bilateral alcanza los 10.000 millones de dólares, que van en aumento.
De Caracas salen todos los días 400.000 barriles de petróleo y está previsto aumentarlos a un millón, de los algo más de 3 millones que extrae cada jornada Petróleos de Venezuela SA (Pdvsa).
El acuerdo según el cual China presta dinero y Venezuela paga con crudo, no agota la relación. En agosto pasado la ministra de Comercio venezolana, Edemée Betancourt, detalló que ambos gobiernos tienen en ejecución 137 proyectos de cooperación. Los mismos giran en torno a planes en infraestructura, transporte y vialidad, incluyendo un programa de construcción de 7.000 viviendas que están muy avanzadas.
La financiación de esos proyectos proviene del Fondo de Financiamiento Conjunto, donde el socio asiático aportó 4.000 millones de dólares y el sudamericano 2.000 millones.
También es feliz el vínculo comercial de los hombres de ojos rasgados con Cuba, facilitado por la afinidad ideológica socialista. En junio pasado estuvo en La Habana el vicepresidente del país asiático, Xi Jinping y fue recibido por Raúl Castro. Ambos firmaron 13 acuerdos de cooperación en las telecomunicaciones, el transporte, la biotecnología y la energía.
Posteriormente, el mismo Xi Jinping, miembro del Buró Político del PCCH, recibió en el Palacio del Pueblo de Beijng a José Ramón Balaguer, miembro del Secretariado del Comité Central del PC de Cuba. Los tópicos políticos dominaron la agenda, pues el cable de Prensa Latina informó que “ambas partes se actualizaron sobre los respectivos procesos de construcción del Socialismo, entre otros temas”.
Comercio de mutuo beneficio, inversiones, intercambio cultural y buena onda política caracterizan la relación de China con esos dos países (Cuba y Venezuela), pero también con otros de la región. Incluso con los que políticamente no son tan afines, como los de Chile, Colombia y Perú antes de Ollanta Humala.

Se decuplicó el comercio.
En relación a los países latinoamericanos y caribeños, el presidente chino Hu Jintao precisó en 2008, cuando visitó a varios, que el comercio de su país se había decuplicado, pasando de 10.000 millones a 100.000 millones de dólares.
Sin embargo ese comercio siguió creciendo y en diez años, hasta 2010, había trepado a 140.000 millones.
Esto hizo sangrar por la herida a los comunicadores más en onda con las autoridades norteamericanas. Caso de Andrés Oppenheimer, que desde Miami reconocía la buena relación entre China y Latinoamérica, pero aseguraba: “sin embargo, hay señales de que este romance se enfriará en los próximos años”. Desde la fecha de publicación de ese artículo (“La Nación”, 13 de abril de 2010) han pasado 17 meses y el intercambio siguió escalando. Debe ser un nuevo caso de pifia monumental de Oppenheimer, similar al fiasco de su “Hora final de Castro”, que ya fue le fue enrostrado en otras columnas.
El último argumento que le resta al periodista argentino-norteamericano (léase al revés) es citar a autoridades de la Cepal para decir que la región se está conectando con China, motor del siglo XXI, con exportaciones del siglo XIX, por lo que es necesario diversificar las exportaciones y agregarles valor.
Esto último es correcto. Tiene razón la entidad creada por Raúl Prebisch, pero obviamente esa diversificación de industrias y servicios no es una materia pendiente de China sino de los gobiernos latinoamericanos. Deben aprovechar esta coyuntura e invertir para no depender sólo de la venta de petróleo, soja, níquel, hierro y productos primarios.
Muy posiblemente cuando algunos países tomen rumbo en esa dirección, como en parte lo hace Argentina, aparecerán Oppenheimer y otros afines al Departamento de Estado criticando la calidad, el precio y los reintegros pagados por el Estado para fomentar esas ventas externas. Estos comunicadores son como la Gata Flora…
China sigue adelante con sus convenios con otros países latinoamericanos. Con Argentina firmó el año pasado un convenio por 10.000 millones de dólares para inversión ferroviaria, parte de la cual iría al ramal Belgrano Cargas. Recientemente estuvo en Beijing el canciller Héctor Timerman junto a otros funcionarios y empresarios argentinos, por lo que seguramente se profundizarán esos compromisos.
Buenos Aires tendrá que ponerse las pilas para exportar más al país socialista, porque en 2010 la balanza comercial arrojó un déficit de 1.500 millones de dólares. A los enemigos de la relación con China, que puedan argüir ese “rojo” para denostarla, habrá que recordarles que las diez terminales automotrices radicadas en el país, todas de capital extranjero, son responsables de un déficit comercial de casi 6.000 millones de dólares. Y que se sepa, de ese bando no surgió ninguna voz diciendo “cierren Ford o Renault”.

No importa el tamaño.
Por razones obvias de tamaño, mercado y ventas, el comercio chino tiene apuntados sus cañones a Brasil, gigante del Mercosur y miembro del BRIC (grupo mundial integrado por ese país más Rusia, India y China). Más de la mitad de las inversiones chinas se orientan allí, según se supo durante la realización de un foro de inversores China-América Latina, el año pasado.
Tácticamente esa tendencia se reforzará porque Brasil será escenario del Campeonato Mundial de Fútbol en 2014 y de los Juegos Olímpicos dos años más tarde. Habrá necesidad de construir estadios, infraestructura, etcétera, por montos que tienen un piso de 60.000 millones de dólares y un techo del doble de esa cifra. Beijing quiere participar en por lo menos una parte de esa oportunidad de negocios.
Pero los chinos también firman acuerdos con Uruguay, desde cuando estaba Tabaré Vázquez hasta hoy con José Mujica. También con países pequeños como Bolivia. En este último caso, tras negociarse entre 2009 y 2010, se firmó un acuerdo definitivo para que China construya para Bolivia un satélite de comunicaciones que será bautizado como Tupac Katari, de tercera generación. Se estima que será puesto en órbita en 2013 y su función principal será mejorar las telecomunicaciones y la conexión de Internet en muchas zonas del país que carecen de aquéllas o que las tienen en pequeña medida.
Para Evo Morales ese objetivo es prioritario, para cumplir con un artículo de la nueva Constitución que asegura el derecho de todo boliviano a las comunicaciones. El Tupac Katari tendrá un costo total de 300 millones de dólares y permitirá el fogueo y la capacitación de personal técnico de la Agencia Boliviana Espacial.
Los bolivianos están chochos con ese proyecto cada vez más cercano. El gobierno también, entre otras cosas porque ahorrará el 40 por ciento de los gastos actuales de telecomunicaciones satelitales. Las que están amargadas con las empresas que venden hoy esos servicios: Intelsat, Eurotv, Hispasat, Argsat, Satmex y Sesnewskys.
Otro proyecto chino-boliviano es un tren eléctrico para carga y pasajeros que una Santa Cruz con el Océano Pacífico. Eso vendrá después del Tupac K.
Que las relaciones entre el país del Altiplano y el de la Gran Muralla van viento en popa lo confirmó el viaje de Morales a China en agosto pasado y la llegada esta semana a Santa Cruz del viceprimer ministro chino, Hui Liangyu, quien se verá con el aymará.
Los beneficios del comercio e inversiones chinas también se aprecian en Ecuador. Los asiáticos prestaron el año pasado 1.700 millones de dólares para financiar el proyecto hidroeléctrico de Coca Codo Sinclair y en julio de este año prestaron otros 571 millones para otra hidroeléctrica, Sopladora. Los términos de esos créditos son favorables a Rafael Correa, pues tienen una tasa de interés del 6,35 por ciento a 15 años, con cuatro de gracia.
Lo dicho: no hay más “patio trasero” sino un continente con más soberanía y varios socios nuevos, entre ellos China, que respetan ese criterio básico y proponen acuerdos de mutuo beneficio.