Choque de civilizaciones que elude y ahonda el problema

DOMINICALES

Desde que se dio por terminada la guerra fría (con la caída del muro de Berlín) los pensadores, digo los que se dedican a pensar el acontecer para ver de anticipar el curso posible de los sucesos, tarea que realizan con resultados muy diversos y hasta contradictorios, han hablado de dos alternativas principales: un “choque de civilizaciones” , que estiman inevitable si no necesario, o una globalización que derribe otros muros (las fronteras nacionales) para que la palabra humanidad se muestre en su realidad no condicionada por miradas prejuiciosas. Se trata, pues, de entender que no es ya el tiempo de hablar solamente de la comunidad nacional, sino de toda la especie humana distribuida en el planeta y todavía condicionada por preconceptos tribales o nacionales.
Durante toda la pasada semana, desde las columnas a mi cargo he procurado dar cuenta de mi esfuerzo por entender más allá de lo que a priori he tenido por cierto. O sea que empiezo por revisar la formulación de mis creencias, para no caer en contradicciones. En realidad, desde el caso de los 43 normalistas de México hasta el sangriento episodio de París contra los que dirigen y dibujan una revista satírica, he estado buscando una idea integradora, por percibir que debería ser posible imaginar un camino diferente para remontar la maraña de ideas, creencias y propuestas que nos vienen solicitando sin lograr otra cosa que empantanarnos más profundamente. En el curso de este empeño, cuyo comienzo se remonta a nuestra experiencia con la dictadura, en estos días he estado anotando lo que consideré como parte de lo más lúcido que vienen escribiendo otros en nuestro país y en el mundo. Por cierto, que solamente conozco una parte mínima de lo que se piensa y se publica. Si el lector no se incomoda, le propongo compartir ahora algunos de estos apuntes.

“Choque”
El periodista argentino Martín Granovsky cita Olivier Robineau, francés, sociólogo de las religiones, cuando dice que “el problema no es el choque de civilizaciones sino el choque de ignorancias”. Y se explaya: “En todos los ámbitos hay que ayudar a que la violencia simbólica tenga su catarsis y su racionalidad, para que no se convierta en violencia física”.
Granovsky también cita a Laila Lalami, quien publica en The Nation, semanario progresista de Estados Unidos: “Debemos aceptar que no podemos andar por la vida sin ser ofendidos, que el derecho de ofender es parte fundamental del derecho a la libertad de expresión. También aceptar que debemos asumir responsabilidades hacia los demás. Debemos hablar con el racismo, el sexismo y la intolerancia en todas sus formas. Usemos la razón, pero también nuestros corazones”.
Eduardo Febbro, luego de la marcha del domingo 11 en París, cuenta: “No faltó nadie. Ni los que eran adeptos del semanario Charlie Hebdo ni quienes lo detestaban”.
Un sobreviviente de Charlie, en la misma marcha dijo: “Creo que es el primer día de algo…algo todavía no formulado… es una masa sin cuerpo”.
Y la argentina Inés Ichaso, que trabaja como bibliotecaria en París: “Esta mañana llovía y tomé el metro (usa habitualmente bicicleta). Vi a la gente triste. Cansada de estar triste, de tener miedo, desgarro… (al personal de la biblioteca) harto de tener que controlar a toda persona que entra en una biblioteca pública… Creo que algo se quebró y que quedamos un poco al desnudo con nuestros prejuicios, nuestras enormes ignorancias, nuestros conocimientos aceptados y no tanto. Desnudos frente al otro, que también está triste, también está harto”.

Comunidad
Etienne Baliban, filósofo (universidad de París X, emérito). Menciona la palabra comunidad y reflexiona: “La necesitamos para el duelo, la solidaridad, la protección, la reflexión. (La comunidad) “no se detiene en las fronteras, pues la guerra civil mundial en curso debe hacerse en común, a escala internacional…Comunidad no se confunde con “unión nacional”. Este concepto jamás sirvió para otra cosa que para fines inconfesables: hacer callar las cuestiones molestas y hacer creer en la inevitabilidad de las medidas de excepción… Los “nosotros” incluyen a muchos musulmanes. Si nos acostumbramos al discurso del aislamiento, que los tiene como blancos a ellos, su religión y sus culturas, las chances se volverán nulas”.
Eduardo Febbro (periodista argentino, con años en París) transcribe: “El miedo se agravará entre los franceses de origen cristiano, entre los de origen árabe, entre los de origen judío. Los unos se sienten amenazados por los otros en un proceso de descomposición que está en curso”.
Lo cita Febbro, lo escribe el sociólogo Edgard Morin en el diario francés Le Monde.
Jotavé